Los 13 hermanos cautivos en California solo podían bañarse una vez al año y eran golpeados, estrangulados y encadenados con frecuencia

La página de Facebook del matrimonio Turpin representaba la vida idílica de una familia estadounidense numerosa: fotos donde posaban con sus hijos, todos sonrientes en Disneyland, o en Las Vegas, a donde David Allen Turpin y Louise Anna Turpin acudieron varias veces con ellos a renovar sus votos de amor.

La familia Turpin en Las Vegas/Tomado de Facebook

Curiosamente, nadie notó nada demasiado raro en la familia, ni siquiera el imitador de Elvis Presley que ofició la peculiar ceremonia. A nadie le llamó la atención que las hembras vistieran el mismo modelo de vestido, los mismos zapatos infantiles, ni que los varones -de esmoquin- llevaran el mismo ridículo corte de cabello que su padre.

A nadie le pareció extraño, tampoco, la delgadez y palidez de los 13 hermanos, ni que algunos tuvieran ostensibles problemas con sus dentaduras, como se puede apreciar en las fotos de Facebook. Los familiares cercanos apenas los visitaban y los Turpin incluso rechazaban la idea de recibir visitas. Tampoco, al parecer, esto les levantó ninguna señal de alarma.

A los vecinos de la casa en en Muir Woods Road, en Perris, que vieron a los niños trabajar en el patio de noche, iluminados por reflectores, les pareció extraño, pero no demasiado como para llamar a las autoridades. Tampoco veían a los hijos de la familia entrar o salir de la casa si no era de noche.

La casa de Louise y David Turpin (Mike Blake/Reuters)

Solo ahora, cuando el valeroso acto de una de los 13 hermanos -que habían planeado el escape durante dos años- reveló el horror que vivían, la curiosidad colectiva se torna persistente y morbosa. Y comienzan a emerger más detalles de la vida en la ahora llamada “Casa de los horrores” que existía a la vista de todos en Perris, California.

Según contaron hoy los fiscales del caso a la prensa, los 13 hermanos eran sometidos a castigos inhumanos, solo ingerían una comida racionada al día y apenas podían ducharse una vez al año. La crueldad de los padres llegaba al punto de comprar alimentos, como por ejemplo tartas, y dejarlos a la vista de los chicos sin que tuvieran permitido comerlos.

“Los castigos se alargaban por espacio de semanas e incluso meses en ocasiones”, dijo el fiscal de distrito de Riverside, Michael Hestrin, quien habló de constantes “palizas, estrangulaciones, violencia y encadenamientos” por parte de la pareja. “Muchas veces no eran desencadenados para poder ir al baño”.

Vía The Independent

Y si los hermanos se lavaban las manos por encima de las muñecas, los acusaban de estar jugando con el agua y los encadenaban, agregó Hestrin. Ninguno ha visto jamás a un dentista y no han sido examinados por un doctor en cuatro años.

Algunos de los hijos de la monstruosa pareja mostraban un nivel de aislamiento tan grave que no sabían lo que era un agente de policía o un medicamento.

David Allen Turpin, de 57 años, y su esposa, Louise Anna Turpin, de 49 años, enfrentan 38 cargos que incluyen 12 por tortura, 12 por detención ilegal, 7 por abusos a un adulto dependiente, 6 por abuso de menores y 1 por acto lascivo sobre un menor, imputado a David Turpin.

Si fueran declarados culpables de todos los cargos, la pareja podría afrontar hasta 94 años en prisión.

Otra vista de la casa. REUTERS/Mike Blake

Lo que encontró la policía

En un primer registro de la casa, la policía pudo constatar que tres de los vástagos del matrimonio permanecían encadenados a distintos muebles, rodeados por un denso mal olor que denotaba una grave situación de insalubridad.

El segundo aspecto del caso que desató todas las alarmas entre las autoridades locales fue la clara desnutrición que sufrían los 13 hermanos que, debido a la falta de alimento, fueron inicialmente identificados como menores a pesar de que sus edades oscilan entre los 2 y los 29 años.

“Todas las víctimas están desnutridas. La víctima de 29 años pesa 37 kilos”, afirmó Hestrin, quien indicó que a ninguno de los hijos de la pareja se les permitía ducharse más de una vez al año.

“Estamos hablando de un abuso físico y emocional severo”, agregó.

REUTERS/Mike Blake

Hubo más de una “casa de los horrores”

Los Turpin se mudaron a California en 2011. Antes de Perris, residieron en Murrieta, entre 2011 y 2014.

Mike Clifford, un vecino de la familia en su antigua casa en Murrieta, California, dijo que volvía a casa a medianoche y veía a los niños marchando de habitación en habitación, en una sola fila, incluso durante horas.

Clifford, un maquinista aeroespacial, intentó darle sentido a lo que vio. Quizás los niños tenían necesidades especiales y esa rutina era terapéutica, pensó.

“Fue algo extraño”, dijo. Pero “nunca hubo nada para decir, ‘Dios mío, debería llamar a alguien'”.

En las pocas ocasiones en que la esposa de Clifford vio a alguno de los niños, dijo que respondieron al unísono, de manera monótona y robótica, según Clifford.

Y antes los Turpin vivieron en Texas, desde donde también comienzan a surgir preocupantes detalles. Todo parece indicar que hubo más de una “casa de los horrores”.

Los residentes actuales de una casa en Fort Worth, donde la familia vivió entre 1992 y 1999, encontraron una escena impactante después de que los Turpins se fueron de la propiedad.

Las puertas estaban cubiertas de arañazos, dijeron los propietarios al afiliado texano de CBS News, y entonces creyeron que era debido a animales. Las alfombras estaban cubiertas de tierra y manchas.

El espantoso estado de la casa los hizo tomar fotos.

Vía The Independent.

Y el panorama que dejaron los Turpin al marcharse de una segunda propiedad en Rio Vista, donde vivieron de 1999 a 2010, también era espantoso. Los armarios tenían respiraderos instalados en las puertas, lo que llevó a los propietarios actuales horrorizados a sospechar que se usaban como jaulas -pero de animales.

“Hay dos ventilaciones en el armario, y ahora están tapadas”, dijo la dueña actual, y agregó que ahora se pregunta si los niños de la pareja estuvieron encerrados en el armario.

Cuando los Turpin se marcharon la casa estaba tan llena de basura que era difícil caminar por las habitaciones.

Los vecinos de Río Vista afirmaron que los niños no podían decir sus nombres a las personas. Algunos describieron el hogar en Río Vista como un “complejo religioso”.

Betty Turpin, la madre de 81 años de David Turpin está perpleja. “Creía que eran cristianos modelo”, dijo a la prensa el miércoles. “Es difícil creer todo esto. A lo largo de los años, sólo el Señor sabe lo que sucedió “.

Reporte complementado con información de EFE.