La Hora de Opinar, el show de Televisa que raya en lo ridículo para que alguien lo vea

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La Hora de Opinar, programa de análisis político, tocó la semana pasada el tema del racismo y sus diferencias en México y Estados Unidos. (Gerardo Vieyra/NurPhoto via Getty Images)
La Hora de Opinar, programa de análisis político, tocó la semana pasada el tema del racismo y sus diferencias en México y Estados Unidos. (Gerardo Vieyra/NurPhoto via Getty Images)

La Hora de Opinar es un programa de 'análisis político' en México. Desde 2010, es conducido por Leo Zuckermann y diversos comentaristas son invitados para debatir la coyuntura del país. Y basta ya. Mucho aburrimiento. Y si de aburrimiento se trata, ya tenemos mucho con La Hora de Opinar, el programa favorito de quienes le presumen a sus amigos que saben mucho de política.

Uno de los últimos debates de este afamado programa tuvo que ver con el racismo. Y como en cada tema que se presenta en esta mesa, cuatro panelistas blancos, privilegiados académica y económicamente, hablaron sobre la existencia (o no) del racismo en México. Ellos, con sus toneladas de capital cultural, tienen todo el conocimiento necesario para establecer qué tan grave es la discriminación en México. No, no invitaron a nadie que haya padecido discriminación. ¿Cómo para qué? Si ellos lo saben todo y son capaces de decirle a las personas cómo deben lidiar con sus problemas.

Si ya de por sí era risible la idea de que el cuarteto de analistas se pusiera a pontificar sobre el racismo, lo que vino después superó las propias expectativas. Como diría Dewey de Malcolm el de En medio: “Nunca espero nada de ustedes y aun así logran decepcionarme”. El programa desde hace tiempo se transmite vía Zoom, lo cual lo vuelve todavía más aburrido, pero vamos, seamos generosos, algo entretenido tiene que salir de un experimento así.

Desde luego, no podía faltar la opinión “disruptiva”, que corrió a cargo de Pablo Majluf, un académico al que le gusta mucho salirse de la manada y expresar opiniones que en su cabeza son muy rebeldes y tienen el potencial de cambiar el curso de la historia. "México nunca se ha organizado por razas, nunca nos hemos contado por razas, no es el principio rector de nuestra historia, ni de nuestras leyes, ni de nuestra política, ni de nuestra sociedad", fue su postulado.

Hasta Denise Dresser contradijo a Majluf y le rebatió su concepción de racismo, porque, desde luego, no hay nada mejor que un blanco corrigiendo a otro blanco sobre asuntos que ninguno de los dos ha vivido nunca. La doctora Dresser dijo que sus argumentos bebían directamente del nacionalismo posrevolucionario (que era un borrego, para pronto). A lo que Pablo, maestro de periodismo, dijo que en México no hay un racismo sistémico como sí lo existe en Estados Unidos (que mientras no haya matanzas, no se puede decir que exista verdadera discriminación en el país).

A Majluf poco le importaron los estudios sobre las diferencia que en México representa tener la piel blanca, citados por su compañero de mesa, Mario Arriagada, y tampoco le parecieron pertinentes los argumentos que, tras el programa, se vertieron en Twitter. Por ejemplo, Fede Navarrete recopiló durante horas un sinfín de citas que comprobaban la variedad de razas que han coexistido en México, aunque, por lo visto, debatir con seriedad con Majluf, un erudito incapaz de escuchar razones ajenas, es como hablar con la pared.

Pero tranquilos, ya vendrá será la segunda versión del debate y podremos escuchar sus argumentos otra vez. Porque hay algo que se debe reconocer de este programa y eso es la variedad de sensaciones que puede provocar prender la tele y escuchar a la gente que sabe de política (y de todo). Si usted quiere indignarse, lo puede hacer viendo La Hora de Opinar; si quiere reírse de gente que presume su inteligencia, sintonice La Hora de Opinar; si tiene problemas de sueño y ninguna pastilla para dormir le ha funcionado, pues sí, faltaba más, póngale a Foro y prepare su almohada favorita.

Este tipo de mesas son promocionadas como la panacea de la democracia y de la libertad de expresión. Sus integrantes, sin embargo, viven el ciclo del eterno reciclaje. Héctor Aguilar Camín y Jorge G. Castañeda, dos de las superestrellas del programa, han sido parte de la opinocracia desde que los teléfonos eran del tamaño de un tabique. Incluso mucho antes, pero hay que poner un punto referencial.

Al final, lo que le importa a este puñado de analistas es demostrar cuánto conocen de México y resolverle la vida a la gente en una hora. Si un día sentaron a cuatro hombres a hablar del aborto y los derechos de la mujer, ya poco puede sorprender. Pero aun así se esfuerzan por hacerlo cada tanto. Y aquí tenemos los resultados.

Pero no seamos tan duros, al menos hacen honor al nombre del programa: Es la hora de opinar… de opinar cosas absurdas que demuestren el desconocimiento total de México; de opinar lo que deben hacer y pensar personas a las que nunca les han estrechado la mano en la calle. La libertad de expresión en todo su apogeo.

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