Este 'hombre de plástico' tiene una capa y una misión de superhéroe

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Modou Fall, cuya organización se enfoca en educar a los residentes de Senegal sobre los peligros de la basura de plástico, sostiene un cartel que dice
Modou Fall, cuya organización se enfoca en educar a los residentes de Senegal sobre los peligros de la basura de plástico, sostiene un cartel que dice "no a las bolsas de plástico", en el maratón anual en Dakar, Senegal, el 21 de noviembre de 2021. (Ricci Shryock/The New York Times)

DAKAR, Senegal — Mientras los corredores de maratón se estiraban y ocupaban sus lugares en la línea de salida, un hombre se destacó porque estaba vestido, de pies a cabeza, con plástico.

Una capa multicolor completamente hecha con bolsas de plástico barría el suelo arenoso. Sobre su cabeza tenía un sombrero construido con gafas e plástico.

Pero este hombre, Modou Fall, no competía en el maratón anual que cada noviembre se realiza en Dakar, la capital de Senegal. Estaba participando en una carrera distinta: una que intenta salvar a ese país de África occidental del flagelo de los desechos plásticos que obstruyen sus vías fluviales, estropean sus playas blancas y vuelan constantemente por sus calles.

Como el maratón atrae a grandes multitudes de personas y cuenta con una gran presencia en los medios, no podía dejar pasar la oportunidad de promover su causa.

Mientras agitaba la bandera senegalesa y portaba un altavoz en el que resonaban canciones sobre los daños causados por el plástico —“Me gusta mi país, por eso le digo no a las bolsas de plástico”, dice una de las composiciones—, Fall se movía entre los corredores con su larga capa de plástico antes de que comenzara la carrera.

Muchos de los competidores le pidieron selfis y cayeron en una de sus tácticas habituales: aprovechar cada oportunidad para dar una lección amable sobre los problemas ambientales.

Después de que el último grupo de corredores salió de la zona de inicio, Fall y su equipo de voluntarios comenzaron a recoger las botellas de agua vacías y las bolsas de plástico que dejaron atrás.

Es probable que para los corredores extranjeros y los turistas que visitaron Dakar por el maratón ese haya sido su primer encuentro con Fall pero, para los residentes locales, él es una presencia familiar conocida como el “hombre de plástico”.

Diseño propio con un mensaje claro

A menudo se le ve bailando por las calles y vestido con un traje de diseño propio, en constante evolución, que está completamente hecho de plástico, en su mayoría de las bolsas recolectadas por toda la ciudad. En el pecho lleva un cartel que dice “NO A LAS BOLSAS DE PLÁSTICO”. Es una lucha que se toma muy en serio.

Su traje se inspira en el Kankurang, una imponente figura tradicional profundamente arraigada en la cultura senegalesa que acecha los bosques sagrados y viste un sudario de hierbas tejidas. El Kankurang es considerado como un protector contra los malos espíritus y es el encargado de enseñar los valores comunales.

Modou Fall, quien trabaja para educar a los residentes de Senegal sobre los peligros de los desechos de plástico, en el maratón anual en Dakar, Senegal, el 21 de noviembre de 2021. (Ricci Shryock/The New York Times)
Modou Fall, quien trabaja para educar a los residentes de Senegal sobre los peligros de los desechos de plástico, en el maratón anual en Dakar, Senegal, el 21 de noviembre de 2021. (Ricci Shryock/The New York Times)

“Me comporto como el Kankurang”, dijo Fall en una entrevista reciente. “Soy educador, defensor y protector del medio ambiente”.

Aunque los desechos plásticos son un grave problema ambiental en todo el mundo, estudios recientes han encontrado que Senegal, a pesar de su tamaño relativamente pequeño, se encuentra entre los principales países que contaminan los océanos del mundo con plástico. En parte, eso se debe a que tiene problemas para manejar los desechos, como sucede en muchos países pobres, y tiene una gran población que vive en las costas.

En un esfuerzo por reducir sus problemas de contaminación, el gobierno de Senegal implementó la prohibición de algunos productos plásticos en 2020, pero el país ha tenido dificultades para que eso se cumpla. Se proyecta que Senegal, con una población de alrededor de 17 millones de personas, genere para 2025 más de 700.000 toneladas métricas de desechos plásticos mal administrados, si no se hace nada. En comparación, se calcula que Estados Unidos, un país mucho más grande, producirá unas 337.000 toneladas métricas.

Fall, de 48 años, ha estado luchando contra los desechos plásticos durante la mayor parte de su vida adulta. Es un soldado retirado, con un carisma discreto, y notó por primera vez los efectos dañinos del plástico durante su servicio militar en 1998. Estuvo apostado en el este rural de Senegal, hogar de muchas comunidades de pastores, donde vio que las vacas se enfermaban porque ingerían los fragmentos de bolsas de plástico que cubrían el árido paisaje.

Los pastores sacrificaban a sus valiosos animales antes de que murieran sin que pudieran hacer nada al respecto. Al menos, de esa manera consumir su carne no sería haram, un término con el que se designa a los actos prohibidos por el islam.

Después de su servicio militar, Fall vendía camisetas y boyas salvavidas en el concurrido mercado Sandaga de Dakar, donde decenas de comerciantes trabajan con todo tipo de productos que suelen estar empacados en plástico. Las bolsas de plástico eran baratas y abundantes, y los comerciantes las tiraban a la calle, sin percatarse de cómo podían afectar al medio ambiente.

Durante meses, Fall trató de que sus compañeros comerciantes reconocieran la amenaza ambiental que representa el uso de tanto plástico y, si lo usaban, que lo desecharan de la manera adecuada. Pero nadie lo escuchó. El mercado era un desastre.

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Por su cuenta

Harto, un día decidió predicar con el ejemplo. Y empezó a limpiar todo el mercado por su cuenta.

“Me tomó 13 días, pero lo logré”, dijo.

Aunque el plástico volvió a verse en el mercado, logró que algunos de los dueños de los puestos lo pensaran dos veces.

Y, en ese momento, detener la creciente ola de plástico se convirtió en la obsesión de Fall. “Si seguimos así, la vida de las generaciones futuras está en peligro”, dijo.

En 2006, Fall usó los ahorros de toda su vida, poco más de 500 dólares, para fundar su asociación, Senegal Propre, o Senegal limpio.

Plantó docenas de árboles en toda la ciudad y convocó a reuniones comunitarias para persuadir a la gente de que dejara de comprar plásticos desechables. También organizó campañas de limpieza y reciclaje de neumáticos en los populosos barrios de Dakar, donde sus recicladores esquivan a los taxistas y vendedores ambulantes mientras trabajan.

Pareciera que el mensaje de Fall está funcionando. En el maratón de noviembre, que es la tercera ocasión en la que se presenta para hacer labores de limpieza, algunos de los corredores ya conocían su frase favorita y se la gritaban al pasar: “¡No a los residuos plásticos!”.

A lo largo de la ruta del maratón, Fall y su equipo de 10 jóvenes voluntarios con camisetas verdes y guantes estuvieron desplegados para acometer su operación de limpieza.

El grupo recogió botellas de agua frente al Museo de las Civilizaciones Negras de Dakar, que tiene una de las mayores colecciones de arte de África. Los voluntarios también recolectaron cientos de bolsas de plástico en el frondoso campus de la Universidad Cheikh Anta Diop y recogieron vasos de plástico en el bullicioso centro de la ciudad, conocido como Plateau, donde se encuentra el palacio presidencial y muchas embajadas.

Uno de los barrios por los que pasaron fue Medina, construido por los franceses durante la época colonial, y donde nació Fall. Después de que su padre falleció, cuando él tenía 4 años, la madre de Fall trasladó a la familia a los suburbios. Como era madre soltera, luchaba para llegar a fin de mes con su trabajo como administradora de un restaurante, y Fall tuvo que dejar la escuela después de solo seis años de educación primaria para ayudar a mantener a la familia y trabajar en metalurgia o pintando casas. Después de la muerte de su madre, se unió al ejército.

A media tarde del día del maratón, Fall y su equipo se tambaleaban bajo el peso del plástico que habían recogido. Luego llegó una camioneta y entregaron cientos de botellas de plástico.

El equipo se tomó un breve descanso para almorzar. Pero no dejaron de trabajar. Todavía estaban concentrados en su misión. Faltaban 8 kilómetros de la ruta del maratón, por lo que Fall volvió a ponerse en marcha, con su capa de plástico flotando a su alrededor.

© 2022 The New York Times Company

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