La huelga del personal de cabina de Ryanair cancela decenas de vuelos en Europa

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FOTO DE ARCHIVO: Un avión de Ryanair se prepara para despegar del aeropuerto Humberto Delgado de Lisboa

Por Catarina Demony y Miguel Pereira

LISBOA/BRUSELAS, 24 jun (Reuters) -Algunos tripulantes de cabina de Ryanair se declararon en huelga el viernes en Bélgica, España y Portugal, en una disputa sobre los salarios y las condiciones de trabajo, la última de una ola de paros protagonizada por trabajadores de diferentes sectores en Europa.

El aumento de la inflación en toda Europa ha hecho que millones de trabajadores tengan que hacer frente a un mayor coste de la vida, lo que ha llevado a los sindicatos a exigir mayores aumentos salariales, a menudo respaldados por convocatorias de huelga.

Las aerolíneas y los operadores aeroportuarios de toda Europa también han tenido que lidiar con la escasez de personal para gestionar el flujo de pasajeros, a medida que la demanda de viajes se recupera con el fin de la mayoría de las restricciones del COVID-19. Los trabajadores de otras compañías aéreas, como British Airways, también están planeando huelgas este verano.

Los sindicatos de personal de cabina de Ryanair de Bélgica, España y Portugal convocaron una huelga de tres días a partir del viernes. En Francia e Italia se espera que el personal se declare en huelga durante el fin de semana. Los tripulantes de España volverán a hacer huelga el 30 de junio y el 1 y 2 de julio.

Trabajadores afirman que la aerolínea irlandesa no respeta las leyes laborales locales que cubren cuestiones como el salario mínimo e instan a los jefes de Ryanair a mejorar las condiciones de trabajo.

"Las condiciones son terribles", dijo Ricardo Penarroias, presidente de SNPVAC, el sindicato que respalda el paro de Portugal. "A un miembro de la tripulación no se le permite ni siquiera llevar una botella de agua en un vuelo".

Ryanair dijo a Reuters la semana pasada que había negociado acuerdos laborales que cubren el 90% de su personal en toda Europa y que no esperaba una interrupción generalizada este verano.

ESPIRAL DE PRECIOS Y SALARIOS

Gran parte del malestar laboral se ha centrado en el sector del transporte, que afronta el regreso de los viajes tras los confinamientos por la pandemia.

Los sindicatos franceses convocaron el viernes una huelga nacional de trabajadores ferroviarios para el 6 de julio y una movilización también ha paralizado la red ferroviaria británica esta semana.

El sindicato francés CGT está organizando una huelga de un día para el viernes para pedir un aumento de los salarios de los trabajadores de las refinerías de petróleo, tras el fracaso de las conversaciones con el operador TotalEnergies.

Con una inflación superior al 8% en la zona del euro, un máximo de 40 años del 9,1% en Reino Unido y dos dígitos en algunas economías de Europa Central y del Este, las autoridades temen que se produzca una espiral de demanda de subidas salariales que agrave las presiones inflacionistas.

La directora del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, ha advertido que cuanto más tiempo se mantenga la inflación alta, más probable será que influya en las negociaciones salariales.

Los sindicatos de pilotos y tripulantes de cabina de Brussels Airlines, la filial belga de Lufthansa, también iniciaron una huelga el jueves. A lo largo de los tres días, Brussels Airlines espera cancelar alrededor del 60% de sus 533 vuelos.

Ryanair dijo en un comunicado que menos del 2% de sus 3.000 vuelos del viernes se habían visto afectados por las huelgas, principalmente debido a lo que describió como "interrupciones menores" en Bélgica.

"Ryanair espera que más del 98% de sus 3.000 vuelos diarios operen con normalidad el sábado y el domingo", una cifra que incluye las interrupciones por las huelgas de los tripulantes de cabina y de los operadores de control de tráfico aéreo franceses, así como por la escasez de personal en los aeropuertos, dijo.

Medios locales de Bélgica afirmaron que se cancelarán 127 vuelos en el aeropuerto de Charleroi, cercano a Bruselas, lo que afectaría a 21.000 pasajeros. En el aeropuerto de Bruselas se cancelarían otros diez vuelos diarios de Ryanair.

DERECHOS DE LOS TRABAJADORES

En Lisboa, se cancelaron dos vuelos el viernes hasta ahora, ambos con destino a Bruselas. Un total de 18 vuelos de Ryanair entre Bruselas y ciudades españolas fueron cancelados el viernes y el sábado, informó el sindicato español de personal de cabina, USO.

USO dijo que este fin de semana se cancelaron cinco vuelos desde la ciudad francesa de Marsella y uno desde Burdeos a destinos turísticos en España como Ibiza y Palma de Mallorca.

En España, el Gobierno obligó a la compañía a operar entre el 73% y el 82% de los vuelos durante el periodo de huelga para mantener los servicios mínimos, lo que obligó a la mayoría a ir a trabajar.

Ernesto Iglesias, de USO, dijo que la decisión del Gobierno limitaba el derecho de huelga de los trabajadores.

Un pequeño grupo de trabajadores de Ryanair aprovechó su tiempo libre para unirse a las manifestaciones en los aeropuertos de Valencia y Barcelona. Un manifestante llevaba un cartel que decía: "El Gobierno español es cómplice de Ryanair".

Comentando la situación en España, el director general de Ryanair, Eddie Wilson, dijo que los trabajadores de este país exigían un aumento salarial del 165%.

El sindicato SNPVAC dijo que no se cancelarían muchos vuelos desde los aeropuertos portugueses porque la aerolínea puso a los huelguistas en espera y pidió a los tripulantes de cabina de otros países que los sustituyeran. Ryanair ha dicho que el SNPVAC sólo representa el 3% de su personal en Portugal.

A las afueras del aeropuerto de Lisboa, el estadounidense Michael Rossides, de 59 años, dijo que había reservado un vuelo de EasyJet porque pensaba que Ryanair lo cancelaría, pero que al final no fue así.

"Hemos perdido una buena cantidad de tiempo, un par de horas más y unos cientos de dólares", dijo.

(Información de Catarina Demony, Patrícia Rua y Miguel Pereira en Lisboa, Inti Landauro, Corina Rodríguez y Christina Thykjaer en Madrid y Philip Blenkinsop en Bruselas; editado en español por José Muñoz y Benjamín Mejías Valencia)

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