Mike Pence: lo que sabemos que pasó el 6 de enero

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Mike Pence no testificará en la audiencia del comité del 6 de enero de este jueves. Pero estará en el centro de atención cuando se enfoquen en los intentos desesperados y fútiles del expresidente Donald Trump de persuadir a su vicepresidente de anular los resultados de las elecciones presidenciales del 2020 y lograr un segundo mandato.

“Como escucharán, el presidente Trump realizó un esfuerzo incesante para presionar a Pence tanto en privado como en público”, dijo la semana pasada la representante Liz Cheney, la principal republicana en el comité. “El vicepresidente Pence demostró su lealtad a Donald Trump de manera constante durante cuatro años, pero sabía que tenía un deber más importante con la Constitución de los Estados Unidos”.

Esto es lo que sabemos sobre las acciones de Pence antes y durante ese día:

Bajo presión

Mientras los frenéticos esfuerzos de Trump para evitar la derrota fueron anulados por los tribunales y los funcionarios estatales, él y sus aliados se concentraron en el 6 de enero, el día en que se realizaría una sesión conjunta del Congreso para formalizar la victoria del presidente electo Joe Biden, como su última oportunidad para permanecer en el poder.

La presión sobre la campaña se intensificó en los días previos al 6 cuando Trump, el abogado John Eastman y otros en la órbita de Trump trataron de convencer a Pence de que tenía el poder de anular la voluntad de los votantes en un puñado de estados clave simplemente rechazando los votos del Colegio Electoral o enviando los resultados de vuelta a los estados, a pesar de que la Constitución deja en claro que el papel del vicepresidente en los procedimientos es en gran parte ceremonial.

Pence pasó horas reuniéndose con el personal, incluido su abogado general, Greg Jacob. Estudió la Ley de Conteo Electoral de 1887, que rige los procedimientos, y se reunió con el parlamentario del Senado para comprender su función. También recibió asesoramiento externo, incluso del exvicepresidente Dan Quayle.

Algunos asesores apelaron a Trump para que no pusiera la inquebrantable lealtad de su vicepresidente en una posición tan precaria. Pence ya era visto en gran parte como un posible futuro candidato presidencial y una fisura pública con Trump se consideraba un posible fin de su carrera. Pero Trump siguió presionando, tanto públicamente como detrás de escena.

El lunes 4 de enero, Eastman y Trump presionaron a Pence para que aceptara el plan en una reunión en la Oficina Oval. Y en un mitin realizado esa noche en Georgia, Trump comentó que su destino estaba en manos de su vicepresidente. “Espero que Mike Pence nos ayude”, comentó a la multitud.

Trump continuó insistiendo en una reunión de la Oficina Oval al día siguiente, donde nuevamente instó a Pence a usar los poderes que el vicepresidente no poseía para anular la voluntad de los votantes. Pence para entonces dejó en claro que no estaba convencido.

Ese día, Jacob envió un memorando en el que ponía por escrito su conclusión de que si Pence seguía la propuesta de Eastman, probablemente perdería en la corte, en el mejor de los casos, o provocaría una crisis constitucional, informó Politico por primera vez. Las tensiones eran tan altas que el jefe de gabinete de Pence, Marc Short, llamó ese día al principal agente del Servicio Secreto de Pence, según reportó primero The New York Times, informándole que la negativa del vicepresidente a seguir el plan de Trump estaba a punto de hacerse pública.

“Cuelguen a Mike Pence”

La presión continuó durante la noche. “Si el vicepresidente @Mike_Pence nos apoya, ganaremos la presidencia”, tuiteó Trump alrededor de la 1 am.

“Todo lo que Mike Pence tiene que hacer es enviarlos de regreso a los estados, Y GANAMOS”, escribió más tarde esa mañana. "¡Hazlo Mike, este es un momento para la valentía extrema!”.

Pence estaba en su residencia en el Observatorio Naval la mañana del 6 de enero cuando habló por última vez con Trump, quien estaba en la Oficina Oval con Ivanka y el asesor de seguridad nacional de Pence, Keith Kellogg. Durante la llamada a las 11 en punto, Trump reprendió a Pence y le llamó la atención por no ser lo suficientemente duro como para aceptar el plan, según el testimonio de Kellogg ante el comité.

Pence luego se dirigió al Capitolio para supervisar el conteo de los votos del Colegio Electoral que formalizarían la derrota de Trump.

Pero primero Pence oficializó lo que sus ayudantes ya habían dejado claro. En una carta dirigida a sus colegas en el Congreso, Pence explicó por qué no podía aceptar el plan de Trump.

“Es mi juicio ponderado que mi juramento de apoyar y defender la Constitución me impide reclamar autoridad unilateral para determinar qué votos electorales deben contarse y cuáles no”, escribió.

A la 1:03 pm., inauguró oficialmente la sesión del Senado de los EE.UU., mientras los seguidores de Trump, que ya habían atravesado las barricadas del Capitolio, se enfrentaban afuera con la policía.

Para entonces, Trump ya estaba cerca de concluir su discurso en la Elipse, en el que atacó repetidamente a Pence e instó a sus partidarios a “luchar con todo”.

“Si Mike Pence hace lo correcto, ganamos las elecciones”, aseguró falsamente Trump al público. “Todo lo que el vicepresidente Pence tiene que hacer es enviar de regreso a los estados para recertificarlos y nos convertimos en presidente y ustedes son las personas más felices”.

A las afueras del Capitolio, la escena se convirtió en un caos violento, mientras los alborotadores, armados con tubos, bates y spray para osos, atacaban el Capitolio, superando rápidamente a la policía. Un agente fue golpeado y electrocutado repetidamente con una pistola paralizante hasta que tuvo un ataque cardíaco. Otro echaba espuma por la boca y gritaba pidiendo ayuda mientras los alborotadores lo aplastaban entre dos puertas y lo golpeaban en la cabeza con su propia arma. A la 1:49 pm, la policía de DC declaró oficialmente un motín.

Alrededor de las 2:12 pm., Pence fue sacado rápidamente del Senado, mientras los alborotadores irrumpían en él. The Washington Post fue el primero en informar que Pence, que estaba acompañado aquel día por su esposa y su hija, estaba a poco menos de 100 pies (30,48 metros) de un grupo de manifestantes.

Escondido

Pence pasó las siguientes horas escondido con su personal y su familia, primero en su oficina ceremonial y luego en un muelle de carga subterráneo dentro del complejo del Capitolio. Al menos dos veces rechazó las súplicas del personal de seguridad para que abandonara el edificio, insistiendo en que era crucial que permaneciera en el lugar.

Pero incluso mientras se transmitían las horribles imágenes por televisión, Trump, en lugar de pedir a sus seguidores que se fueran a casa, se lanzó contra Pence.

“Mike Pence no tuvo el coraje para hacer lo que se debería haber hecho para proteger a nuestro país y nuestra Constitución, dando a los Estados una oportunidad de certificar un conjunto de hechos corregidos, no los fraudulentos o inexactos que se les pidió que certificaran previamente”, tuiteó Trump a las 2:24 pm. “¡Estados Unidos exige la verdad!”.

El tuit de Trump resonó entre la turba enfurecida. Las imágenes obtenidas por el comité muestran a los manifestantes leyendo en voz alta las palabras de Trump y rompiendo a cantar “¡Cuelguen a Mike Pence!” Afuera, una horca improvisada fue fotografiada.

El comité alega que Trump se enteró de los cánticos y “respondió con este pensamiento: ‘Quizá nuestros seguidores tienen la idea correcta’. Mike Pence ‘se lo merece’”, acusó Cheney.

“Volvamos al trabajo”

A las 8 pm., después de horas de miedo y carnicería, el Capitolio finalmente se consideró seguro y Pence volvió a convocar al Senado con un mensaje.

“Hoy fue un día oscuro en la historia del Capitolio de los Estados Unidos. Pero gracias a los rápidos esfuerzos de la Policía del Capitolio de EE.UU. y las fuerzas del orden público federales, estatales y locales, la violencia fue sofocada. El Capitolio está asegurado. Y el trabajo del pueblo continúa”, anunció a la nación. “Volvamos al trabajo”, concluyó entre aplausos.

Justo después de las 3:40 am., Pence declaró oficialmente la derrota electoral de Trump, así como la suya propia.

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