Misoginia en el Capitolio: muchos hombres que odian a las mujeres entre los insurrectos

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Mona Lena Krook, profesora de Ciencias Políticas y presidenta del programa de doctorado Mujeres y Política, Universidad Rutgers

La presidenta de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Nancy Pelosi, comparece en su rueda de prensa semanal el 7 de enero. Era un objetivo concreto de algunos de los insurrectos del Capitolio (BRENDAN SMIALOWSKI / AFP a través de Getty Images).
La presidenta de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Nancy Pelosi, comparece en su rueda de prensa semanal el 7 de enero. Era un objetivo concreto de algunos de los insurrectos del Capitolio (BRENDAN SMIALOWSKI / AFP a través de Getty Images).

Entre las distintas formas de violencias exhibidas durante la insurrección en el Capitolio de Estados Unidos, hay una que se ha pasado por alto en gran medida: la misoginia u odio hacia las mujeres. Lo que sí fue llamativo y persistente durante los altercados fueron los comportamientos y símbolos del poder masculino blanco.

Los integrantes de la multitud mayoritariamente masculina que defendía a un presidente conocido por sus ataques sexistas, exhibieron sus ideologías masculinas supremacistas, portando equipamiento militar y con el pecho al descubierto en una muestra de bravuconería masculina. Incluso destrozaron muebles que contenían libros históricos sobre mujeres en política.

La ilustración más clara son los actos dirigidos a la presidenta Nancy Pelosi. Algunos hostigadores irrumpieron en su despacho y lo vandalizaron. Elementos como su correo, carteles e incluso su atril se convirtieron en trofeos especialmente populares, por simbolizar un ataque contra los demócratas y a la presidenta de la Cámara, pero también contra la mujer más poderosa de la política estadounidense.

Richard Barnett sentado en un escritorio con un sobre con el nombre de Nancy Pelosi mientras saca la lengua.
Richard Barnett sentado en un escritorio con un sobre con el nombre de Nancy Pelosi mientras saca la lengua.

‘Nancy, Bigo estuvo aquí, perra’

Si bien las diferencias en política partidista a menudo dan lugar a violencia política, la misoginia puede desempeñar un papel habitualmente subestimado, especialmente cuando se dirige a mujeres que ocupan importantes posiciones de liderazgo. La misoginia castiga a las mujeres que no cumplen los estándares del patriarcado como, por ejemplo, aquellas que se atreven a participar en el mundo supuestamente masculino de la política.

En mi nuevo libro, Violence against Women in Politics (Violencia contra las mujeres en política, en español), analizo este problema en todo el mundo. Además de los daños físicos, dicha violencia puede incluir amenazas, daños a la propiedad y una retórica e imaginería sexista destinada a intimidar a las mujeres y deslegitimar así su participación política.

Los ataques a Pelosi, aunque son de naturaleza partidista, también contienen muchos elementos de misoginia.

Pelosi estuvo en peligro físico real cuando los alborotadores favorables a Trump deambulaban por el edificio del Capitolio a la caza de cargos electos. Las cámaras de los medios grabaron a un hombre con esposas de cierre de cremallera entrando y luego saliendo del despacho de la presidenta, donde miembros de su personal permanecieron atrincherados en una habitación durante más de dos horas.

Los actos de vandalismo y robo estuvieron acompañados de un discurso que despreciaba y menospreciaba a Pelosi como mujer. En el pasillo fuera de su conjunto de despachos, unos alborotadores enfadados arrancaron la placa de presidenta de la Cámara de la pared mientras la multitud gritaba: “¡Sáquenla!”.

Manifestantes pro-Trump atestan el edificio del Capitolio de Estados Unidos, muchos de ellos portando equipamiento militar.
Manifestantes pro-Trump atestan el edificio del Capitolio de Estados Unidos, muchos de ellos portando equipamiento militar.

En un vídeo, una mujer afirma que ayudó a tirar abajo la puerta del despacho de Pelosi. Una vez adentro, “alguien le robó el mazo y yo me hice una foto sentada en la silla mandando callar a la cámara”. Orgullosamente, dijo: “Y eso era para Fox News”, un canal conocido no solo por su orientación de extrema derecha, sino también por su sexismo delante y fuera de las cámaras.

Una foto de Richard “Bigo” Barnett, sentado con los pies en alto sobre un escritorio del despacho de Pelosi, suscitó la que quizás sea la reacción más fuerte. Una escritora feminista preguntó: “¿Alguna vez habéis visto una foto más clara que esta sobre los arrogantes derechos masculinos? Piernas abiertas, pie sobre el escritorio, la sonrisa… este chico no solo está feliz por haber irrumpido en el edificio del Capitolio. Siente como que está poniendo a una mujer en su lugar al violar y ensuciar su espacio”.

En línea con esta interpretación, más tarde Barnett le explicó a un periodista: “Le escribí una nota desagradable, puse los pies sobre su escritorio y me rasqué las pelotas”. El mensaje decía: “Nancy, Bigo estuvo aquí, perra”.

Otro papel que quedó sobre el escritorio replicaba este mensaje, con la advertencia en tinta roja de: “NO DAREMOS MARCHA ATRÁS”.

Violenta restauración de un mundo retrogrado

Los insultos de género vuelven a aparecer de forma similar en uno de los primeros casos abiertos por el FBI a raíz de los disturbios.

Cleveland Meredith fue acusado de posesión de armas de fuego sin licencia y de posesión ilegal de munición. Los agentes del FBI también descubrieron mensajes de texto misóginos en su teléfono móvil en los que se amenazaba violentamente a Pelosi, con mensajes como “Estoy pensando en ir al discurso de esa zorra de Pelosi y ponerle una bala en la cabeza en vivo en televisión”, “Voy a acabar con esa puta Pelosi” y “Perra muerta viviente”.

La misoginia en los ataques al Capitolio indica que los asaltantes, tanto hombres como mujeres, no perpetraron simplemente un asalto a las instituciones democráticas. También buscaban restaurar violentamente un mundo retrogrado en el que los hombres, especialmente los hombres blancos, tienen todo el poder.

Este artículo fue publicado en inglés originalmente en The Conversation, un sitio de noticias sin fines de lucro dedicado a compartir ideas de expertos académicos.

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