La lucha de un padre por hacer justicia tras el asesinato de su hija de 16 años

La noche del sábado 23 de marzo de 2019, Ángela Aguirre salió a la fiesta de un amigo en Ciudad Guayana, al sur de Venezuela. Nunca más volvió: después encontraron su cuerpo sin vida flotando en un balneario del río Caroní. Desde entonces, Ángel Aguirre, su padre, ha encarnado una lucha por la justicia.

Texto: Raúl Vejar Williams / vía La Vida de Nos

Las pancartas llamaban la atención de Ángel. Mensajes de justicia, llamados a la no violencia, el nombre de su hija Ángela Aguirre tantas veces escrito. Era el día de la audiencia. La presencia de tantas personas atentas era algo que Ángel y su esposa Yerlis creían positivo. No querían que el caso se olvidara. Para Ángel Aguirre todo era nuevo. Violencia contra la mujer, femicidio, leyes, derechos de la mujer. Apenas se acostumbraba a los mensajes de apoyo. Tres semanas antes no sabía nada de eso.

Fotos familiares de Ángela Aguirre (álbum familiar familia Aguirre)

Tres semanas antes él era otro.

Yerlis tiene una peluquería en su casa y a Ángela le encantaba ayudarla. La adolescente de 16 años sabía sacar cejas, secar pelo. Era un apoyo para el negocio. Y, tan coqueta, se sentía cómoda. Era una joven divertida. Hacía morisquetas a su mamá, bailaba sus canciones favoritas, era cariñosa con su hermanito y unida a su hermana mayor, con la que compartía habitación. Soñaba con ser una profesional de la salud mental.

La familia ahora habla de ella en pasado.

Era, hacía, bailaba, soñaba.

El sábado 23 de marzo la vieron por última vez.

José Alberto Cedeño, amigo de Ángela, cumplía 18 años y lo celebraría en el Club Ítalo de Ciudad Guayana, en el estado Bolívar, al sur de Venezuela, donde vivían. Los padres la dejaron ir, pero lo dijeron que hasta temprano. Ese era un lugar cerrado y con vigilancia. Los padres conocían a todas sus amistades, incluso a José Alberto Cedeño.

Comenzó a desmoronarse

A Ángel Aguirre, cuando habla de su hija, la voz se le quiebra. Yerlis también sufre mucho. Extrañan a su Ángela.

LEER MÁS: El trágico accidente que acabó con el sueño de una familia venezolana

“Queremos justicia para Ángela”, “No a la impunidad”, “No al femicidio”, “Ni una más”, “Que nada compre la conciencia”. Ese sábado 13 de abril, cuando se celebraría la audiencia, más de 70 organizaciones venezolanas de la sociedad civil, entre ellas la Comisión para los Derechos Humanos y la Ciudadanía (Codehciu), exigieron justicia para Ángela en un comunicado.

Tres semanas atrás, Ángel había dejado a su hija frente al Club Ítalo. Pero a las 8:00 de la noche, Ángela no respondía su celular. A las 8:30, tampoco… ni a las 9:00. Algo debía pasar porque ella no era desobediente. En redes sociales había publicado una selfie dentro de una embarcación que la familia desconocía. Cargaba lo que parecía un chaleco salvavidas.

A medianoche aún no tenían noticias. La hermana de Ángela llamó al cumpleañero.

—No sé. Ella se perdió —le dijo el joven, somnoliento y ebrio.

Todo comenzaba a desmoronarse en ese instante.

¿Dónde estaba Ángela?

La familia fue a la casa de José Alberto. El cumpleañero repetía que Ángela se había caído de una lancha que no estaba en movimiento, en la que irían a la Isla La Terecaya con otras seis personas. Se distrajeron, voltearon la cabeza y ella ya no estaba.

Fotos familiares de Ángela Aguirre (álbum familiar familia Aguirre)

Todo era absurdo para Ángel. ¿Cómo siete personas no vieron qué le pasó a su hija? ¿Cuál lancha? ¿Por qué no avisaron a la familia? ¿Dónde estaba Ángela? ¿Dónde estaba Ángela? ¿Dónde estaba Ángela?

Eran las 3:00 de la mañana. Ángel se sentía con las manos atadas. Buscaron ayuda de familiares para empezar la búsqueda y trazar un plan de acción. A las 4:00 llegaron a la entrada del club.

—Si se cayó y tenía el salvavidas puesto, es posible que esté con vida— les dijo un vigilante.

“Que prevalezca la justicia”

Un periodista, micrófono en mano, se le acercó a Ángel ese sábado 13 de abril. Un camarógrafo capturaba el momento en vivo. En las puertas del Palacio de Justicia de Ciudad Guayana se aglomeraba mucha gente que había seguido el caso por redes sociales.

—Esto es algo nuevo para nosotros —dijo Ángel al micrófono—…nada más queremos que se aclare todo…que prevalezca la justicia.

El domingo 24 de marzo inició la búsqueda de Ángela.

LEER MÁS: De lo más oscuro surgió la luz: Salvaron la mayor cantidad de alimentos para repartirlos entre los más necesitados

Yerlis no paraba de llorar. Ángel lograba consolarla. Contactaron a la unidad de rescate acuático y luego se dirigieron en la mañana a las sede del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas. A las 7:30 de la mañana los atendió un funcionario.

—Mi hija se extravió y me parece muy extraña su desaparición —declaró Ángel.

—Sí, ya unos amigos me llamaron. Unas personas estuvieron por aquí anoche.

—¿Pero cómo es eso que todo el mundo sabe y nosotros no?

—Para extravío de personas hay que esperar 72 horas para formular la denuncia — le dijo el funcionario.

—¿Cómo es eso? Ella se extravió con un grupo de personas. Es cuestión de interrogarlos para saber dónde está.

—Si quiere, pase más tarde, a ver si el comisario de guardia le quiere tomar la denuncia.

Una familia unida pero rota

El tiempo era muy valioso. Pocas horas después volvieron al Club Ítalo. Ya había zarpado una lancha con miembros de la unidad de rescate acuático. Algunos lancheros prestaron sus embarcaciones. Fueron muchos viajes, ida y vuelta, hacia la Isla La Terecaya. Cayó la noche del domingo. A las 9:00 suspendieron la búsqueda.

Fotos familiares de Ángela Aguirre (álbum familiar familia Aguirre)

“Nada más ver la inmensidad del Caroní, y no encontrar a mi niña… ¿Estará todavía en el agua? ¿Tendrá frío?”, se preguntaba Ángel. Al padre se le arrugaba el corazón: su familia unida y a la vez rota.

Las fotografías hablaron

El cuerpo de Ángela fue localizado el martes 26 de marzo de 2019. Flotaba cerca de un balneario llamado El Rey. Esa mañana, Ángel finiquitaba algunos trámites para la denuncia de la desaparición. Regresó para colaborar con la búsqueda y se encontró con que el club estaba militarizado. Dejaron entrar a Ángel con su vehículo tan pronto se identificó. Su cuñado lo esperaba en la entrada.

—¡Ya encontraron a la niña!

—¿Qué? ¿Cómo va a ser?

En la orilla, Yerlis lloraba, inconsolable.

En la morgue, un funcionario del Cicpc se acercó a los padres. Ambos seguían llorando. El hombre les pidió algunos documentos. Antes, en el río, no les habían permitido acercarse a Ángela.

Como los hacían esperar, Ángel se quejó.

— ¡No hemos hecho el reconocimiento del cuerpo! ¡No he visto el rostro!

El hombre ingresó al sitio donde tenían el cuerpo y luego de unos minutos salió.

—No les voy a quitar su derecho, pero no les aconsejo verla por como está.

La advertencia del funcionario los asustó. Le pidieron que le tomara fotografías en partes del cuerpo que ellos pudieran reconocer. Así lo hizo.

Las imágenes hablaban por sí solas.

La otra carga sobre la familia

“Por qué la dejó salir de noche siendo una niña”, “se lo buscó por andar con esas amistades”. No todos los mensajes en las redes eran de apoyo. La revictimización era otra carga sobre los hombros de Ángel y su familia.

Fotos familiares de Ángela Aguirre (álbum familiar familia Aguirre)

Las siete personas que estuvieron en la lancha con la adolescente fueron detenidas por el Cicpc el 27 de marzo. Ese mismo día el director de este organismo, Douglas Rico, publicó en su Instagram que, de acuerdo con la autopsia realizada, la causa de muerte había sido asfixia mecánica por inmersión. Destacó la presencia de lesiones en las partes íntimas de Ángela y moretones en otras zonas. El padre, de nuevo, fue el último en enterarse.

Dos días después, en rueda de prensa, Rico pareció desmentir su propia publicación, alegando que había sido un homicidio —no un femicidio—, y omitiendo la violencia sexual contra la menor de edad.

El rostro que les da fuerza

—“¡Justicia! ¡Justicia! ¡Justicia!”

Después de protestar frente a los tribunales, llega a su casa y en la sala ve la foto de Ángela en la pared. No puede evitar llorar al imaginar su sufrimiento.

Las autoridades aún le pasan por encima a los Aguirre: los siete detenidos esperan un proceso de investigación después de la audiencia del 13 de abril, que con anterioridad fue suspendida. Una fiscal encargada del caso declinó competencias y fue recusada a principios de abril luego de rumores de extorsión y corrupción con miembros del Cicpc; pero continúa revisando el expediente, según denuncian los familiares y sus abogados. Los imputados no fueron trasladados a sus sitios de reclusión. Gozan de privilegios en las instalaciones de la policía.

La cara de Ángela le da las fuerzas a su padre. Siente que de alguna manera la muerte de su niña, inició la conversación sobre este tipo de casos. El río Caroní es el gran testigo de que le robaron la sonrisa que su hija Ángela hundió en las aguas turbias.