La izquierda ganó la batalla de las historias pero la guerra aún no está perdida| Opinión

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“Hemos ganado la batalla de las ideas, pero hemos perdido la batalla de las historias”.

La frase no es mía. Es de Rodrigo Arenas, propietario del medio digital conservador guatemalteco República. El día que se la escuché, le pedí permiso para utilizarla con el compromiso de citar siempre al autor de la cita original.

Y aquí seguimos, lamentando como una y otra vez la superioridad moral de la izquierda se impone en Europa, América Latina y más recientemente en EEUU.

A estas alturas de la historia, es muy difícil defender con datos y hechos que el capitalismo no sea -al menos- el menos malo de los sistemas, por ni llamarlo el mejor y empezar a herir susceptibilidades.

Tampoco creo que sea sustentable en la razón y los números que el comunismo funcione como forma de gobierno después de los innumerables fracasos vividos en la estepa rusa o las playas de Cuba, por poner solo dos ejemplos.

Los datos, siempre los datos. La derecha abruma con datos, macroeconomía, microeconomía, índices de riqueza y bienestar, mientras la izquierda, lejos de rendirse a la evidencia, contraataca con las emociones, con sus historias, sus fábulas dirigidas al corazón de las personas.

Y así nos encontramos, por ejemplo, que en los cosmopolitas bares de la próspera Europa, jóvenes estudiantes, profesionales, con varios idiomas, brindan con cerveza ataviados con una camiseta que muestra la cara del Che Guevara.

Tras el rostro del ícono barbudo de la revolución se esconde un personaje violento, que no tuvo reparos en hacer apología de la muerte en la misma sede de la ONU y que además está documentado que era un homófobo convencido.

Perro, ¿a quién le importan los datos si alrededor del Che se puede armar una historia épica del héroe que peleaba contra los poderosos y que murió defendiendo a los más favorecidos frente a un malvado ejército en Bolivia?

Para señalar al mal periodismo se ironiza con la frase “no dejes que la realidad te estropee una buena noticia” y esto es lo que han hecho los propagandistas de izquierda desde mediados del siglo pasado.

Hasta el punto que hemos llegado a aceptar que una dictadura de derechas sea siempre condenable, mientras con las de izquierdas siempre se puede encontrar una justificación. “Augusto Pinochet es detestable, pero Fidel tiene su gracia”.

Para el demócrata Bernie Sanders “sería injusto” afirmar que “todo es malo” en el régimen comunista cubano y alaba la hospitalidad de la Unión Soviética de Brezhnev, lugar que escogió para disfrutar su luna de miel junto a su esposa. ¿Se imaginan que un líder republicano hablara maravillas del Chile de Pinochet y mostrara orgulloso su álbum de fotos de su luna de miel en la Argentina de la Junta Militar?

Otro ejemplo lo vemos cuando los países gobernados por socialdemócratas en Europa o las distintas administraciones demócratas en EEUU avalan sin pudor a gobiernos del socialismo del siglo XXI de América Latina.

Los Maduro, Correa, Ortega, Morales y compañía no son homologables con la izquierda moderada europea. No respetan la separación de poderes, persiguen a la prensa, no respetan los derechos humanos y limitan la iniciativa privada, pero una vez más les hemos aceptado el relato de la lucha contra los poderosos y los malvados empresarios.

En EEUU hemos visto como muchos líderes demócratas no han querido condenar la violencia derivada de una protesta legítima. El punto aquí es que la violencia nunca es defendible, pero la izquierda una vez más si puede permitirse ese lujo sin que pase nada.

En fin, creo que para que esta lucha de principios entre conservadores y progresistas que tiene lugar principalmente en los medios de comunicación, los ideólogos tienen que guardar en un cajón los datos y jugar la carta de las historias.

La historia de un trabajador humilde que prefiere vivir de su esfuerzo que de las ayudas del gobierno. La historia de una familia que quiere ver series de televisión plurales que le muestren distintas formas de vivir la vida y elegir la que más le guste.

Historias de mujeres, de medio ambiente, de solidaridad… Historias que no necesitan de la sal y pimienta de la izquierda y la corrección política para ser atractivas. La guerra aún no está perdida.

Ha llegado el momento de enfrentar a la izquierda en la batalla del relato.

Manuel Aguilera es fundador y CEO de HispanoPost Media Group. Es exeditor ejecutivo de la plataforma en línea de Univision y exeditor principal de Diario las Américas.

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