Fungie, el delfín perdido de Irlanda, 'va con la marea'

Ed O'Loughlin
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Michael O'Neill de Dingle Boat Tours, uno de los dos grupos que realizan paseos de avistamiento de delfín en la bahía, en Dingle, Irlanda, el 25 de octubre de 2020. (Finbarr O'Reilly/The New York Times)
Michael O'Neill de Dingle Boat Tours, uno de los dos grupos que realizan paseos de avistamiento de delfín en la bahía, en Dingle, Irlanda, el 25 de octubre de 2020. (Finbarr O'Reilly/The New York Times)
Un mural del delfín Fungie en Dingle, Irlanda, el 25 de octubre de 2020. (Finbarr O'Reilly/The New York Times)
Un mural del delfín Fungie en Dingle, Irlanda, el 25 de octubre de 2020. (Finbarr O'Reilly/The New York Times)

DINGLE, Irlanda— Los visitantes del verano se han ido y las lluvias y vientos del invierno han reclamado su lugar en el condado de Kerry, una lejana y hermosa región en el suroeste de Irlanda. Pero los residentes de Dingle, acostumbrados a todo esto, tienen una preocupación mayor: Fungie, el delfín mular macho residente que ayudó a transformar la localidad de una pequeña comunidad pesquera y agrícola a un destino turístico mundial, ha desaparecido después de 37 años.

Dos semanas después del último avistamiento confirmado de Fungie, los barcos todavía salen a diario —siempre y cuando las tormentas y el oleaje del océano lo permitan— para buscar señales del delfín desaparecido en la costa rocosa. En la estrecha desembocadura de la bahía, donde pasaba la mayor parte de su tiempo, varias personas con binoculares escudriñan las olas con la esperanza de vislumbrar su aleta dorsal. Pero la esperanza se está desvaneciendo.

Kevin Flannery, un biólogo marino que construyó un acuario popular gracias al fenómeno Fungie, afirmó que el delfín ya había desaparecido en otras oportunidades, pero solo por uno o dos días.

“Es por eso que los barcos turísticos podían permitirse ofrecerte la devolución de tu dinero si salías de paseo y no lo veías”, dijo. “Era muy confiable. Esto no se ve bien”.

“Lo que está sucediendo aquí es un duelo”, dijo Caroline Boland, portavoz de la Alianza Turística de la Península de Dingle. “La gente está devastada de solo pensar que podría haberse ido. Es como si se muriera un miembro de la familia. Esta hermosa criatura salvaje que vivía en la desembocadura de la bahía trajo magia y nos inspiró”.

Los delfines solitarios —los cuales viven solos y a veces se asientan en una región en vez de recorrer los mares en grupos sociables— no son atípicos. Pero Fungie, que se estima tiene más de 40 años, era notable tanto por su longevidad —se cree que la edad promedio de un delfín mular en la naturaleza varía entre 8 a 17 años— como por su amabilidad con los nadadores y la gente en los barcos. Fue visto por primera vez en el puerto de Dingle en 1983, pero pasaron varios años antes de que obtuviera fama nacional en los medios de comunicación irlandeses y luego su reputación se extendiera al extranjero.

El condado de Kerry ya era un destino turístico mundial, gracias a sus verdes colinas, montañas áridas y una costa escarpada y azotada por las olas. Pero la mayoría de los visitantes preferían los tramos del sur del condado, en particular el famoso Anillo de Kerry alrededor de Killarney y Kenmare. En Dingle, se le atribuye ampliamente a Fungie la inclusión de la península más septentrional de Kerry al mapa turístico convencional.

“Cuando Fungie llegó hace 37 años, esto era un remanso. Aquí solo había pesca y agricultura, y ambas actividades estaban en declive”, aseguró Boland de la alianza turística, quien señaló también que la emigración era alta y los empleos escasos.

“En aquel entonces, todos los negocios cerraban desde Halloween hasta la Pascua. Pero entonces, artistas y personas creativas comenzaron a venir aquí a establecerse”, dijo. “National Geographic hizo un artículo sobre él. Llegaron chefs y abrieron buenos restaurantes. Los empleos sostenibles llegaron después de Fungie”.

Además de comercio, el delfín también generó leyendas. Poco después de volverse famoso a nivel nacional, un periódico de Dublin informó sobre los rumores de que un pueblo rival de Kerry estaba intentando llevárselo a través de sobornos con pescado. Sin embargo, según Michael O’Neill de Dingle Boat Tours, uno de los dos grupos que realizan viajes de avistamiento del delfín en el puerto, Fungie siempre insistió en atrapar sus propias caballas y abadejos, lo que pudo terminar siendo su perdición.

“Últimamente estaba un poco más lento, así que tal vez ya no podía atraparlos”, dijo O’Neill. “Pero nunca te aceptaba un pescado, ni siquiera un pez vivo”.

Otro mito popular buscó explicar la notable longevidad de Fungie al insinuar que han existido tres delfines, uno tras otro, como parte de una conspiración de las empresas locales para mantener la marca Fungie.

Pero los expertos afirman que los delfines solitarios aparecen con poca frecuencia y de forma aleatoria, y no todos son tan amigables. La gente de Doolin, otro pintoresco complejo costero en la costa del condado de Clare, estaba encantada cuando Dusty, una delfín hembra, se asentó en el área hace 20 años. Sin embargo, luego tuvieron que colocar señales de advertencia cuando el animal comenzó a embestir y herir a los nadadores.

La lucrativa industria de avistamiento de delfín de Dingle —una docena de barcos que cobraban hasta 15 euros, o unos 18 dólares, por adulto y 8 euros o unos 9,50 dólares por niño por un paseo de una hora para ver a Fungie jugar en el agua— será la víctima inmediata si el delfín no aparece. Sin embargo, los operadores están intentando tener una actitud filosófica al respecto.

“Por supuesto que nuestros ingresos bajarán, pero así es la vida”, dijo Mary O’Neill, también de Dingle Boat Tours, cuyo padre fue quién realizó los primeros paseos de observación de Fungie. “Siempre supimos que este día llegaría, que no estaría aquí para siempre. Encontraremos otra forma”.

A pesar de los cierres por el coronavirus, los cielos nublados y la pérdida de su querida mascota, todavía hay optimismo en Dingle. Durante una tormentosa noche de sábado, el restaurante de “fish and chips” Reel Dingle, uno de los pocos negocios que siguen abiertos, aunque solo con servicio para llevar, tuvo una jornada muy atareada con los clientes locales, atraídos por las especialidades de lujo como rape y calamar, recién traídas de los barcos.

“Fungie ya había desaparecido antes, pero nunca había habido tanta histeria”, dijo Colm Ó Treasaigh, mientras preparaba los pedidos para los clientes que esperaban bajo la lluvia. “Será difícil para los barcos, pero probablemente estaremos bien”.

“Fungie vino con la marea”, dijo un hombre joven que operaba la freidora en la parte trasera del restaurante. “Lo que llega con la marea, se va con la marea”.

Fungie habrá puesto a Dingle en el mapa, pero pocos lugareños esperan que el tráfico de turistas vuelva a reducirse con su ausencia. Actualmente, la península está repleta de festivales y atracciones locales.

Graham Coull, un escocés que llegó a Dingle como maestro destilador en la nueva destilería de whisky y ginebra del pueblo, cree que la infraestructura turística construida sobre el fenómeno Fungie logrará sobrevivir sin él.

“Fungie trajo gente a Dingle, y como también somos una atracción para los visitantes, la Destilería Dingle se benefició del paso de esas personas”, dijo. “Sin embargo, este es un pueblo resiliente y logrará recuperarse”.

This article originally appeared in The New York Times.

© 2020 The New York Times Company