Madre de Broward canaliza el dolor por la pérdida de su hijo para desalentar el suicidio entre los veteranos

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Janos “John” Lutz tenía 19 años cuando se alistó en la Infantería de Marina al salir de la secundaria, con el objetivo de aportar su granito de arena al país tras los atentados terroristas del 11 de septiembre.

Tal y como esperaba, fue enviado al frente en Irak.

Janine Lutz recuerda la primera vez que su hijo la llamó desde la zona de guerra. Le contó con seriedad lo que había visto ese día: la explosión de un auto bomba.

“Fuimos los primeros en llegar al lugar. Había trozos de cuerpos por todas partes”, dijo su hijo, con cierta cautela al relatar algunos de los detalles. Dijo que estaba bien, que todo era parte del servicio. Ahora era un marine, y esto es lo que hacen los marines.

Pero al final de la llamada, justo antes de colgar, bajó repentinamente la voz hasta apenas un susurro, tan suave para que nadie pudiera oírlo.

“Ten cuidado con lo que pides”, dijo en voz baja.

Era la primera vez que ella oía que se le quebraba la voz desde que se alistó en las fuerzas armadas, un escalofriante recordatorio de lo real que se había vuelto el deseo de su hijo.

Pero por muy brutal que fuera su estancia en Irak, no fue nada comparado con su siguiente destino en Afganistán, donde combatió en una de las mayores ofensivas en la guerra. Fue durante esa operación, en julio de 2009, cuando murió su mejor amigo, el cabo Charles Sharp. Lutz y sus compañeros marines del segundo pelotón de la Compañía Echo arrastraron el cuerpo de Sharp, con la esperanza de llevarlo al helicóptero de transporte médico, pero Sharp se desangró en sus manos antes que pudieran hacer nada por él. Lutz vio mucha más carnicería, de la que su madre se enteraría más tarde por algunos de los marines con los que su hijo prestó servicio.

Cuando Lutz regresó a Estados Unidos un año después, estaba atormentado por las pesadillas y el dolor de las heridas que sufrió en una explosión en el campo de batalla. En Camp Lejeune, Carolina del Norte, le recetaron varios medicamentos. Cuando regresó a su casa en Davie, Florida, ya había intentado suicidarse y era adicto a los ansiolíticos.

Intentó desintoxicarse de los fármacos y durante un breve tiempo pareció que se estaba recuperando. Pero 18 meses después, en enero de 2013, se tomó una sobredosis de morfina y un potente sedante, dejando una nota en la puerta de su habitación que decía “No resucitar”.

Tenía 24 años.

Unos 17 veteranos al día se suicidan en Estados Unidos. En la Florida, 550 veteranos se suicidaron en 2019, según la estadística más reciente del Departamento de Asuntos de Veteranos de la Florida.

Para Janine Lutz, la respuesta está en que los veteranos se conecten con otros en su comunidad local.

Fundó la fundación Cpl. Janos V. Lutz Live to Tell, que ofrece programas para veteranos con Síndrome de Estrés Post Traumático (PTSD). Cada mes, organiza una reunión de la sección de Broward de “Buddies Up”, en la cual los veteranos y el personal de emergencia (que también sufren PTSD) se ayudan mutuamente. Ha viajado por todo el país en un vehículo recreativo organizando reuniones similares, y también desarrolló una aplicación móvil para que los veteranos se pongan en contacto con otros iguales.

“La gente cree que tiene una idea de cómo es la muerte y la destrucción, pero hasta que no la ves de verdad, es completamente diferente”, dijo.

“Estos veteranos piensan que si buscan ayuda son débiles. No”.

El Departamento de Asuntos de los Veteranos federal (VA) ha estado trabajando para abordar la crisis del suicidio entre los veteranos y los militares activos desde finales de los años 2000, cuando el índice de suicidio comenzó a aumentar.

La epidemia ha llevado a la VA a probar nuevos enfoques e incluso a recurrir a expertos de todo el mundo para encontrar soluciones. Pero incluso así, muchos veteranos y sus familias cuestionan la forma en que la VA trata el PTSD y otras lesiones relacionadas con la guerra.

“Cuando Johnny volvió a casa, no era la misma persona. La guerra lo había cambiado. No entendía lo que estaba pasando porque enterraba todo su trauma y su rabia en una niebla mental de medicamentos”, dijo su madre.

No fue hasta después de la muerte de su hijo cuando Janine se enteró que los médicos de la Administración de Veteranos prescribían a su hijo un coctel de medicamentos tan común que los miembros de la comunidad de las fuerzas armadas con los que habló habían llegado a llamar a la terapia “Zombie Dope”.

Janine Lutz habla de su organización sin fines de lucro delante de la casa rodante en la que viaja por el país.
Janine Lutz habla de su organización sin fines de lucro delante de la casa rodante en la que viaja por el país.

Una píldora era para dormir. Otra aliviaba el dolor. Otra era para la ansiedad. Otra era para la depresión. La Administración de Veteranos le recetó benzodiacepinas, que su propio historial médico indicaba que no debía tomar. Uno de los síntomas de abstinencia de las benzodiacepinas es la idea de suicidarse.

“Es simplemente criminal el modo en que la VA da a nuestros veteranos una pastilla para cada síntoma. Para ellos, la respuesta a sus problemas es una píldora, en lugar de llegar a la raíz del problema. Procesemos lo que pasaron, el infierno que vivieron en el campo de batalla, ayudémoslos a procesarlo a través de otros combatientes, no con un psiquiatra que nunca ha visto la batalla”.

Entre 1.9 y tres millones de soldados estadounidenses prestaron servicio en Irak y Afganistán, y muchos cumplieron varias misiones, según el Watson Institute de la Universidad Brown.

Innumerables soldados que volvieron a casa después de la batalla sufren lo que se conoce como “heridas de guerra invisibles”, PTSD y lesión cerebral traumática (LCT). Las fuerzas armadas llevan mucho tiempo luchando para tratar estos trastornos cerebrales, en gran medida porque son difíciles de detectar y diagnosticar. Muchos soldados sufren los efectos psicológicos sin darse cuenta de la causa de sus síntomas, que incluyen depresión, ansiedad e ideas suicidas.

Los estudios muestran que la mayoría de las personas con PTSD responden bien a los medicamentos antidepresivos, cuando se usan correctamente. Los fármacos pueden mejorar el estado de ánimo, ayudar a los pacientes a enfrentar el estrés y reducir los síntomas.

Pero Cole Lyle, un marine veterano que sirvió en Afganistán y que ahora dirige Mission Roll Call, un grupo de defensa de veteranos, dijo que las medicinas no deben ser el objetivo principal del tratamiento de los veteranos. La agencia dedica demasiado tiempo a lo que sus médicos y clínicos llaman investigación y tratamientos “basados en la evidencia” que se centran principalmente en los fármacos y la psicoterapia, dijo.

La VA “considera el problema del suicidio entre los veteranos un problema de salud mental, y eso es un error”, dijo Lyle. “Verlo a través del lente de salud mental deja fuera todos los demás factores que llevaron al veterano a llegar a ese punto”.

Lyle sabe lo que es la desesperación porque contempló quitarse la vida.

“En 2014, tras volver de la guerra, no tenía empleo. Le faltaba de propósito. Me sentía solo”, dijo. “Fue un punto bajo en mi vida. Pero me obligó a participar en la política y las estrategias para los veteranos”.

Ahora Lyle trabaja con legisladores federales y estatales presionando en nombre de los asuntos de los veteranos, incluyendo la prevención del suicidio. El mes pasado viajó por la Florida para hablar con los veteranos.

En abril los funcionarios de la VA anunciaron planes para designar más de $50 millones en subvenciones para programas de prevención del suicidio a grupos comunitarios y otras organizaciones de base para ayudar a los veteranos.

En 2020, el Congreso aprobó un amplio proyecto de ley bipartidista destinado a evitar el suicidio entre los veteranos. Desde entonces, la financiación de los programas de prevención del suicidio aumentaron constantemente, pasando de $206 millones en 2019 a $598 millones en 2022.

“El modelo tradicional de medicar a los veteranos no es propicio para asegurar que su calidad de vida sea sustentable y estable”, dijo la representante federal Debbie Wasserman Schultz, demócrata de Broward, quien preside la Subcomisión de Asuntos de Veteranos de la Cámara. “Ahora nos centramos en la financiación de toda la salud, no solo los medicamentos”.

En los últimos años, el estado de la Florida también redirigió parte de su financiación a programas comunitarios que pueden llegar mejor a los veteranos con PTSD y lesiones cerebrales.

“Nos estamos alejando de los medicamentos y ahora tenemos otras terapias”, dijo Steve Murray, portavoz del Departamento de Asuntos de Veteranos de la Florida. “Tenemos tratamiento con oxígeno hiperbárico, perros militares, terapia equina, terapia de sensibilidad a la luz. Ahora estamos usando formas no tradicionales de abordar el problema y hemos tenido cierto éxito”.

Janos Lutz, fotografiado en el extranjero.
Janos Lutz, fotografiado en el extranjero.

Pero él y otros reconocen que muchos veteranos no aprovechan los programas. Los miembros de las fuerzas armadas suelen ser reacios a pedir asistencia e históricamente existe desconfianza hacia la VA.

“Muchos veteranos con los que hablo no usan a la VA y tienen una percepción negativa de la entidad. No hay forma de contrarrestar esas percepciones: intentan usar a la VA pero se frustran por todo lo que hay que hacer solo para programar una cita”, dijo Lyle.

En la Florida, el gobernador Ron DeSantis lanzó recientemente un programa de prevención del suicidio entre los veteranos y amplió las oportunidades de carrera y capacitación para los miembros de las fuerzas armadas. Entre otras cosas, el estado dotó su línea de información 211 con veteranos acreditados para ayudar a otros veteranos. Todos los condados del estado tienen un coordinador de asuntos de veteranos y cada centro médico de la Administración de Veteranos tiene un coordinador de prevención del suicidio que lleva a cabo actividades de divulgación.

Pero el estado es extenso y muchos veteranos se retiran a la Florida desde otros estados sin inscribirse para recibir atención de la VA en la Florida.

“Pienso que todavía tenemos una crisis en el estado Florida. Todavía no sabemos quiénes son todos los veteranos que hay en la Florida. Tenemos que llegar a ellos’‘, dijo Clara Reynolds, presidenta ejecutiva del Crisis Center of Tampa, que proporciona fondos para los programas de prevención del suicidio entre veteranos de todo el estado.

“Tenemos algunos focos muy altos de suicidio de veteranos en el estado y todos estamos tratando de trabajar juntos como estado. Ninguna agencia puede hacerlo sola, se necesita que todos trabajemos juntos para abordar esto”.

El COVID-19 también desaceleró las actividades de divulgación, aunque no se detuvieron por completo, dijo Murray, teniente coronel retirado de la Fuerza Aérea que ha trabajado para la oficina estatal de Asuntos de Veteranos 16 años. Algunas terapias se siguen ofreciendo a distancia, lo que permite conectar a los veteranos de las áreas más rurales del estado con los programas, añadió.

Recursos:

Línea Nacional de Crisis para Veteranos: 800-273-8255 (oprima 1)

https://www.floridavets.org/

Línea de Apoyo a los Veteranos de la Florida: 1-844-myflvet

Conéctese con otros veteranos: https: //lutzvetconnect.org/

standwith@mamalutz.com

LutzLiveToTell.org

Oportunidades de subvención para grupos comunitarios locales: VASSGFoxGrants@va.gov.

Si usted o alguien que conoce puede estar pensando en el suicidio, póngase en contacto con el Línea Nacional de Prevención del Suicidio al 1-800-273-8255 (En español: 1-888-628-9454; Sordos y con problemas de audición: 1-800-799-4889) o a la Línea de Texto para Crisis enviando un mensaje de texto a 741741.

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