La triste historia tras la primera muerte por un accidente automovilístico

Fari Rafa
Contributor

Madre de ocho hijos y con una prometedora carrera científica en un momento en el que las mujeres tenían limitado el acceso a la educación, Mary Ward habría tenido grandes logros en el campo académico de la astronomía y la biología mundial.

La científica irlandesa Mary Ward

Pero su futuro se vio truncado y, en la actualidad, el nombre de Ward es recordado principalmente por encabezar las estadísticas de accidentes automovilísticos, como la primera víctima mortal en la historia a bordo de un vehículo motorizado.

Mary, naturalista, astrónoma, microscopista y escritora irlandesa de una familia acomodada, tenía 42 años cuando acompañó a su primo a dar una vuelta por el pueblo, al oeste de Dublín, en un automóvil experimental que funcionaba a vapor.

Según reseña The Atlantic, los hechos tuvieron lugar en el año 1869, época en la que los automóviles eran básicamente juguetes grandes y todavía no se tenía mucho conocimiento de los peligros que podían correr los conductores y pasajeros de estos aparatos.

Mary viajaba junto a su esposo, Henry Ward; sus primos, Richard Clare Parsons y el futuro pionero de las turbinas de vapor, Charles Algernon Parsons; y el tutor de estos dos últimos, Richard Biggs.

Fue en una curva de la carretera en Parsonstown (actual Birr, condado de Offaly), donde Mary cayó del vehículo, quedando su cuerpo debajo de una de las ruedas. Murió casi al instante, debido a una fractura en el cuello.

Rebelde amante de la ciencia y madre dedicada

Ward comenzó a coleccionar mariposas a los 3 años, y a los 8 logró avistar el cometa Halley sola a través de un pequeño telescopio. Desde muy joven tenía su propio microscopio de alta potencia.

Esta investigación con el microscopio formó la base del primer libro de Ward, que ella escribió e ilustró, Bocetos con el microscopio. Poco después escribió un segundo libro, Entomología para el deporte, que incluía dibujos realistas y fragmentos de fantasía, como una imagen de insectos bailando alrededor de un árbol de flores.

Ward también escribió Telescope Teachings, donde utilizó sus habilidades artísticas para producir impresionantes imágenes de cuerpos celestes, algunos de los mejores de la época. También publicó estudios sobre cometas y el tránsito de Venus.

En aquel momento, ganó además el honor de ser una de las tres mujeres a las que se les permitió recibir el boletín mensual de la Royal Astronomical Society, junto con la reina Victoria y la astrónoma estadounidense Maria Mitchell.

Hacerse sentir como parte de la comunidad científica no se le hizo fácil. Por ser mujer, Mary tenía prohibida la educación universitaria y la membresía en sociedades científicas profesionales.

Pero el mayor obstáculo siempre fue manejar las tareas domésticas y cuidar 11 embarazos (incluyendo un nacimiento sin vida y dos abortos espontáneos) en 13 años de matrimonio con el hermano menor de un vizconde que nunca quiso trabajar.

Mary se vio obligada a cuidar a sus hijos prácticamente sola, a medida que la herencia de su esposo disminuía.

Una década después el hermano mayor de su esposo murió, y este heredó el título de vizconde. De repente, la familia tuvo dinero, una buena propiedad y sirvientes para ayudar a cuidar a los niños.

Ward, de haber estado viva, habría tenido tiempo para dedicarse de lleno al ámbito académico. Su muerte no solo destaca por lo estadístico, sino porque se apagó de forma prematura lo que pudiera haber sido una gran estrella de la ciencia.