Harvey Weinstein ya no está, pero Hollywood sigue siendo una industria dominada por hombres

Nicole Sperling
Harvey Weinstein llega a la Corte Suprema de Estados Unidos en Manhattan, la mañana del lunes 24 de febrero de 2020. (Anna Watts/The New York Times)

LOS ÁNGELES — En Hollywood, los puestos de dirección ya no se ofrecen en automático a hombres blancos. Las salas de escritores en televisión han priorizado la diversidad y la inclusión. Los departamentos de recursos humanos en las empresas mediáticas más importantes están más atentos a las quejas que se presentan. Los coordinadores de intimidad, que incorporan consideraciones de consentimiento físico al proceso artístico, ahora son un elemento habitual en las producciones que incluyen contenido sexual.

Han pasado casi dos años y medio desde que las acusaciones de conducta sexual inapropiada en contra de Harvey Weinstein estallaron ante la mirada pública, y mucho ha cambiado en Hollywood.

Sin embargo, la industria del entretenimiento ha funcionado de una forma particular durante décadas, y no todos los aspectos han cambiado con facilidad. Incluso a pesar de que Weinstein fue declarado culpable de dos delitos sexuales graves el lunes, Hollywood, en su mayoría, sigue siendo una industria dominada por hombres.

Tomemos como ejemplo los Premios Oscar, el máximo espectáculo de poder y prestigio del mundo del cine. Por novena ocasión en diez años, la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas no nominó a una mujer en la categoría de mejor director en 2020. Solo una de las veinte nominaciones de actuación fue para una persona de color. Y, con la excepción de “Parásitos” y “Mujercitas”, la mayoría de las cintas distinguidas por la academia —“El irlandés”, “Contra lo imposible”, “Había una vez en Hollywood” y “Guasón”— eran retratos de hombres blancos dirigidos por destacados realizadores blancos.

“Escucho que la gente dice muchas cosas que antes no decía: que la inclusión es importante, que entienden la necesidad de representación, que creen en dar voz a personas y perspectivas diversas”, dijo la escritora y directora Ava DuVernay. “Pero decirlo no es lo mismo que hacerlo”.

Un grupo de mujeres muy poderosas de la industria lleva una lista actualizada de los hombres blancos que siguen subiendo la escalera ejecutiva mientras que las mujeres se quedan al menos un peldaño abajo. Jennifer Salke, por ejemplo, se convirtió en la presidenta de Amazon Studios en 2018, luego de que su predecesor, Roy Price, fue acusado de acoso sexual. Pero el exejecutivo de Sony Mike Hopkins fue contratado el mes pasado para supervisar el negocio de entretenimiento en video de Amazon. Salke le reporta a él y él le reporta a Jeff Bezos, el fundador de Amazon.

Es poco probable que los acosadores denunciados como Brett Ratner, James Toback, Charlie Rose y Matt Lauer regresen pronto a la escena pública (esos hombres, y Weinstein, han negado todas las acusaciones de relaciones sexuales sin consentimiento que se han hecho en su contra).

No obstante, muchos miembros de la industria siguen frustrados con aquellos que fueron acusados de conducta inapropiada —o que trabajaron muy de cerca con sujetos que sí— y han tenido la oportunidad de regresar a trabajar. Un ejemplo concreto: John Lasseter, quien fue destituido de su puesto como director creativo de Pixar tras admitir su mal comportamiento en 2018, consiguió un alto puesto en Skydance Animation el año pasado. Los exsocios de Weinstein Co. David Glasser y Bob Weinstein, el hermano de Harvey, han emprendido sus propias casas productoras. Glasser recaudó más de 300 millones de dólares en financiamiento de socios como Ron Burkle y se ha convertido en un personaje recurrente en el circuito de los festivales.

“No importa cuántas cosas estén cambiando para bien, si te fijas en los puestos más altos de estas empresas audiovisuales, normalmente encontrarás a un tipo blanco”, dijo Nina Jacobson, productora veterana y expresidenta de Buena Vista Motion Pictures Group de Disney. “El poder detrás del poder sigue siendo blanco y masculino, y en cuanto a realmente pasar la estafeta en la vida corporativa, la verdad es que la estafeta aún no se ha pasado”.

En términos generales, Hollywood se ha vuelto un lugar más inclusivo. Se ha ayudado del ascenso de los servicios de emisión en continuo, que al parecer tienen una necesidad insaciable de contenido que atraiga a audiencias nuevas y diversas. Las mujeres y la gente de color han estado encontrando su voz a través de organizaciones como Time’s Up y ReFrame, las cuales han transformado los temas de igualdad de raza y género de cansadas expresiones de moda en caminos vitales y concretos para combatir las estructuras de poder desequilibradas a las que algunos culpan de permitir que agresores como Weinstein prosperen.

“Creo que el pequeñísimo grupo de personas que esperan que las cosas se calmen y regresen al ‘statu quo’ tiene que darse cuenta de que eso nunca va a pasar”, comentó Nina Shaw, abogada de entretenimiento y cofundadora de Time’s Up. “Pero también tenemos que encontrar una forma de avanzar”.

El problema que enfrenta la televisión en la actualidad es de abastecimiento. Una serie episódica rara vez tiene una plantilla de directores totalmente conformada por hombres, a menos que el creador del programa decida dirigir todos los episodios. Es más frecuente que las mujeres obtengan puestos de dirección.

Ya que se están produciendo tantos programas nuevos, no hay suficientes mujeres para satisfacer la demanda. “El problema ahora es el abasto”, dijo Shaw.

Mark Gill, que era presidente de Miramax Los Ángeles cuando Harvey Weinstein estaba al frente de la compañía, fue el único hombre que alzó la voz en el artículo de The New York Times en 2017 donde se relataron por primera vez los abusos de Weinstein. En ese entonces, dijo que la compañía “era un desastre”, pero que el trato que daba Weinstein a las mujeres “era el desastre más grande de todos”, una cita que, cuando se publicó, provocó la ira de sus colegas hombres.

“Recibí muchos comentarios negativos”, dijo Gill en una entrevista reciente. “Fue como si hubiera violado algún código. Varias personas de hecho me dijeron: ‘Acabas de arruinar tu carrera’”.

Desde entonces, Gill fundó una casa productora con 400 millones de dólares en financiamiento y un personal compuesto de manera equitativa por hombres y mujeres. “Claro que resultó ser totalmente lo opuesto”, comentó acerca de las advertencias que recibió. “Resultó ser una ventaja de reclutamiento”.

Aun así, la transformación sistémica es lenta. De acuerdo con un estudio de 2019 de la Iniciativa de Inclusión Annenberg de la Universidad del Sur de California, solo el 17 por ciento de los puestos ejecutivos en las empresas mediáticas más importantes son ocupados por mujeres, y solo cuatro de las mujeres son de grupos subrepresentados. Las estadísticas de producción son igual de deprimentes, pues solo un 18 por ciento de los productores de cintas entre 2016 y 2018 fueron mujeres. (Solo el 11 por ciento de todas las productoras provenían de grupos raciales o étnicos subrepresentados). Si bien se han estrenado películas taquilleras con mujeres protagonistas y directoras detrás de cámaras como “Capitana Marvel”, “Harley Quinn” y “Mujer Maravilla”, la mayoría de las cintas taquilleras basadas en propiedad intelectual trillada —el pan de cada día de la industria cinematográfica de la actualidad— siguen perteneciendo a los hombres.

“En el fondo, muy en el fondo, no estoy viendo que las cosas cambien más allá de declaraciones superficiales”, dijo DuVernay. “Creo que Time’s Up es eficaz y todavía está presionando con fuerza. Pero sin una amenaza real o un efecto adverso, los sistemas no cambian de la noche a la mañana. Así como veo las cosas, yo diría que, en una escala del 1 al 10, estamos en un 4. Lo cual es significativo, pues antes estábamos en un -20”.

This article originally appeared in The New York Times.

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