Mexicanas con VIH recobran su autoestima y sexualidad a través de fotos

La fotografía erótica de Rocío Ramírez es mucho más que un claroscuro de su mexicana feminidad, es sobre todo un manifiesto de que las portadoras del VIH-SIDA tienen derecho a la belleza y sexualidad, pese a las secuelas del virus y efectos colaterales del tratamiento antirretroviral.

El cuerpo de Ramírez aparece apenas cubierto por un colorido manto en el retrato que se realizó "para reducir la discriminación contra las mujeres que viven con VIH" durante el taller "Del erotismo y un poco más", organizado este mes en Ciudad de México por la ONG Salud Integral para la Mujer (SIPAM).

La decena de mujeres que participaron del taller, todas activistas y portadoras del VIH, expondrán sus fotografías en una sala de la Comisión Nacional de Derechos Humanos para mostrar que la enfermedad no les arrebató su sensualidad.

De ojos grandes y cabello ébano, Ramírez toma desde 1997 un tratamiento antirretroviral que, aunque combate el VIH, provoca en algunas personas lipodistrofia, una enfermedad que hace que la grasa del cuerpo se distribuya de forma anormal.

La grasa de muchas mujeres que toman antirretrovirales se traslada de los muslos y brazos al abdomen y cuello, e incluso algunas desarrollan una pequeña joroba.

El taller "Del erotismo y un poco más", en el que estilistas y peinadores participaron voluntariamente para la sesión fotográfica, buscó levantar la autoestima de estas mujeres cuyas historias "tienen siempre un toque de tragedia", explicó Alejandrina García, coordinadora del programa "Mujeres y VIH" del SIPAM.

El perfil predominante de la mujer con VIH en México es "casada, ama de casa y monógama". La inmensa mayoría fue infectada por su esposo, y no se entera de que es portadora del virus hasta que su pareja o hijos se enferman o mueren de sida, o tras realizarse estudios de laboratorio cuando están embarazadas, añadió.

A finales de 2011, habían en México cerca de 147.137 personas viviendo con VIH, y se espera que para cuando 2012 termine se sumen 9.600 nuevas infecciones, tres casos en hombres por cada caso en mujer, según el Centro Nacional para la Prevención y Control de VIH/SIDA.

Además, 32% de los casos de sida en hombres, cuya categoría de transmisión se conoce, refieren un contagio por relaciones sexuales homosexuales, mientras que 87% de las mujeres se contagia por relaciones heterosexuales.

David Alvarado, psicólogo y presidente de la Fundación Mexicana contra el Sida, explicó que las mujeres son vulnerables a ser contagiadas porque "no siempre tienen la posibilida de negociar el uso de condón con pareja estable".

Roselia Vargas, ahora abuela de 57 años y quien también participó del taller, se enteró de que portaba el VIH en 1998, cuando su esposo cayó gravemente enfermo y se hicieron estudios clínicos. "Yo no tenía información, sabía que era algo mortal y por la radio hasta había escuchado que se contagiaba por el piquete de un zancudo", dijo.

Pese a la evidente infidelidad de su esposo, Vargas cuidó y acompañó hasta la muerte a quien dice fue "el amor de (su) vida", a pesar de que en algunos momentos ella estaba más enferma que él.

"Había seguido con él porque lo quise mucho y no quería que muriera solo, por él y por mis hijas", dijo esta distinguida mujer, quien posó para las cámaras con un traje blanco.

García explicó que este comportamiento es predominante entre las mujeres mexicanas con VIH debido a los roles estereotipados de género, que asignan al sexo femenino el cuidado de los otros, incluso si eso atenta contra ellas mismas.

El taller "Del erotismo y un poco más" promovió además el sexo protegido, no sólo a través del condón, sino de "dedales", una especie de guante quirúrgico para un sólo dedo, y "diques", una superficie de poliuretano que transmite el calor y las sensaciones, que funge de barrera entre los genitales de una mujer y la boca de otra persona.

Poco a poco, las mujeres con VIH en México están aceptando que su condición no les impide tener una vida sexual e incluso ser madres, como el caso de una participante del taller que prefirió permanecer en el anonimato.

Esta mujer de 33 años continuó su matrimonio luego de enterarse que su esposo la contagió -a ella y a su hijo mayor- con el virus, e incluso tuvo otro bebé.

"Un día se nos rompió el condón y yo ya sabía que quedaría embarazada... Creo que es algo que mi marido quería", confiesa. "Tuve un rechazo inicial porque no quería encariñarme con alguien que podría perder", añadió, aunque ese miedo está superado, pues gracias al tratamiento entirretroviral, su hija, ahora de 7 años, está perfectamente sana.

La fotografía erótica de Rocío Ramírez es mucho más que un claroscuro de su mexicana feminidad, es sobre todo un manifiesto de que las portadoras del VIH-SIDA tienen derecho a la belleza y sexualidad, pese a las secuelas del virus y efectos colaterales del tratamiento antirretroviral.

De ojos grandes y cabello ébano, Ramírez toma desde 1997 un tratamiento antirretroviral que, aunque combate el VIH, provoca en algunas personas lipodistrofia, una enfermedad que hace que la grasa del cuerpo se distribuya de forma anormal.

La grasa de muchas mujeres que toman antirretrovirales se traslada de los muslos y brazos al abdomen y cuello, e incluso algunas desarrollan una pequeña joroba.

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