‘Los hermosos’, una novela de soñadores

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Me gusta trabajar en cafés donde oscilo entre los franceses y los cubanos. Hoy, mientras en Café Crème me sirven el capuccino y dos tartines recubiertos por una costra exquisita elijo también entre dos libros: Los Hermosos (Suburbano ediciones) de Hernán Vera Álvarez (Buenos Aires, 1977) y París era una fiesta de Ernest Hemingway. El primero lleno de marcas, comentarios y frases con resaltador, preparación para esta entrevista. El de Papa, mudo, limpio, contenido porque pertenece a la biblioteca pública.

Pero los libros no se quedan callados y no hay para el lector mayor placer que oírlos conversar. Hemingway escribe “Dicen que las simientes [en inglés ‘seed’; yo no sé por qué no lo tradujeron como ‘semillas’, más directo, más Hemingway] de todo lo que haremos está en todos nosotros pero a mí me parece que en los que bromean con la vida las simientes [¡semillas!] están cubiertas con mejor tierra y más abono”. Encuentro dos puntos minúsculos de Bic negra, uno al principio de la frase y otro al final.

Recuerdo una charla con Vera en la que yo sostenía que la única contra que tenía leer libros de la biblioteca pública consistía en que no se puede resaltar o escribir notas al margen. Y él me contaba que tenía un sistema de puntos ínfimos que parecen ser los de la Bic con los que me acabo de cruzar en la noche parisina. Vera deja en esos libros coordenadas anónimas para el que la encuentre. Como suele decir, escribir es lanzar una botella al mar.

portada
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Los hermosos es su segunda novela (ya había publicado antes dos libros de relatos, dos de poesía y como editor cuenta además con numerosas antologías). Allí nos deja muchos puntos minúsculos de Bic, coordenadas de su escritura como su voz rioplatense en un mar de acentos, la circulación trans-género de múltiples registros o la afinidad melodramática con Manuel Puig.

Se trata de una obra híbrida, que tiene como background el 11 de septiembre. Un escritor llega a Miami (con muchos menos recursos que el exagerado de Ernest Hemingway) y mientras rearma su vida debe compartir un apartamento con una fauna muy numerosa de inmigrantes indocumentados. Los intentos de supervivencia utilizan variados recursos. A lo largo de sus páginas Vera se florea en el amplio rango de su escritura: la prosa teatral, el diario personal, un speech de ventas, el email, el coqueteo con el policial. Cada vuelta de página puede esconder un quiebre de género.

Los Hermosos es una novela de soñadores y de lo que están dispuestos a sacrificar para no perder esos anhelos, para mantenerlos a flote a pesar de todo. Publicada por SED (Suburbano Ediciones) en 2021, la novela recuerda que Miami (o para el caso cualquier otra ciudad) no resulta hospitalaria para los inmigrantes de a pie. Nadie dice que la pasó bien hasta que mucho tiempo después lo pone en perspectiva y concluye que a veces podría haber sido mucho peor. En algún momento nos damos cuenta de que Miami era una fiesta: no nos invitaron pero allí estábamos. Con una pizza de Domino’s y una Coca alcanzaba. Había risas hermosas pero cubiertas con mejor tierra y más abono.

Llama la atención el rango de géneros o registros que integran esta historia. ¿Cómo los trabajaste?

El primer lector de una obra siempre es el autor, de ahí que trato de no aburrirme. Los distintos registros tienen que ver más con esa intención que con una demostración de destreza estilística. Creo que los registros le dan una sustancia a la historia que la fortalece.

En algún momento comentabas tu fastidio con que lo que más llamaba la atención de tu biografía eran los años que estuviste sin papeles. Y según tus palabras, llega en este momento tu novela más autobiográfica donde recuperás mucho de esos años. ¿Por qué ahora?

Supongo que llama la atención, entre otras cosas, porque la mayoría de los escritores que vinieron a este país lo hicieron como asilados políticos o porque consiguieron trabajo en alguna universidad o algo por el estilo, es decir, han tenido un paraguas legal, incluso, me han dicho, hasta algunos le daban dinero para estudiar, alimentos y gasolina. Mi caso ha sido diferente. Es mi novela más autobiográfica porque casi todo lo que ocurre es verdad. Mientras vivía en un pequeño apartamento con ocho personas pasaban tantas cosas surrealistas que me parecía interesante escribirlas. En ese sentido, esta novela la escribí en caliente, viviendo los acontecimientos. Se publicó ahora porque se cumplían veinte años del 11 de Septiembre y a la editorial le pareció conveniente sacarla para esa fecha.

El argumento principal de esta historia se desarrolla a través de un diálogo, una prosa muy teatral y a veces en el límite de lo costumbrista en el exilio. ¿Qué autores u obras tomaste como referencia?

Si bien me gustan las novelas “lineales”, en esta ocasión quise escribir una que tuviera una estructura más libre, algo que es común en la narrativa argentina. Son novelas abiertas, o, como decía Cortázar, “despeinadas”. Allí están los ejemplos de Marechal, Puig, Piglia, Aira, el mismo Cortázar.

Es imposible no pensar en Eduardo, el escritor, como un alter ego de Vera. ¿Cómo construiste ese personaje?

No fue difícil porque, como bien señalás, hay bastante de mí en Eduardo, como en la parte del “Diario de New York” como en las pautas que tienen los vendedores para los paquetes turísticos a Miami y Orlando que existieron. En ese trabajo duré una semana: ¡jamás logré vender un viaje en crucero! Recuerdo que los empleados que más vendían eran aquellos que aseguraban a los incautos clientes, la mayoría de México y Argentina, que con la compra de los boletos era más fácil acceder a una visa para entrar a Estados Unidos...

¿Sos un escritor argentino o del US Hispanic?

Eso es un invento de acá: hay una necesidad enfermiza de catalogar las cosas, ya que es más cómodo para el cerebro y mucho menos nocivo. No soy un autor del US Hispanic, o en tal caso, lo soy únicamente dentro de Estados Unidos; apenas salgo del país, me convierto en un escritor. A secas. Es como lo “latino”, otra fantasía: solo acá se le ocurren estas cosas. Soy un escritor, y si me apurás, un escritor argentino. Parte de mi educación sentimental está enclavada en la literatura rioplatense con Borges, Cortázar, Silvina Ocampo, Puig.

¿Dónde están los personajes de la novela veinte años después?

¡Qué buena pregunta! Creo que algunos todavía siguen vivos. Y uno, me han dicho, ha tenido el coraje de ser fiel a los sueños de juventud: es escritor.

Gastón Virkel es escritor y guionista. gaston.virkel@gmail.com