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Matthew Macfadyen tiene sentimientos encontrados sobre el final de ‘Succession’

Matthew Macfadyen en Central Park, Nueva York, el 6 de febrero de 2023. (Mark Sommerfeld/The New York Times)
Matthew Macfadyen en Central Park, Nueva York, el 6 de febrero de 2023. (Mark Sommerfeld/The New York Times)

NUEVA YORK — ¿Podría haber un personaje de televisión más insoportablemente torpe que Tom Wambsgans en “Succession”? Interpretado con discreta alegría cómica por el actor británico Matthew Macfadyen, Tom se las arregla para existir de manera simultánea en todos los puntos del espectro de poder de la serie: intimidado, acosador e indefenso entre medias.

Durante la mayor parte de las tres temporadas, Tom se ha mantenido un paso y medio por detrás de las maquinaciones de Waystar Royco, la empresa dirigida por su imperioso suegro, Logan Roy (Brian Cox), mientras es tratado con desprecio casual por su mujer, Shiv (Sarah Snook).

Así que fue un impacto cuando Tom se recompuso al final de la tercera temporada para orquestar un impresionante juego de poder, formando equipo con Logan para enfrentar a Shiv y dos de sus hermanos en una batalla épica sobre el futuro de Waystar.

No es que esto garantice que Tom termine en la cima en la cuarta y última temporada de “Succession”, que comienza el domingo en HBO. (Sea lo que sea que signifique estar “en la cima” realmente cuando el camino hacia arriba es tan pedregoso y arriesgado como este).

“Puede que Tom esté en el bando de Logan, pero no es un bando fácil”, comentó Macfadyen una tarde de febrero, mientras tomaba licor de hierbas con agua gaseosa en el bar Bemelmans del hotel Carlyle. “Aún no se siente muy seguro y sigue preocupado por su relación con Shiv. Y todos los demás siguen maniobrando y compitiendo”.

Si Macfadyen se muestra incómodo de manera operística en “Succession”, en realidad es todo lo contrario: relajado, despreocupado y afable, con voz profunda y segura, sin ninguno de los tics nerviosos de su personaje ni sus frenéticos intentos por leer su destino en los ojos de los demás. Mientras que Tom se ve acosado por demonios internos y una inseguridad paralizante, Macfadyen se muestra extraordinariamente bien adaptado, alguien feliz de hacer su trabajo y no ponerse demasiado nervioso por ello. Utiliza mucho la palabra “encantador”.

Matthew Macfadyen en Central Park, Nueva York, el 6 de febrero de 2023. (Mark Sommerfeld/The New York Times)
Matthew Macfadyen en Central Park, Nueva York, el 6 de febrero de 2023. (Mark Sommerfeld/The New York Times)

Macfadyen, conocido desde hace tiempo por los espectadores británicos, había pasado casi desapercibido a este lado del Atlántico antes de “Succession”. Si los estadounidenses lo conocían, era por su papel de otro Tom: Tom Quinn, un espía arrogante y vulnerable en las dos primeras temporadas de la serie británica “Spooks, doble identidad” (conocida en Estados Unidos como “MI-5”), a partir de 2002. O puede que lo hayan visto interpretando a un melancólico y torturado Darcy en “Orgullo y prejuicio” (2005), de Joe Wright, o un detective victoriano en la serie de la BBC “Ripper Street”.

Fue un papel diferente el que conquistó a Jesse Armstrong, el creador de “Succession”: el papel de Macfadyen como el borracho Sir Felix Carbury en “El mundo en que vivimos” (2001), una miniserie británica basada en la novela de Anthony Trollope.

“Es muy conocido en el Reino Unido por su capacidad para interpretar todo tipo de papeles, aunque la mayoría de la gente no lo conoce necesariamente como actor cómico”, aseguró Armstrong.

Aunque Tom comenzó “Succession” en gran medida al margen, “sabía que este papel sería significativo e importante”, aclaró Armstrong. A medida que avanzaba la serie, los guionistas aprovecharon las habilidades cómicas de Macfadyen y su capacidad para mostrar la conmovedora vulnerabilidad de Tom en los momentos más silenciosos.

“En una serie que trata sobre el poder y sus manifestaciones, Matthew es muy bueno interpretando a un personaje que es el epicentro de varias relaciones de poder diferentes”, explicó Armstrong. “Es bueno mostrando la voluntad de Tom de moldear y ajustar su personalidad para encajar en la estructura de poder”. Como Macfadyen explicó hace poco en “The Tonight Show”, una forma de hacerlo es subiendo y bajando el tono de la voz de Tom, dependiendo de quién más esté en la escena.

Macfadyen, de 48 años, nació en Inglaterra pero creció en el extranjero, en Yakarta, Indonesia, donde pasó varios años debido al trabajo de su padre en el negocio del petróleo. Fue a un internado en su país, no fue a la universidad y se matriculó en la Real Academia de Arte Dramático.

Macfadyen tiene una tendencia, común en los actores ingleses, a restar importancia a su trabajo, como si todo fluyera de él sin esfuerzo. También siente predilección por los papeles secundarios.

“Creo que a veces puedes caer en la rutina cuando interpretas papeles protagónicos”, afirmó. “Es mucho más divertido ser el malo o el payaso”.

“Succession” está llena de grandes nombres y personajes memorables, entre ellos los tres chicos Roy: Kendall (Jeremy Strong), Roman (Kieran Culkin) y Connor (Alan Ruck), cada uno espantoso y dañado a su manera. Pero Tom Wambsgans, voluble pero sensible, diabólico y casi siempre desventurado, destacó desde el principio.

Está la cuestión de su extraño apellido, con su incómoda B erizada agresivamente en una cadena de consonantes, desafiando la pronunciación casual. Está su condición de saco de boxeo de Roy, un hombre cuya esposa anunció en su noche de bodas que quería un matrimonio abierto y cuyo suegro cuelga el poder ante él, pero lo utiliza como chivo expiatorio y alguien que se encargue de los asuntos ilícitos. Está su enloquecida relación con el primo Greg (Nicholas Braun), un jugueteo sadomasoquista que Armstrong describe como un “juego de poder homoerótico”.

Macfadyen parece ser muy poco común: un actor sin gran ego. (O tal vez es tan buen actor que puede ocultar su egocentrismo). Entre otras cosas, dijo, nunca se ha sentido obligado a exigir más tiempo en pantalla o un mejor arco argumental para Tom.

“He visto actores que se ponen muy orgullosos de su ‘evolución’”, señaló. “Pero yo no siento que sea mi personaje: es de Jesse, y yo soy solo el conducto”.

Además, “no quieres encariñarte con un posible argumento, porque pueden cambiar de opinión”.

Braun relató que Macfadyen tiene un genuino desinterés, una cualidad útil en una serie en la que numerosos actores intervienen a menudo en una misma escena. También alabó la asombrosa habilidad de Macfadyen para permanecer en el momento mientras actúa, y para hacerlo con una ausencia de vanidad.

“No gasta mucha energía extra antes de una escena”, comentó Braun. “No está rumiando ni tomándose mucho tiempo o ‘conservando su energía’ de Tom”.

Macfadyen está casado con la actriz británica Keeley Hawes, a la que conoció cuando ambos interpretaban a espías en “MI-5”. Tuvieron un romance muy público —ella tenía entonces marido y un bebé—, pero se casaron en 2004, tras su divorcio, y tuvieron dos hijos juntos. Macfadyen dijo que todos se han convertido en grandes amigos y copadres.

“Fue un poco difícil en su momento, pero ahora todo va bien”, declaró.

Macfadyen extrañó a su familia durante el rodaje de “Succession”, y a menudo volaba a Inglaterra cuando tenía un descanso en la filmación. Pero se mostró nostálgico por el final de la serie.

“Fue un grupo de actores realmente encantador”, afirmó. “Es extraño el dolor que se siente al terminar un trabajo. Es horrible y desgarrador, pero al mismo tiempo hay un ligero alivio, una mezcla complicada de sentimientos”.

El próximo proyecto de Macfadyen, con Nicole Kidman, es “Holland, Michigan”, una película de suspenso producida por Amazon Studios sobre los secretos que acechan en una pequeña ciudad. No parece preocupado por lo que vendrá después. A diferencia de Tom Wambsgans, Macfadyen está contento con su lugar en el mundo.

“Todo el arte de ser actor consiste en imaginar cómo es ser otra persona con simpatía y empatía, no hacer que todo gire en torno a uno mismo”, explicó. “El trabajo es estupendo. Me gusta lo anticuado de ponerme un disfraz y sonar diferente, y hacer cosas que nunca se te ocurriría hacer en la vida real”.

c.2023 The New York Times Company