Los influentes de derecha han llegado al tapón del Darién

Laura Loomer, una activista de derecha, entrevistó recientemente a Ayub Ibrahim, un migrante somalí de 20 años, en un campamento de inmigrantes en Panamá. Ibrahim dijo más tarde haberse sentido emboscado. (Federico Rios/The New York Times)
Laura Loomer, una activista de derecha, entrevistó recientemente a Ayub Ibrahim, un migrante somalí de 20 años, en un campamento de inmigrantes en Panamá. Ibrahim dijo más tarde haberse sentido emboscado. (Federico Rios/The New York Times)

Ayub Ibrahim acababa de salir de la selva. Aún le dolían los pies. Un mes antes, había abandonado su hogar en Somalia, huyendo de una guerra civil, dijo, viajando primero a Turquía, luego a Brasil y finalmente cruzando a pie a través de una extensión selvática de 106 kilómetros conocida como el tapón del Darién.

Mientras descansaba en el sofocante campamento de migrantes San Vicente, en Panamá, con otros cientos de recién llegados, de repente se vio rodeado por media decena de estadounidenses con cámaras de video.

“¿Les gusta Ilhan Omar?”, le preguntó una persona. “¿Qué piensan de Joe Biden?”.

Ibrahim, de 20 años, respondió a las preguntas. Dijo que le gustaba y admiraba a Omar, la primera somalí-estadounidense en el Congreso. No sigue la política estadounidense, añadió, pero cree que Biden es un buen presidente. Cuando se le preguntó si Biden o el expresidente Donald Trump serían mejores para los inmigrantes, eligió a Biden.

Más tarde, Ibrahim dijo que se había sentido emboscado y confundido por las preguntas. No pretendía hacer una declaración política.

Pero ya era demasiado tarde.

(Federico Rios/The New York Times)
(Federico Rios/The New York Times)

Una de sus interlocutoras, Laura Loomer, activista de derecha y excandidata republicana al Congreso, ya había subido a internet un video editado de la conversación. Se había disparado por toda la red, acumulando casi 2 millones de visitas en X.

La descripción del video decía: “¡Ilegales somalíes proclaman su apoyo a Ilhan Omar y Joe Biden dentro de un campamento de migrantes en Panamá!”.

A medida que la inmigración se convierte en un tema dominante en la contienda presidencial de 2024, los medios de comunicación de derecha se han llenado de videos descarnados y a menudo engañosos de migrantes saliendo del tapón del Darién, un tramo de selva panameña sin carreteras que se ha convertido en un cuello de botella para miles de personas en su camino hacia Estados Unidos.

Los videos se presentan como prueba de lo que los republicanos suelen describir como una “invasión” de terroristas musulmanes, espías chinos y delincuentes latinoamericanos. Los videos, ampliamente difundidos en las redes sociales, culpan al presidente Biden de la migración y sugieren, falsamente, que los demócratas la fomentan para crear nuevos votantes ilegales. Se tacha a las organizaciones internacionales de ayuda de especuladores que se lucran con la miseria humana.

El New York Times rastreó gran parte de ese contenido hasta el trabajo de Michael Yon, un ex boina verde quien en los últimos tres años se ha convertido en el guía turístico al que acuden periodistas, políticos e influentes en las redes sociales de derecha que quieren ver el tapón del Darién de primera mano.

Entre esos viajeros se encuentran, junto con Loomer, los representantes republicanos Tom Tiffany, por Wisconsin, y Burgess Owens, por Utah, reporteros, productores y presentadores de pódcast de The Epoch Times, un periódico de derecha, y corresponsales de Real America’s Voice, la empresa de medios digitales que acoge el pódcast de Stephen K. Bannon.

Los videos y otros contenidos realizados por los visitantes han llegado a servir como una especie de material de archivo que acompaña las conversaciones sobre inmigración en Fox News, el programa en línea de Tucker Carlson e incluso para el propio Trump.

El viernes, el candidato presidencial republicano compartió un video en Truth Social realizado por Loomer. En él se incluían varios fragmentos de su viaje a Panamá, incluido un fragmento de su conversación con Ibrahim.

El Times siguió a un grupo mientras recorría los campamentos situados al borde del tapón del Darién, observando y grabando a los participantes, entrevistando a los migrantes y grabando videos. Los reporteros, productores e influentes se acercaron a migrantes de África, China y el Medio Oriente y los acosaron con preguntas cargadas de contenido político.

Sus publicaciones amplificaban lo que percibían como momentos “te atrapé” e ignoraban las respuestas que parecían desafiar sus ideas preconcebidas.

En el video de abajo Loomer le pregunta a Ibrahim sobre la ley islámica, pero editó partes de la entrevista en la versión publicada en X.

A la pregunta de si Naciones Unidas o grupos humanitarios le habían dado dinero, Ibrahim respondió que no. También dijo que, como musulmán, apoyaba la igualdad de derechos para las mujeres y se oponía a la discriminación de personas de la comunidad LGBTQ. Esas partes de la entrevista se cortaron de la versión publicada en internet y no aparecieron en las declaraciones posteriores de Loomer.

En una entrevista en un programa de entrevistas de Infowars, la plataforma de extrema derecha, Loomer cuestionó si los musulmanes que encontró, incluido Ibrahim, eran “yihadistas o personas con tendencias yihadistas”.

Cuando se le contactó al día siguiente en un autobús con destino a Costa Rica, Ibrahim dijo que lamentaba la experiencia. “Ella quiso dar una mala imagen de los inmigrantes al mundo”, dijo, refiriéndose a Loomer. “Sus preguntas no fueron justas”.

The New York Times grabó las respuestas de Ibrahim a Loomer. Dijo que se oponía a los crímenes de honor y a la discriminación de personas de la comunidad LGBTQ. Esas partes de la entrevista fueron cortadas de la versión publicada en X.

Según los expertos, los videos de inmigrantes en Panamá se han convertido en armas en la batalla informativa que se libra en torno a la inmigración. El contenido, repetido una y otra vez en internet, es muy eficaz, sobre todo para crear la percepción de amenaza de violencia, afirmó Guadalupe Correa-Cabrera, profesora de ciencias políticas de la Universidad George Mason, que ha estudiado el impacto de las redes sociales en la inmigración.

Las imágenes, señaló, tienden a centrarse en los hombres jóvenes y a excluir a las mujeres y los niños, que podrían generar respuestas más empáticas. A menudo se hace referencia a los inmigrantes como “hombres en edad militar” e “invasores”, y sus alegaciones de persecución política o religiosa en su país se tachan regularmente de mentiras ensayadas.

“Esto está sacado directamente del manual sobre cómo construir una narrativa”, dijo Correa-Cabrera.

Los influentes y las figuras de los medios de comunicación que participan en las giras sostienen que están arrojando luz sobre una crisis que los principales medios de comunicación minimizan o se niegan a cubrir. Loomer se describe a sí misma como periodista. “Mis reportajes fueron muy impactantes”, afirmó.

Centrarse en los inmigrantes musulmanes y chinos puede crear una impresión distorsionada. Según el gobierno panameño, aproximadamente el 90 por ciento de las 520.000 personas que cruzaron el Darién el año pasado eran sudamericanos y caribeños. La gran mayoría de ese grupo procede de Venezuela, Ecuador y Haití, países que atraviesan convulsiones económicas y políticas.

El número de inmigrantes procedentes de África, China y Medio Oriente que llegan a través del tapón del Darién se ha disparado en los dos últimos años, pero representa menos del 8 por ciento del total. Panamá examina a los migrantes de esas regiones en busca de posibles conexiones delictivas o terroristas. Hasta ahora, la amenaza terrorista que podrían representar es teórica. Varios estudios académicos no han encontrado correlación alguna entre la inmigración y los actos terroristas, según un informe del Consejo de Relaciones Exteriores publicado el pasado otoño.

Los críticos advierten que la cobertura incendiaria de estos complejos problemas solo sirve para agravar una crisis humanitaria.

“La falsa representación de los migrantes que cruzan la brecha como invasores o ilegales pone en peligro sus vidas”, afirmó Sandie Blanchet, representante de UNICEF en Panamá. “Puede justificar un trato duro e incluso violencia contra ellos”.

Dentro de una ‘investigación de invasión’

En una calurosa tarde de febrero fuera de un campamento de migrantes del gobierno en el borde del río Chucunaque, Yon escoltó a un reportero y fotógrafo de The Epoch Times hasta una colina, haciendo una pausa para señalar a tres migrantes venezolanos cansados cojeando a través de un puente.

“Si perdemos esto, se acabó. ¿Me entienden? Estados Unidos está acabado”, dijo.

En algunos círculos de derecha, una invitación para viajar con Yon se ha convertido en una especie de billete dorado que promete acceso sobre el terreno y publicidad a su regreso.

Veterano de las Fuerzas Especiales, Yon tiene desde hace tiempo un don para llamar la atención. En su autobiografía, relata cómo mató a un hombre con sus propias manos en una pelea en un bar (al final se retiraron los cargos en su contra). Tiempo después llegó a los titulares como bloguero y fotógrafo de frente de batalla en plena guerra en Irak y Afganistán.

Desde entonces se ha sumergido en la política de derecha de todo el mundo. En 2014, fue reclutado por activistas japoneses para cuestionar la existencia de las más que verificadas “mujeres de solaz”, las coreanas obligadas a la esclavitud sexual durante la Segunda Guerra Mundial. Más recientemente, se unió a los agricultores neerlandeses que protestaban contra la reforma medioambiental, alegando que formaba parte de un plan para sustituir a la población del país por inmigrantes.

El 6 de enero de 2021, estuvo frente al Capitolio de Estados Unidos y más tarde dijo falsamente que los alborotadores habían sido atizados por “agentes provocadores” relacionados con Antifa.

Ese año fue un punto de inflexión para la migración a través del tapón del Darién, un inhóspito tramo de selva montañosa plagada de serpientes venenosas y bandas errantes de delincuentes. Lo que había sido un goteo de unos pocos miles de personas que cruzaban la brecha cada año se convirtió en 133.000, un incremento impulsado en gran medida por los haitianos que huían del caos económico.

Yon llegó a Panamá en febrero y poco después comenzó sus giras, incluida una con Tiffany y Owens. En total, calcula que ha traído hasta 60 personas para que vean los campos en persona, y trata de permanecer entre bastidores. “Solo quiero que la gente lo vea y decida por sí misma”, afirmó.

Pero a menudo se presenta a sí mismo como un experto, participando en frecuentes entrevistas con el teórico de la conspiración Alex Jones, así como en un video de 2022 titulado “Invasión extranjera” producido por el representante Andy Biggs, republicano por Arizona.

Yon asegura que no obtiene ningún beneficio económico de los viajes. Los invitados cubren sus propios gastos, incluidas las habitaciones de 35 dólares por noche en un modesto hotel a pocos pasos de un campo de inmigrantes. También recauda dinero por internet: una campaña de recaudación de fondos de convocatoria colectiva iniciada en febrero para pagar una “misión de investigación sobre la invasión de inmigrantes en el tapón del Darién” ha recaudado poco menos de 13.000 dólares.

Loomer, por su parte, intentó inicialmente recaudar 14.500 dólares para financiar un viaje de siete días, pero superó con creces ese objetivo, ampliando su estancia tres días más y recaudando cerca de 28.000 dólares. Dijo no haberse lucrado con eso.

La semana pasada puso en marcha una nueva recaudación de fondos en internet, con la que pretende conseguir 100.000 dólares para financiar una película sobre sus experiencias en Panamá. El título será “El gran reemplazo”, en referencia a la teoría de la conspiración según la cual los demócratas están fomentando la inmigración para reemplazar a los votantes blancos.


Una narrativa que se afianza

Yon y sus giras a menudo atacan a las organizaciones humanitarias que trabajan en la zona, reservando una ira particular para una agencia de las Naciones Unidas: la Organización Internacional para las Migraciones. Los grupos, dicen, incentivan la migración proporcionando asistencia sanitaria, apoyo psicológico y nutrición antes y después de que los migrantes emprendan el viaje.

Esa ayuda se paga con contribuciones gubernamentales y donaciones privadas, fondos que Yon califica de “beneficios” que motivan a las organizaciones a fomentar más la migración.

Diego Beltrán, director interino para América Central, del Norte y el Caribe de la organización de migración, rebatió la caracterización, señalando que la ONU no obtiene beneficios de sus actividades y que trabaja para encontrar alternativas a la migración. El organismo ha ayudado a más de cuatro millones de migrantes a establecerse legalmente en Sudamérica en lugar de trasladarse al norte, a Estados Unidos, dijo.

“Hay mucha desinformación en este ámbito”, afirmó Beltrán. “Está claro que la migración es cada vez más una cuestión política en muchos países. Pero no estamos de acuerdo con los esfuerzos por estigmatizar a los migrantes y aumentar la xenofobia.“

Otro blanco de ataques es HIAS, antes conocida como Sociedad Hebrea de Ayuda al Inmigrante, una organización estadounidense sin fines de lucro que presta servicios, como asistencia jurídica y salud mental, a los inmigrantes. Las giras de Yon se han quejado de los grandes mapas de la región que la organización publica en algunas de sus instalaciones en Panamá, alegando que animan a la gente a hacer el viaje.

Funcionarios de HIAS afirman que los mapas, que no detallan rutas específicas a través del Darién, tienen por objeto ayudar a los migrantes a encontrar puestos de ayuda.

“Desde luego, no fomentamos la migración”, dijo Mark Hetfield, presidente de HIAS. “Lo único que ofrecemos es una forma de ayudar a los que llegan allí”.

Hetfield dijo que muchas de las críticas a su grupo se basaban en el antisemitismo, señalando que el hombre que asesinó a 11 personas en una sinagoga de Pittsburgh en 2018 había publicado con frecuencia diatribas sobre el grupo. “A HIAS le gusta traer invasores que matan a nuestra gente”, publicó en línea el asesino pocas horas antes del ataque.

Yon también ha afirmado, sin pruebas, que el grupo está ayudando a migrantes peligrosos a entrar en Estados Unidos. “Van a gritar ‘¡Allahu akbar!’ y les van a disparar”, dijo, utilizando una obscenidad, en un mitin antiinmigración el mes pasado cerca de Eagle Pass, Texas. “Y están cruzando la frontera, financiado con dinero judío”.

Hay algunas pruebas de que la narrativa cultivada por Yon y otros en sus grupos está teniendo impacto. Este mes, después de que influentes que visitaron la región publicaran decenas de quejas en línea sobre mapas colgados por grupos internacionales, la directora del Servicio Nacional de Migración de Panamá expresó una preocupación similar, calificándola de “irresponsable”.

HIAS ha retirado desde entonces algunos de sus mapas en la región, diciendo que lo hizo por “razones de seguridad”.

Ángeles de la selva

Yon ha forjado estrechos vínculos con el gobierno panameño, y en particular con su patrulla fronteriza. Sus grupos han recibido con frecuencia acceso sin restricciones a las instalaciones para migrantes, mientras que a los periodistas convencionales se les suele prohibir.

Una de las claves de ese acceso es Oscar Ramirez, activista mexicano y corresponsal de Real America’s Voice, que desde principios del año pasado trabaja con Yon en Panamá como intermediario y traductor. Con porte militar, saluda a los agentes fronterizos con abrazos en los puestos de control y recibe escolta armada en las caminatas por el propio tapón del Darién. Y mientras no duda en arremeter contra las organizaciones internacionales, llama a la patrulla fronteriza “ángeles de la selva” en publicaciones en redes sociales y reportes noticiosos.

En un reciente foro sobre seguridad celebrado en Ciudad de Panamá, Nelson Moreno, oficial de protocolo de la patrulla fronteriza, describió a Ramirez como “una parte integral de nuestro ADN fronterizo”.

Dos días antes, un guardia fronterizo impidió a periodistas del Times viajar a una aldea indígena donde Ramírez y Yon, junto con aproximadamente una decena de influentes estadounidenses, estaban filmando a migrantes.

Aunque no hubo más testigos del episodio, Loomer lo comentó en una entrevista en Infowars, el sitio web de derecha fundado por Jones, al día siguiente, al afirmar que la agencia consideraba a los periodistas del Times un “riesgo para la seguridad”.

Yon dijo más tarde que se había enterado del episodio por fuentes de la región. No se puede hacer un movimiento en el tapón del Darién, dijo en una entrevista con el Times, “sin que yo me entere”.


Creación constante de contenido

A lo largo de 10 días, Loomer visitó cuatro centros de migrantes, navegó por ríos en canoas motorizadas, atravesó el canal de Panamá y publicó casi 100 veces en X sobre el viaje. Un video tiene más de 4,5 millones de visitas y fue compartido por Michael T. Flynn, exasesor de seguridad nacional de Trump.

“Estamos siendo invadidos”, dijo Loomer en la grabación, mientras subía a un autobús con migrantes. “Estamos siendo reemplazados y no es casualidad que esté sucediendo en un año electoral”.

En el abarrotado campamento de San Vicente, Yazdan Faramehr, un fisicoculturista iraní de 29 años que habla bien inglés, estaba rodeado de estadounidenses con cámaras de video. Mientras le acribillaban a preguntas, les dijo que esperaba empezar de cero en la numerosa comunidad persa de Los Ángeles.

Pero Faramehr se sintió incómodo cuando Loomer, que en una ocasión se identificó como una “orgullosa islamófoba”, pero que ahora rechaza la etiqueta, empezó a preguntar sobre los iraníes que vienen a Estados Unidos a “cometer actos de terrorismo islámico”. Preocupado por llamar una atención no deseada o por poner en peligro a su familia, pidió que el grupo no utilizara su imagen.

De todas formas, Yon publicó un clip en X. Recibió decenas de respuestas de personas que especulaban que Faramehr, que dijo trabajar en recursos humanos en Teherán, era un intruso peligroso con una agenda secreta.

Cuando se le contactó mientras viajaba hacia el norte desde Panamá, Faramehr dio permiso al Times para utilizar su foto. Dijo que le parecía justo que la gira de Yon “criticara el sistema de inmigración de su país”, pero sintió que habían intentado tenderle una trampa.

“Para ser sincero”, dijo, “ojalá nunca hubiera hablado con ellos”.

Kitty Bennett colaboró con la investigación. Julie Turkewitz colaboró con el reportaje.


Ken Bensinger
cubre los medios de comunicación de derecha y las campañas políticas nacionales para The Times. Más de Ken Bensinger

Kitty Bennett colaboró con la investigación. Julie Turkewitz colaboró con el reportaje.

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