La música tradicional gallega electrónica desembarca en Ecuador con Baiuca

Quito, 18 sep (EFE).- La música tradicional y folclórica de Galicia reconducida a golpe de sintetizador electrónico desembarcó esta semana en Ecuador de la mano de Baiuca, un proyecto personal de Alejandro Guillán que busca embrujar al público latinoamericano.

"Mucha gente venía conociendo el proyecto, pero también tuve la oportunidad de mostrarle mi música a otro público que, de repente, se encuentra con un choque cultural", explicó a Efe este músico de 31 años, oriundo de Catoira, un pueblecito de la provincia gallega de Pontevedra (noroeste de España).

Las ciudades de Guayaquil y Quito, además de la población andina de Ilaló han sido los escenarios elegidos para su presentación esta semana en Ecuador, gracias al auspicio de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID).

Este mes también visitó Colombia a través del Observatorio Transoceánico, que impulsa la conexión y visibilidad de artistas y agentes musicales a ambos lados del océano.

EMBRUXO GALLEGO

El objetivo, presentar su segundo álbum "Embruxo", una aproximación desde la música que se ha dado en llamar 'folktrónica' al misticismo gallego de las 'meigas' y Rosalía de Castro.

Su anterior disco, 'Solpor', bebía de un registro musical de grabaciones de campo y cancioneros sobre el que compuso su música electrónica.

"Embruxo es un disco que conecta más con la tradición porque tiene más sonidos de la percusión tradicional y presencia de voces femeninas importantes", comentó el artista al referirse al conocido percusionista Xosé Lois Romero, "conocedor de todos los instrumentos gallegos", y del conjunto vocal Lilaina.

Baiuca es un proyecto musical en evolución, pero también el lugar donde el músico gallego nació, "una zona muy concreta de mi pueblo, la casa de mis abuelos", esa conexión ineludible de unas raíces que han marcado su historia pero también adquieren relevancia fuera de Galicia.

"A mí no me importa trabajar con tópicos, siempre y cuando los lleves a otro mundo y no repitas un poco lo que ya se ha hecho, sino intentar que esos elementos se conviertan en algo 'cool'", aclara este músico quien se sorprendió al radicarse en Madrid hace unos años (hoy vive en Barcelona) de que "los gallegos estábamos sobrevalorados, no sabía que fuera nos tuvieran tanta estima".

Se inició en la música de chico, cuando comenzó a tocar el clarinete, como todos sus primos, para después pasarse a la gaita gracias a un vecino hijo de una estirpe de gaiteros, aquellos años en los que en casa se escuchaba música tradicional folclórica.

En el instituto (secundaria) comenzó a ahondar en música alternativa: "Me di cuenta de que lo que más me gustaba eran los sintetizadores y ahí empecé a entrar más en la electrónica, descubrí un mundo un poco más cercano al club".

El empaste que ha logrado entre dos músicas aparentemente antagónicas como la tradicional y la electrónica parece fluir de forma natural en sus composiciones.

"A mí la fusión no me gusta mucho -abunda-, me lleva a otras músicas y de alguna forma intento empastar y que sea un todo, por eso los elementos electrónicos casan muy bien con la percusión que te lleva a ese punto tribal que tiene la música de club, de encajar las piezas para que suene a música electrónica".

ELECTRÓNICA MEZCLA

Su interés etnográfico por la música, el cancionero popular gallego y los sonidos que emanan de instrumentos algunos tan rudimentarios como una azada o una sartén, le ha llevado a querer buscar y engarzar nuevas texturas que funden tradicionales y modernas melodías.

"Intento que no sea solo una parte electrónica sacada de un ordenador, también me gustan esas texturas que dan las grabaciones antiguas, una señora cantando, grabar nuevos instrumentos, coger la percusión gallega y llevarla a otro punto", comenta.

En sus presentaciones aparece en un formato de banda, junto con percusionistas, una cantante popular y la ayuda visual de imágenes que otorgan una narración adicional a la composición.

Pese a que sus conciertos en la era pandémica entrañan una menor cantidad de público (unas 150 personas por sala), este no escapa del embrujamiento y misticismo gallego.

"En Latinoamérica al final hay una conexión muy fuerte con España y con Galicia, es uno de los lugares que tengo ganas de seguir conociendo", concluye Guillán.

(c) Agencia EFE

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