Gerardo Chendo, el villano de Floricienta: "Ser actor no es tener canjes o seguidores en las redes"

Cynthia Caccia
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Gustavo Chendo
Fuente: LA NACION - Crédito: Ignacio Sanchez
Gustavo Chendo
Fuente: LA NACION - Crédito: Ignacio Sanchez

Sin dudas, su personaje es uno de los más "odiados" de Floricienta. En la piel de Claudio Paul Bonilla -más conocido como Bonillín- Gerardo Chendo es el encargado junto a Malala (Graciela Stéfani) de los malvados planes para hacerle la vida imposible a Florencia (Flor Bertotti), una chica huérfana que inesperadamente se une a la familia Fritzenwalden. "Floricienta fue mi primera vez en un fenómeno de Cris Morena. Fue un producto muy angelado, una época de mucho disfrute para mí", le contó el actor a LA NACION mientras asegura que a pesar de que ya pasaron 15 años desde el debut "la repercusión en la calle sigue siendo la misma".

Si bien es cierto que esta tira juvenil volvió su rostro más popular, su destacado protagónico en la celebrada película 76-89-03 fue el que le permitió construir un camino en cine, teatro y televisión. Su versatilidad actoral lo llevó a encarnar trabajos muy disímiles, que incluyen títulos en el teatro como Amadeus y Amor de película; en el cine La suerte está echada y ficciones en televisión como Naranja y media, Alma Pirata, Casi ángeles, Culpables, Malparida, Simuladores, Los exitosos Pells, entre muchos otros éxitos más.

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Mientras actúa, dirige, escribe y da clases de teatro (tiene su propia escuela de actuación), este artista multifacético, que se define como alguien "muy inquieto", también dedica parte de su tiempo a la música con proyectos como Jubilandia, donde junto a Mike Amigorena y Andrés Dadamo llevan canciones, baile y alegría a geriátricos, hogares de día y centros de jubilados, de manera totalmente solidaria.

-¿Cómo estás viviendo la vuelta de Floricienta a la pantalla?

-Debo confesar que hace tiempo venía reclamando que la vuelvan a dar. Según mis cuentas, esta es la cuarta vez que está al aire. Me parece que el gancho de este producto es multifactorial: está en un muy buen horario y los productos de Cris (Morena) siempre producen mucha identificación. Este es un cuento muy fantástico que, a medida que avanzan los capítulos, va teniendo mucho más humor y comedia; lo cual también viene muy bien en estos tiempos de tanto agobio e información dura. Y a la vez es una historia transgeneracional porque las mamás de las nenas que lo ven ahora, hace 15 años eran chicas o adolescentes que también lo veían.

-¿Qué recuerdos tenés de esa época?

-Fue una época de muchísimo disfrute. Floricienta fue lo primero que hice con Cris y ahí descubrí un montón de cosas que solo se entienden estando dentro de un producto tan angelado. El elenco con actores que veníamos de cosas más serias como Juan Gil Navarro, Graciela Stéfani, Zulma Faiad era maravilloso y los más chiquitos después resultaron ser estrellas como Flor Bertotti, Benjamín Rojas, Lali Espósito. Realmente disfrutábamos mucho de las grabaciones, de ir a comer juntos, de intercambiar ideas con los guionistas y directores.

Sobre Floricienta. "Realmente disfrutábamos mucho de las grabaciones, de ir a comer juntos, de intercambiar ideas con los guionistas y directores"
Fuente: LA NACION - Crédito: Ignacio Sanchez

-¿Qué fue lo más divertido de tu personaje?

-Siempre me gusta buscar muletillas o frases para cada papel que me toca interpretar y que es lo que después va a perdurar a lo largo de los años o en la calle. En este caso, me divertí mucho interpretando al malo de la tira. Decir: 'congeladas' y que Graciela e Isabel (Macedo) se conviertan en estatuas; era muy gracioso. Con este personaje fue la primera vez que recibí tanto cariño de los nenes. Me paso de tener que pensar bien a los lugares que iba porque sabía que podía llegar a haber aglomeraciones; algo a lo que yo no estaba acostumbrado.

-¿Te quedaron amigos del elenco?

-Sí, con Graciela Stéfani apenas empezamos a trabajar juntos tuvimos una química muy grande. El otro día hicimos un vivo y enseguida nos fuimos de viaje recordando anécdotas. Tuvimos una escuela de actuación juntos que se llamaba Stéfani-Chendo, pero en un momento decidimos seguir cada uno por su cuenta, aunque seguimos siendo muy amigos; ella es casi una hermana para mí. Otro de mis amigos de esa época es Benjamín Rojas, somos muy cercanos, es compañero de fútbol también.

-¿Sentís una mayor responsabilidad a la hora de trabajar para chicos?

-Cada cosa que encaro, la hago con el mismo nivel de compromiso y entrega. Yo hice desde Amadeus hasta teatro independiente y siempre le puse la misma garra a todo (sea masivo o no) porque así me formé. Me pongo la camiseta y le busco la vuelta. Claro que es una responsabilidad más grande cuando trabajas para chicos y ahora con las redes más. Hay que pensar bien qué comunicamos o decimos. La realidad también es que me encantan los chicos, conecto muy bien con ellos y me resulta fácil. Siempre que estoy en una reunión termino jugando con ellos y los adultos quedan hablando (risas).

-Sos actor, director, dramaturgo, músico, docente... ¿En qué faceta te sentís más cómodo?

-En la actuación y en la docencia, sin dudas. Amo formar, entrenar actores y actuar; me doy cuenta que no puedo vivir sin eso. Tengo mi taller de entrenamiento, ahora en realidad es laboratorio de actuación porque estamos reinventándonos con la pandemia. Al principio la verdad que me resistía, me parecía poco probable dar una clase de actuación vía Zoom, pero me lo empezaron a pedir mis alumnos y ahora estoy alucinado. Tengo grupos de adolescentes, jóvenes y adultos. También formo parte de una organización que se llama PIT (Profesores Independientes de Teatro) que se organizó a partir de esta crisis. Creció de un modo horizontal y democrático, y nos permite retroalimentarnos entre sí. En una época los profesores cuidábamos mucho nuestra quintita, nuestras técnicas, nuestros alumnos y acá compartimos todo. Nos dimos cuenta que cuanto más nos abrimos y escuchamos, más tenemos. Me parece que esta pandemia es una oportunidad para que abramos nuestro corazón y nuestro entendimiento.

-¿Tenés alumnos famosos?

-Sí, hay varios que han entrenado conmigo como Agustín Daulte (hijo del director Javier Daulte), Juan Grandinetti (hijo del actor Darío Grandinetti), entre otros más. Que amigos tan talentosos me confíen el entrenamiento de sus hijos es un orgullo para mí.

-¿Tenías muchos proyectos para este año?

-Cuando empezó la pandemia justo había terminado una participación en El Tigre Verón 2, pero la serie no se pudo terminar de grabar. También estaba por reestrenar Amor de película, una comedia que veníamos haciendo en Espacio Callejón y que el año pasado estuvo nominada como mejor comedia y una obra propia que se llama Gurú, dirigida por Pepe Puenzo. Igual este tiempo aproveché para generar contenido a través de las nuevas plataformas. Hicimos una ficción en Zoom que se llama Zoomidos, donde actúa Mariano Torre y otra Historias virales con Hugo Arana. Ahora justamente estamos por grabar una nueva historia para este proyecto, cada uno desde su casa y con su celular por supuesto.

-¿Hay algún personaje que te gustaría interpretar y que aún tengas pendiente?

-En una época quería hacer un vampiro con poderes (risas), ahora la verdad que siento que lo que viene va a estar bueno. Siempre me han tocado cosas lindas, siempre me he sorprendido. Yo soy muy inquieto. No me gusta repetirme porque me aburre, así que siempre hago cosas diferentes. El encasillamiento es un poco comodidad, queda en uno tomar riesgos y creo que eso es lo que nos hace divertir.

"Yo soy muy inquieto. No me gusta repetirme porque me aburre, así que siempre hago cosas diferentes"
Fuente: LA NACION - Crédito: Ignacio Sanchez

-¿Participarías en algún reality?

-No, no me entusiasman tanto los realities porque lo que se busca por lo general es la fricción, la pelea, el chimento y eso no es gratuito. Si todo el tiempo nos muestran que para estar en un lugar hay que pelearse, traicionar, denigrar al otro eso se vuelve habitual y lo pagamos como sociedad. Siempre trato de explicarles a mis alumnos que ser actor no es tener canjes o seguidores en las redes, eso en el mejor de los casos será una consecuencia. Que el ego no aporta nada y la humildad te puede hacer grande. Uno tiene que ser un artista que pueda reflejar y contar historias, conmover al otro y eso es una gran responsabilidad. Hay que formarse, abrirse, exponerse en el mejor de los sentidos.

-¿Cómo te llevas con las redes sociales?

-Normal. Trato de compartir alguna morisqueta, momentos de mi familia, mis clases, hacer algún vivo con algún amigo o con gente que me parece que tiene buena vibra. Siempre intento dar un mensaje positivo, hablar del cómo, de cómo a través del esfuerzo -que en realidad cuando se trata de algo que a uno le gusta ya deja de ser esfuerzo- se logra lo que uno anhela. La gente que se compromete y se entrega a esta profesión tarde o temprano tiene un lugar en el medio. El tema es que a veces creemos que ya hicimos todo lo que podíamos y recién estamos empezando.

-Es cierto lo que decís pero a veces cuesta aplicarlo en el día a día...

-Para mí todo es causa y efecto. Si alguien nos agrede y podemos devolverle una sonrisa en vez de responderle con violencia así va a cambiar el mundo. Ser libres es necesitar cada vez menos, sacarse de encima el equipaje. Estamos acá para evolucionar, para volver al origen, a nuestra zona más pura y que hemos olvidado como seres humanos. Cada uno tiene que ver cómo despierta esa magia que tiene adentro. Yo hace trece años dejé de comer carne y me hice vegetariano porque sentía que no tenía por qué vivir de la muerte de otros seres y hace casi seis que me hice vegano y eso a la vez trajo otras inquietudes. Cuanto más te abrís, más empezás a estar en contacto con la verdadera felicidad que no tiene que ver con tener, con ganar. Me parece que el sentido de esta vida es ese, que este mundo vuelva a ser un lugar de amor. Esa es mi búsqueda. Cuando uno empieza a vivir amorosamente, a ser hijo de sus padres, a ser un buen vecino, empieza a suceder ese mundo y eso se empieza a contagiar.

"Cuanto más te abrís, más empezás a estar en contacto con la verdadera felicidad que no tiene que ver con tener, con ganar"
Fuente: LA NACION - Crédito: Ignacio Sanchez

-Jubilandia es un claro ejemplo de esto, ¿cómo surgió la idea?

-Hace años que estoy en contacto con geriátricos, ya que tuve que internar a mi mamá que tiene alzheimer. Es una enfermedad muy difícil que me hizo ver las cosas de otra forma, entre ellas a los adultos mayores. Empecé a tener vínculo con sus compañeros, a cantar con ellos -yo tenía una banda de tango llamada Acetato orquesta típica y cuando iba era un suceso- y me di cuenta que cantando tangos, boleros, baladas, revivían. A la vez, un camino parecido estaban haciendo Mike (Amigorena) y Andrés (Dadamo), de quienes soy amigo desde hace mucho tiempo. En un momento pensamos que teníamos que hacer algo para devolver un poco las bendiciones que hemos tenido durante todos estos años al poder vivir de nuestro trabajo, tener reconocimiento y demás. Y así arrancó Jubilandia. Para nosotros esto es un gran compromiso. Nos juntamos, ensayamos, contratamos a una arregladora de voz, hicimos un repertorio digno para que las cosas salgan lindas.

-¿Qué les pasa cuando ven la respuesta de esos abuelos?

-Siempre digo que hay acciones directas que podemos hacer cada uno en lo suyo o con lo que uno tenga mayor afinidad y en nuestro caso, era la gente grande. Hay hogares en los que nos dicen: 'Este abuelo hace tres meses que no habla' y después de escucharnos termina pateando murga. O llegás y te miran como diciendo: '¿Y estos quiénes son?' Y arranca la música, se van enganchando y terminan cantando a los gritos con el micrófono, abrazándonos. Ahí te das cuenta cómo la comunicación desde el arte trasciende todo y eso emociona porque es por ahí el camino, procurando la felicidad del prójimo, esa es la verdadera felicidad. Nosotros ya tenemos una edad en la que hicimos muchas cosas y empezamos a entender que la vida es algo más que la carrera. Los que hoy salen en tapa de diarios, mañana envuelven huevos. Lo más importante son los vínculos y tratar de que el mundo sea mejor que cuando llegamos.

-Los vínculos, algo que la pandemia puso en jaque.

-Tal cual, pero este momento que estamos viviendo es clave. Nos puso una gran lupa a cada uno de nosotros para ver quiénes somos, cómo estamos, con quién estamos, de qué modo estamos haciendo las cosas. Suena medio cliché, pero es verdad que esta peste tan difícil es una nueva oportunidad porque nadie se salva solo. No hay dónde rajar. Tenemos que cambiar el mundo en el que estamos, nuestras familias, nuestros espacios.

-Hablando de la familia y los espacios, ¿cómo estás pasando la cuarentena?

-Con mi hijo Benicio (que acaba de cumplir 17 años) y con mi mujer Marisa, que estamos juntos desde hace muchos años. Aprendiendo a convivir, a interactuar y a reinventarnos como todos. Mi hijo se volvió mi community manager y me ayuda con los videos y las clases online. Pareciera que tiene ganas de ser artista, ha estudiado teatro durante muchos años -de hecho hicimos algunas cosas juntos- y hace trap en las redes.