Lo que debe hacer un padre exorcista para espantar el mal

Existen alrededor de 800 exorcistas autorizados en todo el mundo por El Vaticano. En México hay una escuela de exorcismo para enseñar a espantar el mal de los creyentes

El cine nos ha enseñado una forma de exorcismo, que exagera -dice los católicos- los rituales aprobados desde El Vaticano
El cine nos ha enseñado una forma de exorcismo, que exagera -dice los católicos- los rituales aprobados desde El Vaticano

“Te exorciso, antiguo enemigo del hombre:

sal fuera de quien Dios creó con amor.

Te lo manda nuestro Señor Jesucristo,

cuya humildad venció tu soberbia…”

Estas frases están incluidas en una oración que repiten los sacerdotes católicos para expulsar al “demonio” cuando invade el cuerpo de sus creyentes. Nada tiene que ver con un guion cinematográfico. Es parte de un rito oficial muy antiguo renovado por el papa Juan Pablo II en 1998, que en sus pasos iniciales contempla la aspersión del agua bendita sobre el “enfermo”.

Aunque para muchos el exorcismo está marcado por la icónica escena cinematográfica de la cabeza girante de la actriz Linda Blair, este oficio está regulado en la Iglesia Católica y los sacerdotes que lo practican estudian para ello. “El cine ha hecho mucho daño, y en el subconsciente de los fieles cristianos se la ha dado más importante al demonio”, cuenta a Yahoo Noticas el clérigo Ronny García.

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Representante de la Asociación Internacional de Exorcistas, García cuenta que esta práctica dentro de la Iglesia es considera un acto sacramental que busca “la consolación y liberación de las personas que son habitadas por el mal”. Por las propias leyes de El Vaticano, son los obispos –y otros delegados directamente por ellos– quienes pueden ejercer labores para expulsar al “demonio” del cuerpo de un creyente.

El ejército de exorcistas contra el mal

¿Se estudia para ser exorcista? Sí. Hasta la década pasada el programa de estudio de algunos seminarios católicos incluía la materia “demonología”, justo para abordar las relaciones con el mal. “Eso ya no existe. Sin embargo, Roma (El Vaticano) todos los años abre un curso presencial para estudiar directamente el rito de la expulsión del demonio”, explica García.

También en México, donde existe el Colegio de Exorcistas. “Debes tener la licencia como exorcista o que el Obispo te dé una autorización para poder formarte (en El Vaticano o en México)”, explica García desde Venezuela, donde recién en marzo de este año la Conferencia Episcopal aprobó la creación de la Asociación Internacional. “Nosotros tenemos que recibir formación permanente. El demonio es el padre de la mentira y el pecado. No sabemos de qué manera va a actuar para que se caiga en pecado”.

En Venezuela, por ejemplo, los sacerdotes exorcistas buscan –explica García– contrarrestar la superstición. “Eso hace daño a nuestra fe”. Desde creencias en herraduras para la suerte hasta las supuestas propiedades del Aloe Vera para atrapar las malas energías, incluso “la fiesta satánica del día de Halloween”.

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El Vaticano contabiliza alrededor de 800 exorcistas en todo el mundo, según reseña una nota publicada en abril por ABC. Uno de los más reconocidos es Gabriele Amorth, un sacerdote italiano –fallecido en 2016– que se hizo famoso como exorcista en la diócesis de Roma y su mediática exposición sobre el tema en libros, conferencias y programas de televisión.

El rango de la fuerza del mal

Si bien las películas podrían exagerar las actuaciones de los demonios, García sí admite que algunos casos de exorcismo podrán asemejarse a las actuaciones clásicas. “Hay casos donde las personas han levitado o vomitado clavos”, recuerda, la fuerza del “demonio” dependerá del control que haya ejercido sobre la persona y la jerarquía que tenga.

“Así como existe jerarquía de ángeles, también lo existe en los demonios. De acuerdo con su rango o potencia, será la fuerza que tengan. A veces no es un solo demonio quien está dentro de una persona, pueden ser varios”, cuenta García. Son los menos, admite, en la mayoría de las experiencias las intervenciones del mal se tratan de perturbaciones, vejaciones o moretones que causa en el cuerpo de las personas.

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“Nosotros no actuamos en nombre propio, actuamos en nombre de Dios. Actuamos con un ritual, con oraciones que son dadas por la Iglesia”, advierte García. Los sacerdotes defienden que nunca, como suele ocurrir en las películas, se hablará con el demonio, porque hay que evitar ser víctima de engaños.

Y aunque esta práctica resulta misteriosa para muchos, los religiosos católicos defienden la importancia de alejarse siempre del mal. De hecho, en la oración suprema de esa religión, se repite diariamente una plegaria en ese sentido.

“No nos dejes caer en tentación

Y líbranos del mal”

Amén (por si acaso).

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