¿Qué pasaría si detonásemos una bomba atómica de 100 megatones en la luna?

Miguel Artime
·3  min de lectura
Representación artística - errónea por cierto - de una explosión atómica en la luna. (Crédito imagen: curiosmos.com).
Representación artística - errónea por cierto - de una explosión atómica en la luna. (Crédito imagen: curiosmos.com).

El canal de ciencia en Youtube Kurzgesagt acaba de publicar un nuevo vídeo ilustrando un interesante asunto que todos nos hemos preguntado alguna vez (al menos los que como yo, nos criamos durante la guerra fría). ¿Qué podría pasar si explosionásemos un arma nuclear en la luna?

Puestos a pensar en condicionales sumamente improbables como este, en Kurzgesagt lo han hecho a lo grande, imaginando que la bomba a explotar en nuestro satélite duplicara en potencia a la más grande jamás detonada en la Tierra, que fue la llamada “Tsar” (o bomba del Zar). Aquel enorme “pepino” de 50 megatones, era una bomba de hidrógeno desarrollada por los soviéticos y probada el 30 de octubre de 1961. A día de hoy sigue siendo la mayor explosión provocada jamás por el ser humano.

Así pues, imaginemos que una explosión de 100 megatones tiene lugar en nuestro satélite y observemos “mentalmente” sus consecuencias. ¿Estás pensando en un enorme hongo nuclear? Olvídalo, en la luna no hay atmósfera por lo que no se daría tal formación. Lo mismo sucedería con la onda de choque, inexistente. Claro que cualquier astronauta que observase la explosión lo bastante cerca, recibiría una dosis fatal de radiación ionizante.

La ausencia de atmósfera, que en la Tierra frena el avance de la burbuja letal de radiación, haría que en la luna la explosión se expandiera mucho más. Esa es la razón por la que en el vídeo se explica que no habría distancias seguras desde la que observar el evento destructivo. De hecho, incluso una hipotética nave que orbitase nuestro satélite desde la distancia, resultaría un refugio insuficiente para su tripulación.

Además, la explosión produciría una más que probable ráfaga de escombros lunares, ya que la menor gravedad en nuestro satélite facilitarían el escape de grandes cantidades de roca y polvo al espacio. Buena parte de esa “metralla lunar” caería a la Tierra, creando lluvias de micro meteoros que serían visibles en el cielo nocturno. Obviamente, todo lo que quedara en medio de la trayectoria de estos bólidos (satélites, la estación espacial internacional, telescopios espaciales, etc.) correrían un gran peligro.

Por otro lado, desde un punto de vista cosmológico la explosión no sería tan notable. La órbita lunar no variaría, y aunque el “lunamoto” resultante sería tremendo, el resultado final sería un nuevo cráter (otro más) sobre la superficie de la luna. Los astronautas, eso sí, tendría desde entonces que evitar la zona, ya que los restos radioactivos bañarían la superficie de la luna durante una temporada larga.

En resumen, desde el punto de vista destructivo, un artilugio nuclear de esa potencia provocaría mucho menos daño en la luna que en nuestro planeta. Pensad por ejemplo en toda la radiación liberada en forma de rayos X, que en la Tierra formaría una burbuja destructiva de plasma que incineraría cualquier cosa en un radio de 50 kilómetros. En la luna, sin oxígeno alguno, buena parte de esa radiación saldría despedida en todas las direcciones.

Aunque la idea os parezca de lo más peregrino, lo cierto es que el ejército de los Estados Unidos llegó a realizar un estudio serio sobre esta posibilidad en plena guerra fría, aunque por fortuna el tratado de no proliferación de armas nucleares en el espacio (firmado por las potencias contendientes en Moscú en el año 1963) impidió que algo así pudiera llevarse a cabo.

Me enteré leyendo Popularmechanics.com.

Otras historias que te pueden interesar: