La ‘gordura’ se hereda (en parte)

Puedes echarle la culpa a tus padres de tus kilos de más (los genes influyen), pero la exposición a determinadas condiciones ambientales también tiene mucho que ver

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Partimos de la base de que los hijos de padres obesos tienen más probabilidades de ser también obesos, pero los científicos han descubierto otra vía de transmisión de la obesidad.

Se llama ‘epigenética’ y condiciona la expresión o no de ciertos genes mediante la exposición de un individuo a unas determinadas condiciones ambientales, entre las que tiene gran importancia la alimentación.

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La epigenética, por tanto, es en parte modificable (contrariamente a la información genética, que en principio no lo es) si sometemos al individuo a diferentes estímulos.

“Los factores relacionados con la herencia determinan el 60% de la variabilidad en los indicadores de obesidad. Pero, con el conocimiento actual, solo somos capaces de explicar alrededor del 2% de esta variabilidad. Sin embargo, nuevos factores han sido descritos en los últimos años como la epigenética”, explica el profesor Luis Moreno, del Grupo GENUD de la Universidad de Zaragoza.

El balance energético, la alimentación y la falta de actividad física son los factores que más influyen en la aparición de obesidad.

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Pero según el experto, “el efecto de estos factores no es el mismo en todas las personas, sino que depende de algunos componentes genéticos. Ello plantea la posibilidad de proponer recomendaciones personalizadas sobre ingesta y otros estilos de vida”.

Es decir, que la genética nos dota (a nosotros y a nuestros hijos) de determinados genes que supondrán ciertas características, como el color de los ojos o el peso corporal. Y la epigenética, que también es en gran parte heredable, hace que ciertos genes se expresen o actúen, y otros no lo hagan.

De manera que es la combinación de ambas (genética y epigenética) lo que determina cómo serán nuestros hijos, además de la influencia de las condiciones ambientales que les procuremos.

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Los padres también nos transfieren un determinado estilo de vida (activo o sedentarios) y unos hábitos más o menos saludables.

De hecho, desde el mismo momento de la concepción estamos recibiendo mensajes ‘subliminales’. Diversos estudios aseguran que el ambiente uterino condiciona una serie de respuestas metabólicas que programan al organismo para responder a los estímulos externos después del nacimiento.

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Estas respuestas metabólicas pueden contribuir en algunos individuos al desarrollo de un acúmulo excesivo de grasa corporal, que empezará durante los primeros meses de la vida. También en estos meses, el tipo de alimentación (lactancia materna o artificial) condicionará la evolución de la composición corporal del niño”, explica Moreno.

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Por otro lado, el papel de la grasa parda –a diferencia de la grasa normal, esta grasa convierte en energía los triglicéridos y glucosa circulantes en sangre- y la epigenética están siendo determinantes.

En concreto, sobre la grasa parda, “se está planteando el papel del tejido adiposo pardo, cuya existencia se ha descrito en los últimos años, ya que es un elemento que influye de manera importante en el metabolismo energético y puede ser decisivo para desarrollar nuevas estrategias terapéuticas y preventivas en relación con la obesidad”, concluye el experto.

Fuentes: Fundación Iberoamericana de Nutrición (FINUT) / XVIII Congreso Latinoamericano de Nutrición (SLAN)

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