La insólita teoría del ministro Kreplak que se tomó para la chacota en las redes sociales

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Nicolás Kreplak aseguró que hay 6 veces más contagios de Covid en los sectores de mayores ingresos
Télam Agencia de noticias

En los procesos complejos como lo son los biológicos y los sociológicos, hay una tentación casi irresistible y es la de creer que se pueden encontrar sin esfuerzo las causalidades relevantes. A veces, es simple: si un equipo de fútbol juega tres finales en una semana, es probable que el cuarto partido lo jueguen cansados. Ahora, en cuanto se introducen dos o tres variables más, se hace cada vez más difícil poder pronosticar un evento. O incurrir en el pariente pobre del pronóstico, la explicación posterior, que incluye el beneficio de partir del resultado.

La pandemia fue un festival de explicaciones causales simples
La pandemia fue un festival de explicaciones causales simples


La pandemia fue un festival de explicaciones causales simples

La pandemia fue un festival de explicaciones causales simples. Se partía de una premisa, como por ejemplo que el barbijo era infalible para evitar contagios. A partir de ahí, las caídas en la curva se explicaban por el buen uso del tapabocas; si la curva remontaba, se decía que “la población se relajó”. Incomprobable todo.

Sería bueno hacer en algún momento un listado de disparates que se dieron como buenos. Un poco de accountability, esa palabra inglesa que no tiene un equivalente perfecto en español pero que da la idea de rendir cuentas. “Usted dijo X, pasó Y, explíquese”. Uno de los más memorables intentos explicativos salvajes fue el de un “experto” proveniente del riñón presidencial (qué fea metáfora) que explicaba la suba de casos en el conurbano con la salida de los malditos porteños a correr por Palermo en las gélidas madrugadas del invierno 2020. El “experto” sigue siendo requerido por la prensa.

El último entusiasta fue el ministro de Salud de la provincia de Buenos Aires, Nicolás Kreplak, que divulgó un dato que el conductor Darío Barassi con su estilo único llamaría “raro”. Dijo Kreplak que según un estudio “del ministerio que trabaja en análisis de datos e inteligencia artificial, si dividimos a la población en niveles socioeconómicos, los más elevados económicamente tienen una diferencia seis veces superior en contagios con los niveles inferiores”. Raro. Incomprobable.

Kreplak no pudo resistir a la tentación explicativa: “Se me ocurre que tiene que ver con la cantidad de reuniones de fin de año que tiene cada sector. Todos esos encuentros tienen un costo, me imagino que puede tener que ver con esas condiciones. O quizás a que se hagan más en lugares cerrados. Se ha bajado la guardia, pero hay que volver a los lugares abiertos”. Para llegar a este dato el equipazo de Kreplak tiene que suponer que las condiciones de testeo son iguales en los dos ámbitos sociales, para dar un solo ejemplo. Es gracioso que un militante de un movimiento que se reclama progresista aplique la condición ceteris paribus (“siendo iguales todas las demás condiciones”) a todas las actividades de los dos grupos sociales excepto la de cómo realizan sus festejos.

De manera no menos simplista, pero con el respaldo de los datos y el sentido común, su par de la ciudad de Buenos Aires, Fernán Quirós, dijo que era exactamente al revés: “la mayoría de los contagios se dan de manera intrafamiliar, por lo que a mayor hacinamiento mayor posibilidad de contagio hay. El impacto de la primera ola se sintió muy fuerte en el sur de la Ciudad, sobre todo en los barrios más necesitados”. Consecuentemente, los sectores más carenciados desarrollaron en las primeras olas una barrera de inmunidad que los más privilegiados, que podían quedarse en sus casas sin ir a trabajar, no tuvieron.

Para decirlo de otra manera: no hay manera de que las reuniones sociales a puertas cerradas de las clases altas generen más contagios que una aglomeración de una hora en un vagón del ferrocarril Roca.

Si la discusión entre ministros de distintas jurisdicciones se dio en el marco de argumentaciones más o menos felices, en las redes sociales, el asunto se tomó a la chacota o con ironía.

Otros, más serios, prefirieron contrastar estos análisis clasistas con el fervor gubernamental de festejar en plazas y celebrar cumpleaños en privado.

En definitiva, como dice un sabio pensador norteamericano, después de dos años no sabemos por qué sube la curva que sube ni baja la que baja. Esa incertidumbre es campo fértil para la explicación fácil.

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