Ojo con el lavado de cara talibán que estás viendo en televisión

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Talibanes en coches de choque. Islamistas ataviados con sus túnicas prueban cintas de correr en los gimnasios. Varios barbudos se toman un helado y posan a cámara. Las instantáneas que nos están llegando estos días desde Kabul parecen cómicas, si no fuesen sobre todo trágicas.

En poco más de 48 horas desde que los talibanes entraran en la capital afgana y tomaran el poder sin apenas resistencia, el grupo islamista nos está ofreciendo una imagen muy distinta de la que esperábamos ver. 

Rueda de prensa de los talibanes en Kabul. (Photo by Sayed Khodaiberdi Sadat/Anadolu Agency via Getty Images)
Rueda de prensa de los talibanes en Kabul. (Photo by Sayed Khodaiberdi Sadat/Anadolu Agency via Getty Images)

Ruedas de prensa, mujeres que continúan ejerciendo su trabajo o imágenes simpáticas de los islamistas tratan de dibujar a un colectivo que podríamos suponer amable y comprometido con la libertad de prensa o con los derechos de la mujer, si no supiéramos que no puede estar más lejos de la realidad.

Los talibanes saben que el mundo les está mirando y el marketing no es solo patrimonio occidental. Del mismo modo que el grupo terrorista Estado Islámico ha sabido lanzar potentes campañas de comunicación para colocar sus mensajes, los talibán saben adaptarse al siglo XXI, en el que un móvil es suficiente para convencer de una idea al resto del planeta.

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A través de estos gestos desde Kabul, los talibán le advierten al mundo entero de que no solo son capaces de mantener el orden y la seguridad en el país centroasiático, sino también de instaurar un régimen susceptible de ser reconocido y respetado por la comunidad internacional. ¿Acaso no lo es Arabia Saudí, cuyo sistema legal también está basado en la ‘sharia’ o ley islámica?

Sin embargo, las imágenes que se suceden estas primeras horas en la capital contrastan con lo que está ocurriendo en otras zonas del país, donde se han documentado detenciones arbitrarias, registros en domicilios y la prohibición de estudiar y trabajar a las mujeres. 

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Pero, sobre todo, el lavado de cara que pretenden mostrar los talibanes choca con el régimen que instauraron en el país desde 1996 hasta la invasión estadounidense en 2001. Cinco años de implacable teocracia en la que se sucedían las ejecuciones públicas, lapidaciones y latigazos; y donde las mujeres apenas salían de casa, siempre con permiso masculino y vestidas con la única prenda permitida: el burka que las cubría por completo.

La mera descripción del régimen talibán a finales del siglo pasado permite entender mejor las imágenes que nos llegan hoy de cientos de afganos tratando de huir a toda costa en los pocos aviones que despegan del aeropuerto de Kabul.

Caos en el aeropuerto de Kabul con la gente intentando huir de los talibanes. (Photo by WAKIL KOHSAR/AFP via Getty Images)
Caos en el aeropuerto de Kabul con la gente intentando huir de los talibanes. (Photo by WAKIL KOHSAR/AFP via Getty Images)

A pesar de los fracasos de los gobiernos afganos y de los países occidentales, en los últimos 20 años los derechos de las mujeres y las niñas han progresado sustancialmente, han mejorado los ratios de escolarización y las mujeres han participado –aunque todavía marginalmente– en la vida política, económica y social, como reconoce Amnistía Internacional.

Según la organización de derechos humanos, en 2019 más de mil mujeres contaban con sus propios negocios y han conseguido ser abogadas, médicas, juezas, profesoras, ingenieras, atletas, políticas, periodistas, empresarias, agentes de policía y miembros del ejército, así como activistas de derechos humanos, a pesar de los múltiples obstáculos.

La mayoría de los afganos consideran la toma de poder de los talibanes como una catástrofe pero estos se esfuerzan en mostrar que no son los mismos y que respetarán ciertos derechos “siempre en el marco del Islam”.

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“No queremos enemigos internos ni externos”, explicó el portavoz Zabihullah Mujahid en la primera rueda de prensa desde su llegada al poder. Las mujeres podrán trabajar y estudiar y “serán muy activas socialmente pero dentro del marco del Islam”, indicó en una convocatoria en la que habló también de amnistía y de libertad de prensa.

Como muestra, tienen lugar programas de televisión en los que las mujeres periodistas entrevistan directamente a líderes talibanes, como ocurrió en la cadena afgana ‘Tolo news’. 

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Sin embargo, las palabras deberán traducirse en hechos duraderos para que su discurso sea más creíble. Y, en cualquier caso, la peor parte se la llevarán las mujeres. Serán los ‘daños colaterales’ de un nuevo orden en Asia Central, donde potencias como China o Estados Unidos pueden empezar a reconocer el régimen talibán si es capaz de garantizar la seguridad y conseguir que Afganistán no se convierta de nuevo –al menos aparentemente– en una cuna terrorista. 

Bajo la ‘sharia’, se las considera menores de edad en la vida privada y en la pública, pero al mismo tiempo se les exige comportarse como adultas. Permanecen toda su vida bajo la supervisión de un hombre de la familia –el “guardián”, papel que normalmente asumen sus padres o maridos–, y necesitan su permiso para iniciar estudios, vivir solas, casarse, acceder a tratamientos médicos o salir de la cárcel, bajo sanciones e incluso pena de cárcel si desafían sus directrices. 

Solo tres países reconocieron al régimen talibán de 1996: Pakistán, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos. Esta vez, los fundamentalistas islámicos buscan reconocimiento y legitimidad internacional, y parece que saben cómo encontrarlo.

EN VÍDEO I Desesperación total en el aeropuerto de Kabul para escapar de Afganistán ante la llegada de los talibanes

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