¿De qué hablamos? ¿Del plano del ser o del plano del deber ser?

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En el resultado de las medidas, como las anunciadas por Sergio Massa, es clave la credibilidad
En el resultado de las medidas, como las anunciadas por Sergio Massa, es clave la credibilidad

¿Qué pensaba Adam Smith del homo economicus, pero como persona? Seguramente que algo parecido a lo que Nicolás Maquiavelo pensaba del homo politicus. Ambos se inmortalizaron por haber entendido el comportamiento del ser humano como es, no como debería ser, para, en función de ello, imaginar la mejor forma de organización económica y política posibles, respectivamente. Pero entonces, ¿queda algún espacio para los anhelos y la ética?

Al respecto conversé con el italiano Giuseppe Toniolo (1845-1918), quien enseñó en las universidades de Venecia, de Módena y durante 40 años, en la de Pisa. Según describe Francisco Emilio Valsecchi, “fue una de las figuras más prestigiosas del pensamiento católico del siglo XIX, y uno de los precursores que más influencia tuvieron en los albores de aquel gran movimiento de acción social cristiana que culminó con la aparición, en 1891, de la memorable encíclica Rerum Novarum, de León XIII, en cuya elaboración participó activamente”.

–¿Cuál es la esencia de su pensamiento?

–Sintetizo lo que al respecto escribió María Cecilia Díaz. “Fue protagonista de la aparición de ideas, doctrinas y teorías hasta entonces desconocidas, que buscaban explicar y solucionar la denominada cuestión obrera. Planteó la existencia empírica de una ley de proporción o de intercambio de influencias, entre el progreso económico-social (bienes materiales) y el moral-cívico de la sociedad (bienes inmateriales), que presentó en Tratado de economía social, publicado en 1907. El principal desafío para una economía orientada al bien común consiste en someter más y más las teorías a la guía de las ciencias sociales filosóficas”.

–¿Tuvo discípulos?

–Mi labor académica fue continuada por Luigi Sturzo, Amintore Fanfani y Francesco Vito, y en la Argentina por Valsecchi. Según Ludovico Videla, “Valsecchi siempre quiso crear en la Argentina una escuela de economía de orientación católica que abrevase en la perspectiva epistemológica que brindaba Toniolo. Uno de los problemas que enfrenta la perspectiva de Toniolo y Valsecchi es que debe dialogar con una ciencia, la economía, dominada por la escuela positivista neoclásica, que rechaza la indagación sobre los principios filosóficos y éticos de la acción económica. Aunque tampoco en el campo teológico católico el diálogo es sencillo”.

–Andrew M. Greenwell documenta el reconocimiento que la Iglesia Católica hizo de su persona y su obra.

–Así es. Fui el primer economista en la historia de la Iglesia que recibió el honor de ser beatificado. Algunos me consideran el santo patrón de la Doctrina Social de la Iglesia. En 1971 el papa Pablo VI me declaró “venerable”, y en enero de 2012 el papa Benedicto XVI autorizó promulgar el decreto que certificó la existencia de un milagro atribuido a mi intercesión, lo cual condujo a mi beatificación.

–Me preocupa la frecuencia con la cual, cuando se formulan propuestas de política económica, se confunden los planos del ser y del deber ser; es decir, no se parte de lo que resulta factible.

–Comparto su preocupación, pero no exageremos. En la Argentina 2022, efectuar recomendaciones de política económica ignorando la extrema debilidad política del actual gobierno puede resultar inútil o, lo que es peor, causar más problemas que alivios. Tomemos la cuestión de la importancia de la credibilidad, por parte de la población, de las acciones de un gobierno con respecto a sus resultados.

–Lo escucho.

–Guillermo Antonio Roberto Calvo enfatiza que una misma medida de política económica puede generar resultados muy diferentes dependiendo de la referida credibilidad. Si hoy el Gobierno anunciara la eliminación del cepo cambiario, esto no sería leído como una medida destinada a despertar la confianza de “los mercados”, sino como un error de diagnóstico de lo que cabe esperar y, por consiguiente, aumentaría la demanda y no la oferta de dólares por parte del sector privado.

–Usted lo dijo: no exageremos.

–Efectivamente. Como bien clarificó Gary Stanley Becker, el denominado enfoque económico aplicado al comportamiento humano no supone que el ser humano es egoísta, es decir, que le resulta indiferente lo que le ocurre a su familia, amigos cercanos, conciudadanos y habitantes de la Tierra; supone que, más allá de los objetivos propuestos, las decisiones se adoptarán sobre la base de consideraciones de incentivos y desincentivos.

–¿Es posible, entonces, modificar los comportamientos humanos sobre la base de anhelos y consideraciones éticas?

–Es posible, pero si se está dispuesto a transitar un estrecho sendero o, en términos del conocido chiste, “teniendo fe, pero caminando por las piedras”. Un país en el que la mayoría del gasto público está representado por transferencias entre diferentes personas que integran el sector privado es un país poblado por mucha gente “solidaria”. Esta solidaridad forzada se complementa con la voluntaria, como la que se implementa a través de ONG o cuando ocurren catástrofes.

–Existen otros mecanismos…

–Peligrosísimos. Como cuando se pretende mejorar el salario real apelando al corazón de los dueños de los supermercados para que “no ganen tanto”, para lo cual se controlan los precios y se realizan manifestaciones frente a los locales, y particularmente cuando alguien intenta mejorar los comportamientos humanos vía la desaparición física de aquellos que “no entienden”, idea que inspiró al Hombre Nuevo de la Revolución Cubana, o el exterminio de aproximadamente 15% de la población de Cambodia por parte del Khmer Rouge.

–¿Qué rol les asigna a los economistas católicos?

–Una noble y difícil tarea. Nada menos que la de ser buenos economistas y también buenos cristianos. Lo primero pasa por entender bien qué es lo que dice la teoría, así como por modelar esquemas que muestren la importancia económica de los valores. Desde el punto de vista del bienestar, con los mismos recursos y la tecnología en uso, el producto bruto interno (PBI) es mayor en un país de gente honesta, que en otro de gente deshonesta. Porque los ladrillos que se dedican a construir cárceles, en este último país, y los seres humanos que trabajan de policías, en el primero, se pueden dedicar a construir jardines de infantes o piletas de natación o a mejorar las plazas o pintar las casas.

–¿Cómo se es un buen cristiano?

–Pregunta difícil de responder, pero al respecto subrayo la importancia de dar el ejemplo. No es de buen cristiano vender por debajo del costo, fundir la empresa y dejar sin trabajo a los obreros y empleados que trabajan en ella. Es de buen cristiano decidir qué se hace con las ganancias obtenidas en mercados competitivos, luego de pagar los impuestos. Pero tampoco nos pasemos al otro extremo, demandando que los seres humanos adoptemos comportamientos angelicales.

–Don José, muchas gracias.