Los Miami Marlins y su problema de identidad. ¿Quiénes son y a qué juegan?

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Identidad. Quizá sin desearlo, Don Mattingly describió con una palabra el gran problema de los Marlins: ¿quiénes son y a qué juegan? para responder a una pregunta de los periodistas que habitualmente se reúnen con el manager de Miami antes del comienzo de los partidos.

La pregunta, claro está giraba en torno a esos Rays que han establecido la terca costumbre de asistir a los playoffs temporada tras temporada sin mirar pronósticos y reconstrucciones ajena, dentro de una división en la cual no deberían tener mucho chance al lado de los Yankees y los Medias Rojas.

“Ellos son duros’’, explicó el miércoles Mattingly. “Tienen un estilo de pelota con lo que hacen con su bullpen, de arriba a abajo con envíos de mucho movimiento. Juegan defensa, corren mucho. Creo que han construido una identidad propia. Obviamente, está funcionando. Juegan en una división difícil y siempre se mantienen. Son un problema’’.

Básicamente, cómo explicar esa identidad creada en Tampa Bay y por qué funciona, a pesar de que en cada contienda suelen perder alguna figura importante, ya sea por temas de presupuesto o por diseño inteligente, y se mantienen en esa pelea constante donde ya se da por descontado que, de alguna manera, van a decir presentes en octubre.

Así como existe una forma a lo “Bravo’’ y muchos elogian la manera de funcionar en la organización de Atlanta en el Viejo Circuito como si fuera un mecanismo de relojería suizo, también se puede observar una forma de funcionar a lo “Ray’’ en la Liga Americana, aunque tengan problemas parecidos de finanzas y asistencias con los Marlins.

“La confianza’’, comenta Yandy Díaz, tercera base del club. “Ellos te dan mucha confianza. No importa que te vaya mal, ellos siguen apoyándote y te ayudan a sacar la mejor versión del pelotero que llevas por dentro, sabiendo que algún día lo vas a liberar. No sabes cuánto eso te ayuda para desplegar tu juego’’.

A diferencia de los Yankees o de los Dodgers que contienen en su nómina a cuatro ganadores del premio de Jugador Más Valioso, los Rays no tienen verdaderas estrellas que se echen al equipo al hombre, pero siempre agradecen la emergencia de alguien como Randy Arozarena, quien llegó como un desconocido y se ha convertido en una figura que deja su huella en la postemporada.

Los Rays no batean mucho más que los Marlins, roban menos bases que los Marlins, no poseen una estrella del montículo como los Marlins que tienen a Sandy Alcántara, ni un tándem de receptores como el ganador del Guante de Oro Jacob Stallings y Nick Fortes, pero la diferencia en la tabla de posiciones y en las expectativas son abismales.

De los Rays se espera algo importante siempre. De los Marlins se advierte el completamiento insípido de los calendarios, salvo en aquella temporada del 2020 que cada vez más va pareciendo una anomalía por su brevedad y el impacto del coronavirus, pero para ser justos no les restemos ese mérito.

Al final, todo se reduce a esto: identidad. Los peces aún no saben, no han descubierto quiénes son y a qué juegan. Cuando Derek Jeter llegó a Miami precedido de su aureola de ganador eterno, propuso su hoy olvidado Plan Wolverine que prometía oleadas y oleadas de jóvenes talentos para competir hoy, mañana y siempre.

Durante un tiempo, la granja de Miami recibió elogios y se acercó al tope de las mejores en las Grandes Ligas generando ilusiones de futuro. ¿Dónde está el efecto multiplicador del sistema de Menores? ¿Hay alguna estrella que no sepamos, un diamante escondido, como sí advertíamos en Miguel Cabrera, Christian Yelich o en aquel entonces Mike Stanton, por poner algunos ejemplos en distintos períodos?

Jeter, al menos, tenía un plan. Sospecho que con su partida será desechado o desmembrado en buenas porciones para implementar algo nuevo, donde la gerente general Kim Ng, ahora con pleno mando en plaza, deberá demostrar sus dotes de constructora de rosters.

Pero mientras eso sucede, seguimos contemplando uno de los finales más desabridos de esta franquicia desde su creación. Como bien apuntara Mattingly, no se trata de pereza ni falta de ética de trabajo. Estos Marlins trabajan duro y quieren ganar. Sencillamente, no tienen identidad alguna y así es muy difícil imitar el éxito de los Rays