1 / 5

Huertas orgánicas caseras, algo sencillo de hacer que nos cambia la vida y ayuda al planeta

Una mujer riega la huerta orgánica de su vivienda en la provincia de Neuquén, Argentina. (Gobierno)

Huertas orgánicas caseras, algo sencillo de hacer que nos cambia la vida y ayuda al planeta

En pequeños espacios, ya sea en jardines o en balcones y macetas, se pueden cultivar vegetales, hortalizas y hierbas aromáticas.

Por Mario Cippitelli – Neuquén, Argentina – @Chipitelix

No se necesita demasiado espacio. Es cuestión de decisión, paciencia y ganas de comenzar con un proyecto ecológico que además dará buenos resultados.

Las huertas orgánicas caseras o comunitarias se convirtieron en una tendencia de producción que va creciendo cada vez más con el correr del tiempo.

En la Patagonia argentina –como buena parte del país-, este tipo de cultivos comenzó hace unos 20 años de manera experimental, pero ya es un fenómeno popular.

En balcones, terrazas, pequeños espacios de tierra y hasta en pequeñas macetas, centenares de personas se dedican a la producción de verduras 100 por ciento orgánicas.

En la provincia de Neuquén esa tendencia es tan marcada ya que el gobierno local incentiva esta práctica a través de programas específicos de ayuda e incentivo y ferias en las que pequeños productores muestran sus cosechas. La mayoría no lo hace por una cuestión comercial sino por los beneficios saludables y el placer de consumir lo que cada uno produce.

En estas exposiciones que se organizan participan unos 50 emprendedores con alrededor de 10.000 plantines producidos que se venden a muy bajo costo. Lo recaudado vuelve como apoyo al trabajo en un círculo virtuoso que se repite todos los años.

La mayoría reconoce que lo más interesante de la experiencia con la producción orgánica pasa por el trabajo en equipo. En las huertas del Proda (Programa de Desarrollo Agropecuario), se armó una red comunitaria en la que no faltan solidaridad, trabajo en equipo y mucho compañerismo.

Los productores aseguran que la verdura orgánica tiene grandes diferencias con las que se consiguen habitualmente en los comercios tradicionales: el color es distinto, son más sabrosas y, lo más importante, no tienen ningún riesgo químico.

“Comencé a hacerlo como un pasatiempo, pero hoy le dedico varias horas al día”, dijo Bernardo, un jubilado que ya tiene una pequeña pero frondosa huerta en el jardín de su casa en el oeste de la ciudad, pero que no participa en los programas gubernamentales. Aseguró que él mismo produce los plantines y toda su familia consume tomates, lechugas, morrones y todo tipo de verduras que crecen en un espacio no muy grande. “Me gustaría tener más espacio, pero me conformo con este que es suficiente”, dijo.

Amelia, otra productora “casera” consultada por Yahoo, sostuvo que, más allá de lo “hermoso que es consumir lo que uno produce”, también se convirtió en algo importante para la economía del hogar.

“Hay muchas verduras que dejamos de comprar porque las producimos en nuestro jardín”, dijo la mujer que cuenta con la ayuda de su marido y sus hijos para el mantenimiento de la huerta. “Al principio parecía difícil, pero fuimos aprendiendo y hoy ya no tenemos ningún problema”, indicó.

Los especialistas aseguran que armar una huerta ecológica y casera no es imposible. Sólo se necesita adquirir mínimos conocimientos como la preparación de la tierra, ya sea en almácigos, macetas o en los patios y los cuidados que requiere cada variedad de verdura o hierbas que se quieran producir.