El gobierno de Biden enfrenta un rezago de 380.000 personas en espera de inmigrar

Caleb Hampton
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El presidente Joe Biden responde a los reporteros luego de firmar decretos relacionados con la respuesta de su gobierno a la crisis económica, en la Casa Blanca de Washington, el 22 de enero de 2021. (Anna Moneymaker/The New York Times)
El presidente Joe Biden responde a los reporteros luego de firmar decretos relacionados con la respuesta de su gobierno a la crisis económica, en la Casa Blanca de Washington, el 22 de enero de 2021. (Anna Moneymaker/The New York Times)
Luwam Beyene, cuyo esposo se encuentra en Etiopía esperando una visa de inmigrante, con sus hijos. (vía The New York Times)
Luwam Beyene, cuyo esposo se encuentra en Etiopía esperando una visa de inmigrante, con sus hijos. (vía The New York Times)

Cuando, debido a la pandemia, tuvieron que cerrar la escuela y la guardería de sus hijos, Luwam Beyene comenzó a trabajar en las noches para poder estar en casa durante el día. Tan pronto como llega a su casa, hace el desayuno y prepara a su hijo para sus clases en línea. Beyene atiende a sus hijos hasta que vuelve a salir a trabajar en la noche.

“Ni siquiera me tomo una siesta”, comentó Beyene, de 29 años, quien trabaja como cuidadora en San Francisco. “Mi vida se está viniendo abajo. Mi única esperanza es que pueda venir mi esposo”.

El esposo de Beyene es un etíope que está esperando que le otorguen su visa de inmigrante, un proceso que incluso antes de la pandemia del coronavirus a menudo tardaba hasta más de dos años en el caso del cónyuge de un residente permanente de Estados Unidos. Ya casi estaba en la recta final, nada más en espera de una entrevista en persona con un funcionario del consulado, cuando la primavera pasada, por motivo de la pandemia, cerraron de manera temporal los consulados de Estados Unidos. “Dejaron todo paralizado y nunca más supimos de ellos”, afirmó Beyene.

Los consulados de Estados Unidos otorgan anualmente cerca de medio millón de visas de inmigrantes, la mayoría de ellas a los cónyuges, hijos y padres de ciudadanos estadounidenses y de residentes permanentes. En abril, el expresidente Donald Trump firmó un edicto que suspendía la mayor parte de la inmigración legal —con ciertas excepciones para unas cuantas categorías privilegiadas— con el pretexto de proteger los empleos estadounidenses.

Ahora, el presidente Joe Biden ha prometido volver a abrir las puertas del país y ha dado señales de que eliminará las restricciones a los refugiados, los trabajadores extranjeros y los solicitantes de asilo. Pero el veto, junto con una falta de personal en los consulados de todo el mundo y los retos logísticos relacionados con la pandemia, ha dejado en la incertidumbre a cientos de miles de personas que podrían calificar para obtener visa, como el esposo de Beyene; se trata de un rezago que los especialistas en inmigración advierten que podría ser un lastre de muchos años para el sistema.

El mes pasado, un funcionario del Departamento de Estado dijo en el tribunal federal que, hasta el 31 de diciembre, más de 380.000 solicitantes de visa de inmigrante estaban en espera de una entrevista en el consulado. Los expertos señalaron que desahogar todas esas solicitudes podría tardar hasta un año en circunstancias normales.

Esta semana, en una entrevista con los reporteros para hablar sobre los decretos más recientes de Biden en materia de inmigración, altos funcionarios del gobierno se rehusaron a decir cuándo se podrían suspender los edictos que prohíben la entrada, y señalaron que tal vez tardaría tiempo evaluar las políticas de su predecesor.

Si se retirara la prohibición, se les daría instrucciones a los consulados para que reanudaran el procesamiento de las visas. Pero los datos sobre la expedición de visas y las recientes evaluaciones del Departamento de Estado acerca de las actividades de los consulados indican que estos siguen estando mal preparados para procesar las visas.

Un funcionario del Departamento de Estado le dijo a un tribunal federal el mes pasado que muchos consulados estaban “muy escasos de personal” y que tenían problemas para programar las entrevistas en persona a todos los solicitantes adultos, según requieren las disposiciones de Estados Unidos en materia de visado. Durante la pandemia, se les ha indicado a los consulados que procesen visas para el pequeño subconjunto de inmigrantes que no fueron excluidos —principalmente los cónyuges y los hijos de ciudadanos estadounidenses—, pero, de acuerdo con los datos del Departamento de Estado, solo se han ocupado de un pequeño número de esas visas y las han expedido a aproximadamente un tercio de la velocidad con que las expedían antes de la pandemia.

Los defensores de la inmigración afirman que parece que el gobierno de Trump ha tramado una ralentización deliberada, y existen pruebas de que se han desviado recursos de emergencia del procesamiento de visas. Pero el Departamento de Estado y los antiguos funcionarios consulares comentaron que los consulados enfrentaron desafíos legítimos causados por el brote de COVID-19.

Las entrevistas en persona para otorgar visas, las cuales se usan con el fin de detectar fraudes y amenazas a la seguridad, son realizadas por diplomáticos que trabajan hombro con hombro en oficinas blindadas detrás de cristales antibalas. Chris Richardson, un exfuncionario consular que es abogado especialista en inmigración, recordó la sección consular de Lagos, Nigeria, como un espacio mal ventilado donde el coronavirus se puede propagar con facilidad. “Toda una sección consular… ni siquiera podría imaginármelo”, comentó.

Durante la pandemia, los consulados han puesto en marcha medidas de precaución en materia de salud pública que incluyen distanciamiento físico en las salas de espera y un número menor de entrevistas al mismo tiempo. “Estas medidas necesarias han reducido de manera temporal la capacidad para procesar las visas en muchas de nuestras instalaciones”, aseguró un funcionario del Departamento de Estado que habló en representación del departamento.

Este funcionario señaló que la fecha en que los servicios consulares en el extranjero pueden reanudar el funcionamiento normal depende de muchas “condiciones locales” de la pandemia, que incluyen la cantidad de casos de COVID-19, la capacidad de respuesta a la emergencia, la disponibilidad de vuelos comerciales y las restricciones a los viajes locales.

“Estamos trabajando para volver a tener los niveles normales de personal y de carga de trabajo en la expedición de visas de antes de la pandemia en todas nuestras oficinas del mundo tan pronto como sea posible, al mismo tiempo que protegemos la salud y la seguridad de nuestra fuerza laboral y de nuestros usuarios”, mencionó el funcionario del Departamento de Estado.

Los expertos aseguraron que el rezago seguirá aumentando hasta que el nuevo gobierno retire la prohibición de inmigración y resuelva cómo expedir visas en lugares donde hay muchos casos de COVID-19. Los exfuncionarios consulares advierten que, incluso en ese caso, la falta de personal, un presupuesto insuficiente y las limitaciones de contratación implican que tal vez tarden años en resolver el atraso.

Cuando cuentan con el personal necesario, muchos consulados tienen uno o dos funcionarios que expiden visas de inmigrante, lo que por lo general es suficiente para que la demanda no los supere tanto, pero de ninguna manera es lo que se necesitará para solucionar ese rezago al mismo tiempo que siguen recibiendo más solicitudes. “Eso es lo más que pueden hacer”, señaló Brett Bruen, exfuncionario consular y miembro del Consejo de Seguridad Nacional del gobierno de Obama. “Las visas de inmigración tardan mucho tiempo”.

Como resultado de la eliminación de puestos durante los años de Trump y una reciente suspensión de contrataciones, un inevitable cuello de botella en el sistema podría empeorar por falta de personal. La Asociación Estadounidense del Servicio Exterior, el sindicato de los diplomáticos, alertó en fechas recientes sobre las salidas del personal, y advirtió que los prejuicios de la directiva y la falta de oportunidades estaban expulsando a los empleados del Servicio Exterior. En junio, The New York Times informó que muchos diplomáticos negros renunciaron luego de sufrir discriminación. Otros renunciaron como respuesta a las políticas del gobierno de Trump.

Según la Oficina de Recursos Humanos del Departamento de Estado, en los últimos cuatro años, el Servicio Exterior y la Administración Pública perdieron en total 408 empleados que estaban apostados en el extranjero, aproximadamente el 4,5 por ciento de la fuerza laboral de ese departamento en el extranjero. “Muchos de esos puestos eran consulares”, señaló Bruen. “Eso tendrá repercusiones”.

Además de la falta de personal, los consulados enfrentan una crisis presupuestal. Las actividades consulares están financiadas por las tasas que se cobran para procesar las visas —incluyendo las de turismo y otras visas que no son de inmigrante— que suman un total de 3500 millones de dólares al año. Como consecuencia de la pandemia, los funcionarios del Departamento de Estado prevén pérdidas de cerca de 1400 millones de dólares en 2020 y pérdidas continuas al menos hasta 2022.

Incluso si el Congreso asignara financiamiento de emergencia, no se sentiría de inmediato una oleada de contrataciones. “Se lleva muchísimo tiempo incorporar a nuevos funcionarios”, señaló Bruen. Con pocas excepciones, comentó, pasan más o menos dos años para que los nuevos diplomáticos aprueben el examen del servicio exterior y terminen la capacitación y la aprobación de seguridad requeridas. “Creo que los rezagos seguirán por un buen tiempo”.

Bruce Morrison, un excongresista de Connecticut que, en 1990, redactó la última reforma de inmigración importante, calificó el rezago y la situación en los consulados como “un colapso del sistema”.

Según Boundless, una empresa de servicios de inmigración con sede en Seattle, antes de la pandemia, los cónyuges de los ciudadanos estadounidenses, quienes se encuentran entre los solicitantes de visado más prioritarios del sistema de inmigración, esperaban, por lo general, de once a diecisiete meses para obtener su visa. Los especialistas en inmigración y los exfuncionarios consulares mencionaron que pronosticaban que el rezago actual sumara al menos un año al proceso para los nuevos solicitantes. “Esto significa que las personas que inicien el proceso en este momento tendrán que esperar en verdad mucho tiempo… bastante más que antes”, señaló Richardson.

A fin de solucionar el retraso, los defensores de los inmigrantes están impulsando cambios importantes al proceso de adjudicación de visas. La primera de sus sugerencias es eliminar la entrevista en persona, algo que ya han hecho otros países occidentales, entre ellos Canadá, el Reino Unido y muchos países europeos.

“La entrevista personal ha asumido un carácter casi mítico en el proceso de adjudicación de visas en Estados Unidos”, escribió el año pasado Bethany Milton, una exfuncionaria del Servicio Exterior, en un artículo de opinión en el cual sostuvo que este requisito se ha convertido en un obstáculo. “Cada vez es más difícil justificarlo en esta era digital”, escribió.

Los defensores y los exfuncionarios consulares han sugerido que haya entrevistas a distancia para todos los solicitantes de visados de inmigrante y que sea posible exentar de las entrevistas a ciertas categorías de inmigrantes dentro de las cuales no son comunes los fraudes, como en el caso de las personas de más de 65 años o de personas específicas, a juicio del funcionario consular.

No obstante, el funcionario del Departamento de Estado afirmó que había una razón por la que se requería el contacto en persona. Este funcionario comentó que “los funcionarios consulares están entrenados para analizar toda la información disponible”, misma que incluye el lenguaje corporal del solicitante y las palabras que elige, lo cual les sirve para evaluar posibles riesgos para la seguridad nacional.

This article originally appeared in The New York Times.

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