La historia de las siamesas rusas que fueron separadas de su madre al nacer y sometidas a crueles experimentos

Redacción Noticias

POR YULEINA BARREDO/YAHOO-. La historia de Dasha y Masha parece sacada de una película de terror. Ellas fueron las siamesas más viejas del mundo hasta su muerte en el 2003. Al nacer fueron arrancadas de su madre rusa y sometidas a crueles experimentos médicos durante el gobierno estalinista. Una se distinguió por su bondad, la otra desarrolló una personalidad psicópata hasta el último de sus días.

La periodista Juliet Butler las conoció en vida y decidió plasmar los escabrosos detalles de su traumática existencia en el libro “The Less You Know The Sounder You Sleep”.

Captura de videos históricos de las siamesas rusas disponibles en YouTube.

Según cuenta la autora, en enero de 1950, con horas de nacidas, las gemelas fueron separadas del seno materno. Las enfermeras informaron a Yekaterina que sus bebés habían fallecido. Empezó entonces el martirio de Masha y Dasha Krivoshlyapova.

Fueron trasladadas a un centro en Moscú, perteneciente a la Academia de Ciencias Médicas del Instituto Pediátrico, con la intención de realizarles algunos exámenes. Las convirtieron en conejillos de indias por “el bien de la ciencia”.

Como compartían un mismo suministro de sangre pero sistemas nerviosos separados, las pruebas comenzaron de inmediato. Pinchaban con una aguja a una o la sumergían en agua helada: todo un repertorio de atrocidades para ver la reacción de la otra gemela.

Durante el tiempo que duraron los experimentos, pasaron frío, hambre y fueron inyectadas con sustancias tóxicas. A los seis años las trasladaron al Instituto Central de Investigaciones Científicas de Traumatología y Ortopedia donde les dieron algo de instrucción y las enseñaron a caminar.

Captura de videos históricos de las siamesas rusas disponibles en YouTube.

Permanecieron allí durante ocho años, ocultas al público en un pabellón infantil, hasta que fueron llevadas a un internado para niños con discapacidad motora.

De estos aberrantes primeros años de vida, las siamesas no parecían recordar nada. Juliet Butler se sorprendió con la reacción de ambas al contarles los verdaderos horrores de su temprana infancia.

Ellas habían bloqueado por igual en sus mentes los malos recuerdos y selectivamente se habían quedado con los buenos. Sin embargo, la respuesta por separado ante la terrible revelación fue muy diferente.

La señora Butler cuenta en su libro que las hermanas tenían personalidades prácticamente opuestas. Dasha era dulce, amable y empática, eso explica que no haya culpado del todo a sus verdugos. Por el contrario, el enojo de Masha reflejaba de cierta forma su temperamento dominante y manipulador.

Con un cuerpo inferior compartido, las cosas para Dasha no resultaban fáciles. Ella anhelaba una vida más plena. Incluso llegó a enamorarse de un chico, pero su otra mitad siempre arrojaba piedras en el camino a la felicidad.

En ocasiones, Masha obligaba a su hermana a beber pues no podía hacerlo por sí misma debido a su espasmo laríngeo. Dasha era incapaz de resistir el abuso emocional al que era sometida y consumía alcohol en contra de su voluntad. Al compartir el flujo sanguíneo, las dos terminaban borrachas.

Masha y Dasha, ya adultas, en una fotografía que compartió Juliet Butler en Facebook.

Durante años, gracias a los avances médicos, la posibilidad de convertirse en personas independientes se presentó más de una vez. Pero la hermana psicópata respondía que no. Siempre a un rayo de esperanza se anteponía una negativa -nyet-.

En 1985, encontraron a su madre biológica, Yekaterina Krivoshlyapova. Después de varios años de relaciones filiales, otra vez se impuso el chantaje psíquico y el vínculo se cortó bruscamente, pese a los deseos de Dasha.

Tres años más tarde, en un programa de televisión hicieron una aparición para pedir ayuda. La apelación dio resultado y pronto se mudaron a un hogar de veteranos del trabajo con mejores condiciones habitacionales.

A pesar de su relación tóxica pero inseparable, las siamesas se amaban profundamente. Habían pasado por tantos momentos juntas y así sería hasta el fin de sus vidas.

El 17 de abril de 2003, Masha murió de un ataque al corazón. Tras 17 horas y por la descomposición del cuerpo de su hermana, Dasha también decía adiós a una vida llena de infortunios, pero que aún así ella había decidido vivir sin arrepentimientos.