Vivir en McDonald's: cuando un local de comida rápida se convierte en tu hogar

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La imagen muestra a un grupo de personas recuperándose de una hola de calor en la sede de un McDonald's en Taipei, Taiwán. Los Mcrefugiados son personas que viven o descansan en la cadena de comida rápida. (Photo by Ceng Shou Yi/NurPhoto via Getty Images)
La imagen muestra a un grupo de personas recuperándose de una hola de calor en la sede de un McDonald's en Taipei, Taiwán. Los Mcrefugiados son personas que viven o descansan en la cadena de comida rápida. (Photo by Ceng Shou Yi/NurPhoto via Getty Images)

Cuando el frío aprieta en las viviendas de Reino Unido, los padres se trasladan con sus hijos al McDonald’s para protegerlos del frío y tener las comodidades mínimas para que los niños realicen sus deberes escolares o para que se entretengan con el contenido de las redes aprovechando el wifi gratuito.

McDonald’s se ha convertido en el refugio de familias que no tienen dinero para pagar el alza de los precios de la energía en ese país.

Acudir a los restaurantes de la famosa cadena de comida rápida es un recurso asequible, para algunos de los 4,5 millones de británicos con servicios de energía prepagados, que desconectan la calefacción durante muchas horas diarias para no quedarse sin combustible nocturno antes de terminar el mes.

Matthew Cole, presidente de la Fundación Fuel Bank, explicó al diario The Guardian que los padres aprovechan la salida para alimentar a sus hijos por pocas libras con una Cajita Feliz, lavarle los dientes en los servicios públicos y mantenerlos calientes antes de regresar a sus fríos hogares.

Cole conoce esa realidad muy de cerca porque su fundación ayuda a las familias a pagar o financiar los servicios de energía, que se han disparado por la guerra en medio del espiral inflacionario alimentado por la pandemia.

"La escasez de combustible rara vez es el único problema, si tiene problemas con la calefacción, es probable que también se preocupe por la comida y la ropa", dice Cole al diario. Tan solo en el primer trimestre de 2022, la Fundación Fuel Bank ha registrado un aumento del 74% en solicitudes de información y ayudas al compararlo con todas las consultas recibidas en 2021.

El objetivo de Cole es evitar que las personas quemen muebles y desechos como último recurso para calentarse y cocinar. También intenta impedir que los británicos con problemas de liquidez recurran a prestamistas que cobran intereses elevados y que, a la larga, solo empeoran sus problemas financieros.

Una investigación de British Gas y YouGov muestra que el 40% de los adultos del Reino Unido tendrán dificultades para hacer su próximo pago de energía, con el pronóstico de facturas anuales que ronda las 3.000 libras esterlinas (unos 3.725 dólares).

Los expertos advierten que el problema de la energía en el Reino Unido es tan grave que va mucho más allá de educar a la colectividad sobre las maneras de ahorrar en luz, gas y otras formas de combustible. Muchas familias británicas ya han aprendido a rendir la energía al máximo y aun no consiguen pagar los recibos.

“La gente necesita ayuda del gobierno ahora”, dijo Jo Gilbert, representante del servicio de asesoramiento sobre facturas de servicios públicos Cubes.

La vida dura de los McRefugiados

Lamentablemente, los británicos no son los primeros ni los únicos que recurren a las instalaciones de McDonald’s para paliar la pobreza.

La muerte de una mujer en un restaurant de McDonald's abierto las 24 horas en la Bahía de Kowloon, en Hong Kong, hace siete años destapó el grave problema de las personas sin vivienda en ese territorio autónomo del sureste de China.

En ese momento, unos 1.600 hongkoneses no tenían un lugar donde vivir y unas 250 personas pernoctaban en la cadena de comida chatarra. Pero la realidad es que los llamados McRefugiados existen desde que la corporación inició sus operaciones en China en 2006. Algunos de ellos formaban parte del grupo de los McGamers, que aprovechaban el acceso ilimitado a internet para pasar todo el día inmersos en los videojuegos.

Las turbulencias económicas mundiales solo han empeorado la situación y ahora el 25% de la población de hongkoneses sin hogar son McRefugiados.

El trabajador social de la Sociedad de Organización Comunitaria (SoCo), Ng Wai-tung, dijo a Reuters que los McRefugiados llaman hogar a los establecimientos de comida rápida. Y aunque la primavera ha aliviado el apremio por buscar un techo para protegerse del frío, las personas que viven en los McDonald’s aumentarán en el verano porque los buscarán aire acondicionado para refrescarse.

Un McRefugiado de apellido Yeung, que ha estado durmiendo en una sucursal de McDonald's durante los últimos ocho meses, dijo que la tienda era un refugio seguro para él. "McDonald's no aprueba que duermas aquí, pero se hacen la vista gorda", dijo a Reuters Yeung, quien se negó a usar su nombre completo.

El costo de la vida es tan elevado en Hong Kong que los McRefugiados no son necesariamente desempleados. Wong Shek-hei es un limpiador de 65 años que gana 7.000 dólares mensuales y que prefiere dormir encorvado sobre los bancos plásticos de McDonald’s que pagar 1.500 dólares al mes por una cama infestada de pulgas en un lugar habitado por drogadictos. "En verano hay más de 20 personas durmiendo aquí", dijo a la agencia.

La situación de estas personas podría empeorar aún más luego de la cadena anunciara la reducción de sus horas del horario al público y la suspensión de los servicios de 24 horas.

Los japoneses sin techo prefieren los cibercafés

Las restricciones sanitarias impuestas por el coronavirus también sacaron a la luz las duras condiciones de vida de las personas sin vivienda en Japón.

Cuando las autoridades suspendieron las actividades comerciales de las cadenas de comida rápida y los cibercafés para contener la pandemia, unos 4.000 japoneses quedaron sin un lugar donde dormir, aunque el 80 % tienen algún tipo de empleo.

El lugar de elección de los japoneses para resguardarse de la intemperie son los cibercafés, que originalmente solo brindaban servicios de Internet, pero que ahora tienen duchas y cabinas privadas que se alquilan por hora y días.

Algunos de los que usan los cibercafés como vivienda temporal tienen varios empleos pero no les alcanza para pagar un alquiler. Otros son personas mayores de 65 años sin empleo que necesitan protegerse de las condiciones climáticas.

También hay un creciente grupo de chicas jóvenes que han conseguido en los cibercafés un lugar seguro para dormir luego de haber escapado de sus casas paternas o de haberse separado de una relación sentimental abusiva.

Son lugares minúsculos, sin ventanas, que sólo tienen un ordenador, wifi y un sofá donde difícilmente pueden dormir con las piernas estiradas. Las ventajas de estos sitios es que muchos ofrecen servicios adicionales como lavanderías y duchas con agua caliente.

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