En julio y agosto, los latinoamericanos conquistaron su independencia | Opinión

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La historia recuerda a julio y agosto como meses de abundante fervor patrio para América Latina. El 23 de julio de 1815, el general Pablo Morillo y un contingente armado procedente de España desembarcaron en la ciudad de Santa Marta, Colombia.

El motivo de la llegada del condecorado militar –héroe de la Independencia española en Europa— fue restablecer las instituciones político-sociales y reconstruir el Virreinato de Nueva Granada, el cual había sido alterado por un movimiento independentista republicano.

La Corona española consideraba como una cuestión de derecho la “restauración” de su reinado en las colonias hispanoamericanas.

Sin embargo, en los ojos de los patriotas revolucionarios, el ejército de Morillo era un movimiento reaccionario.

En 1807, el abúlico rey Carlos IV fue engañado y luego despojado de su poder dentro del propio territorio español por el emperador francés Napoleón Bonaparte, quien posicionó a su hermano José Bonaparte (Pepe Botella) como nuevo rey de España.

Después de un periodo de crisis y enfrentamientos bélicos, Napoleón decidió retirar sus tropas de España y entregar el poder político a Fernando VII, sobrino de Carlos IV.

La paz volvió a España con la firma del tratado de Valencay en 1813, pero el nuevo monarca español no estaba conforme con la recuperación de su territorio en Europa, sino que tenía como meta reconquistar las colonias del “Nuevo Mundo”.

En tanto, en las colonias, aprovechando la crisis política que se originó con la invasión francesa en España, un grupo de militares criollos, secundados por el grueso de la población en las diversas ciudades, decidieron eliminar el sistema político colonial y reemplazarlos por un sistema republicano.

El propio Libertador Simón Bolívar fue puntual al sostener que, “[…] ya hemos visto la luz, y se nos quiere volver a las tinieblas; se han roto las cadenas; ya hemos sido libres, y nuestros enemigos pretenden de nuevo esclavizarnos […]”.

En tal sentido, la campaña de Morillo, a pesar de sus éxitos militares a inicios de la contienda bélica contra el movimiento independentista republicano, principalmente en la toma de Cartagena de Indias y su llegada victoriosa a Santa Fe de Bogotá, no dejó de ser un quijotismo vano, una faena fútil que finalmente terminó con la derrota del ejército realista —comandado por el Brigadier José María Barreiro— en la batalla del Puente de Boyacá el 7 de agosto de 1819.

Dicha batalla garantizó el éxito de la campaña libertadora de Nueva Granada y cimentó las bases de un proceso de liberación e independencia a lo largo y ancho de lo que actualmente es conocido como América Latina. Julio y agosto son meses de la latinoamericanidad.

Humberto Caspa, Ph.D. es un investigador de Economics On The Move. E-mail: hcletters@yahoo.com.

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