Siempre es buena inversión comprar una pieza única. Estos artistas de Miami crean para todos

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El color a veces encandila y los detalles sobrecogen. Detrás de la meticulosidad, de la alegría, de la fuerza de estos artistas y artesanos de Miami hay historias humanas poderosas, que hacen que sus piezas únicas sean antídoto para los objetos de producción masiva que se venden en los malls de Miami.

Cabezas de mujer esculpidas para evocar a la aviadora Amelia Earhart y a la poeta Safo de Lesbos son algunas de las piezas de Dalia Geller, una artista cubana formada en las universidades y galerías de Buenos Aires, Argentina; tacitas de café con personajes de la cultura popular cubana como La Negra Tomasa y Juana la Cubana creadas por Annie M., una artista intuitiva que trabaja donde mismo nació, en La Pequeña Habana; imágenes oníricas de una bota gigante como la de Gulliver y el rostro de un Dalí expectante, es la pieza que está pintando Omar Corrales, graduado de la academia de arte de San Alejandro. Collares, pendientes y sombreros que diseña y fabrica Cary Peraza, una cubana que hizo carrera como ceramista en Costa Rica y al llegar a Miami se levantó del “no tener un peso” a la satisfacción de ver crecer a su hija sin que le falte nada.

La trayectoria de estos artistas en esta ciudad es enriquecida por su estancia en otros países. Hacen honor a sus raíces, a veces las convierten en centro de su obra, como Annie M. –curiosamente la única que no nació en Cuba–, o viajan en el tiempo, como Geller, que construye sus mujeres de historia y arcilla con objetos reciclados, en un pequeño espacio que no se parece a un taller, y que cuando necesita hacer algo más grande, una soldadura, por ejemplo, recurre al lugar que le prestan unos amigos.

Cary Peraza muestra sus collares, carteras y ropa elaboradas a mano, que son favoritas de locales y turistas que visitan La Pequeña Habana.
Cary Peraza muestra sus collares, carteras y ropa elaboradas a mano, que son favoritas de locales y turistas que visitan La Pequeña Habana.

Durante la pandemia, Annie M. tomó tickets de la lotería de la Florida, formó mariposas y creó cuadros que tomaron vuelo propio. Por su parte, Geller encontró una terapia ocupacional en sus “guerreras”, se rebeló contra el temor y el encierro que impuso la pandemia. Escapó a la Britania de los druidas y soñó que era la reina Boudica y que expulsaba a los invasores romanos con su espada y su armadura. Voló sobre el Atlántico como Amelia Earhart con sus anteojos de futuro comprados en el Salvation Army y fue hasta la isla de Lesbos para cantar la hazaña de la madre de la literatura.

“Es muy fácil hacer cuando tienes todo a tu favor, pero cuando tienes todo en contra, que tú hagas algo y que sea muy bueno, es porque eres endemoniadamente bueno”, dice Geller, que prefiere llamarse “artesana” en vez de artista porque siempre ha estado del otro lado, como curadora de exposiciones.

Dalia Geller junto a sus “guerreras”, las muñecas que comenzó a esculpir durante la pandemia rescatando materiales del Salvation Army y de desechos.
Dalia Geller junto a sus “guerreras”, las muñecas que comenzó a esculpir durante la pandemia rescatando materiales del Salvation Army y de desechos.

“La mujer es el ser más fuerte que hay, estamos cambiando paradigmas. Hay muy pocas cosas con las que hoy puedes atar a las mujeres. No quiere decir que hemos llegado a la igualdad total, pero tengo la sensación de que estamos mucho más libres para aceptar lo que somos y lo que no somos”, añade Geller, que pasó de trabajar en galerías de arte en Buenos Aires y de diseñar muebles en un pequeño negocio de Miami que murió con la pandemia a cargar cajas de 50 libras para Amazon.

Artistas comienzan de nuevo en Miami

Cary Peraza puede dar cuenta de la fortaleza de la mujer. “No tenía trabajo, estaba deprimida y me quedé sin un centavo”, relata Peraza de sus primeros tiempos en Miami, a su llegada de Costa Rica en el 2016.

De ese momento de necesidad surgió una idea que iluminó su futuro y las posibilidades de mantener a su familia: elaborar bisutería. Para materializar el plan era clave contar con un espacio físico, así que inició su negocio montando carpas y mesas en mercados.

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Eso cambió cuando Peraza alquiló una pared en la galería Futurama, que abrió en el 2011 como un espacio de trabajo creativo y una vitrina para artistas que buscan exhibir y vender sus piezas en La Pequeña Habana.

Allí están sus piezas de bisutería hechas a mano, que toman el primer salón que recibe a los paseantes en Futurama, junto a una muñeca grande de una Menina, que, con su falda de miriñaque, se antoja más como una latina caderona que un personaje de un cuadro de Velázquez.

Futurama, un oasis para creadores en La Pequeña Habana

Los pasillos de Futurama están llenos de cuadros, de platos, de artesanías creativas. Por aquí está el azúcar eterno de Celia Cruz al óleo, por allá un cuadro de un otavaleño, que nos trae Los Andes a Miami; por allá el Caribe en un flamboyán, la cara de una mujer bella, morena y moderna, que podría ser Jennifer López.

La galería reúne a 40 artistas de diferentes nacionalidades, explica Patty Vargas, curadora de arte y gestora de eventos culturales de La Pequeña Habana, que tiene su oficina en el espacio.

La artista cubanoamericana Annie M. muestra su cuadros pintados al acrílico con personajes como Mr. Mojito, La Negra Tomasa y Juana La Cubana, en su estudio en el edificio Futurama, en La Pequeña Habana.
La artista cubanoamericana Annie M. muestra su cuadros pintados al acrílico con personajes como Mr. Mojito, La Negra Tomasa y Juana La Cubana, en su estudio en el edificio Futurama, en La Pequeña Habana.

“Tenemos un poquito de todo y la meta es que los artistas puedan tener un lugar donde exhibir con un buen precio para comprar las paredes porque eso es fundamental”, señala Vargas.

Uno de los proyectos que Vargas tiene en marcha es Umbrellas of Little Havana Art Festival, donde 40 artistas pintan una sombrilla a su estilo.

Omar Corrales es el autor de la sombrilla que ahora está en exhibición, que tiene una de sus famosas máquinas de coser antiguas, un objeto entrañable para la cultura latina, que recuerda a una abuela, a una tía sentada cerca de la ventana más iluminada de la casa, cosiendo para la calle o para la familia.

¿Qué significa para ti venir todos los días a pintar con esta disciplina? se le pregunta a Corrales, que está muy concentrado en la creación de una de sus piezas en el pequeño estudio abierto siempre al público.

“La vida misma porque en Cuba no podía hacerlo”, confiesa Corrales. “Primero, tenía que trabajar. Yo pintaba escenografía en el Ballet Nacional de Cuba, y aquí desde que me levanto hasta que me acuesto, nada más que estoy pintando, y vivo del arte”.

Graduado de la academia de San Alejandro en 1981 y profesor del Instituto Superior de Arte (ISA), Corrales trabajó en la restauración de altares en la iglesia San Juan de Letrán en el Vedado.

El pintor cubano Omar Corrales, en el edificio Futurama en La Pequeña Habana, junto a la sombrilla pintada en uno de sus temas más populares, la máquina de coser.
El pintor cubano Omar Corrales, en el edificio Futurama en La Pequeña Habana, junto a la sombrilla pintada en uno de sus temas más populares, la máquina de coser.

Ahora, sus cuadros no solo están en las paredes de coleccionistas de Miami, sino que enriquecen la carátula de discos de Chucho Valdés y Paquito D’Rivera (I Miss You Too) y de Arturo Sandoval y Kiwzo Fumero (Baby Grand).

Pero nos vamos enterando poco a poco, mientras lo vemos pintar. El efecto es de puro relax, como cuando Geller le aplica la arcilla a las “guerreras”.

Corrales cuida el detalle y mientras nos regala una anécdota de Francisco de Goya a propósito de lo difícil que es pintar las manos. Cuando “el maestro” daba un precio y le pedían rebaja, pues les quitaba las manos o los pies al retrato, por eso uno a veces se pregunta, “qué pasó ahí”, cuenta Corrales de la táctica de Goya, pintor de la corte, para que respetaran su arte.

Pasear por Futurama es tener la posibililidad de conocer la cultura de la Pequeña Habana, pero incluso más allá, echar un vistazo a los diferentes fenómenos sociales a los que se enfrenta la población hispanoamericana en Miami. Comprar su arte significa llevarse una parte única de esta ciudad.

Futurama Art Building, 1637 SW 8 St., (305) 244-0151.

Para las esculturas de Dalia Geller puede contactarla en Instagram: D’Sculptures. Para Annie M. Instagram @artbyanniem. Para Omar Corrales, @omarcorralesmora y Cary Peraza @dcarydesing.

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