El país que no quiere tener sexo

¿Qué sucedería si todos los habitantes de una nación hicieran voto de abstinencia? La población empezaría a declinar hasta su extinción. Ese escenario catastrófico, aunque improbable, anticipa el futuro de Japón si sus hombres y mujeres en edad fértil no ponen más fervor en los asuntos íntimos.

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La maternidad obliga a muchas jóvenes japonesas a sacrificar su carrera profesional, lo cual conspira contra la natalidad (AFP)

Quizás los nipones no desaparecerán en este siglo o el próximo. Sin embargo, el desinterés de los jóvenes por las relaciones sexuales y una tasa de fecundidad entre las más bajas del mundo inquietan a las autoridades. Y no se trata solo de un problema de libido, sino de una seria amenaza a la economía de ese estado asiático.

Pero la solución a la presunta apatía pasa menos por un estímulo al deseo carnal que por mejorar la situación de las madres. Para las mujeres japonesas, la maternidad trae aparejados sacrificios profesionales desmedidos cuando se comparan con otros países desarrollados. La tradición machista que impera en las empresas niponas ha lastrado hasta el momento los esfuerzos del gobierno por incentivar la natalidad.

El sexo es un lío

A veces basta con un par de cifras para construir una noticia sensacionalista. Si a los números se añade una región que guarda aún misterios para el lector occidental, entonces la fórmula promete. En este caso, sin embargo, las estadísticas se han acumulado para demostrar que el llamado “síndrome del celibato” en Japón no es solo un invento de ávidos periodistas.

A inicios de esta década varios sondeos sonaron la alarma. Un estudio del Instituto Nacional de Población e Investigación sobre Seguridad Social, publicado en 2011, reveló que más de la mitad de los japoneses solteros ni siquiera mantenían una relación de pareja. En 2013 la Asociación de Planificación Familiar de Japón (JFPA) reportó que al 45 por ciento de las mujeres entre 16 y 24 años no les interesaba el contacto sexual. Uno de cada cuatro hombres tampoco se sentía atraído por ese contacto físico.

La JFPA actualizó sus datos en 2015. El 49 por ciento de las personas encuestadas confesó que no había practicado el coito en el último mes. Además de mencionar el cansancio y la falta de pasión como causa de la apatía, muchos afirmaron que el sexo era un fastidio. Esta epidemia de desgano no ha dejado de crecer en el país asiático en años recientes.

La disminución del deseo sexual es comprensible entre los adultos que han soportado el interminable estancamiento de la economía japonesa. ¿Cómo explicar, en cambio, la ausencia de apetito entre adolescentes y jóvenes? En 2014 la Asociación Japonesa para la Educación Sexual reportó que la actividad sexual entre las estudiantes universitarias había caído en 60 por ciento desde 2005.

La juventud nipona parece impotente ante en el torbellino de añejas convenciones culturales y las exigencias de una economía desarrollada. Y mientras encuentra una salida a esas tensiones divergentes, la soltería gana terreno como una atractiva opción de vida. Entre los hombres esa tendencia ya tiene un nombre: les llaman los “herbívoros”.

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Apenas el 10 por ciento de los puestos ejecutivos en Japón son ocupados por mujeres (AP)

Fecundidad rima con equidad

Si bien el insuficiente deseo sexual explica en parte el declive demográfico de Japón, no basta con una oleada de pasión para reflotar la tasa de natalidad. Muchas mujeres renuncian a la maternidad o prefieren limitar la descendencia a un hijo único porque la economía y, en general, el sistema social no las apoya.

Alrededor del 70 por ciento de las mujeres que deciden ser madres abandonan sus empleos. Las dificultades comienzan en el momento de la contratación, cuando los empleadores las discriminan. Se escudan en la pérdida de productividad durante la licencia de maternidad y la crianza de los hijos. Las promociones no abundan para las futuras madres.

Ese trato desigual también contribuye a la diferencia de salario con respecto a los hombres: como promedio las japonesas ganan el 60 por ciento del sueldo de sus colegas varones.

Para completar el retrato de familia, los hombres nipones colaboran poco con las tareas domésticas, lo cual deja el peso del cuidado de los hijos y el mantenimiento del hogar sobre los hombros femeninos.

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Bajo el gobierno de Shinzo Abe, Japón ha iniciado una tímida apertura a la inmigración de profesionales que podrían contribuir a aliviar la crisis demográfica (AFP)

Las autoridades locales han intentado algunas medidas para contrarrestar la crisis demográfica. Las mujeres niponas tienen derecho a 26 semanas de licencia de maternidad. El primer ministro Shinzo Abe ha convertido el empleo femenino en una prioridad, al tiempo que ha prometido solucionar el déficit de plazas en guarderías estatales y el elevado costo de las privadas.

Pero solo una transformación radical de la sociedad japonesa animaría a las mujeres a considerar un aumento de la natalidad. A los niveles actuales, Japón perderá el 15 por ciento de su población para mediados de este siglo. En ese futuro cuatro de cada 10 nipones habrá cruzado el umbral de la tercera edad. ¿Quién pagará entonces por los programas sociales y por las pensiones? ¿Qué fuerza de trabajo moverá la economía nipona?