El fraude que cometen miles de latinoamericanos al día y cuesta millones de dólares

Sebastián Aguirre
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People duck under and jump over the turnstiles without paying to protest against a fare hike, at Pino Suarez subway station in Mexico City December 12, 2013. According to local media, Mexico City authorities raised the subway fare from 3 Pesos to 5 Pesos, an approximate increase of $0.15, starting December 13. The sign reads
Imágenes de las protestas que se originaron en 2013 en Ciudad de México por el aumento de las tarifas en el metro local (foto Reuters/Edgard Garrido).

Cerca de un millón de usuarios al día no pagan su boleto para ingresar al metro de Ciudad de México, reveló en diciembre de 2019 la directora de esa empresa de transporte, Florencia Serranía, al portal Publimetro. Traducido a términos económicos, la funcionaria indicó que eran algo así como cinco millones de pesos mexicanos en cada jornada (unos 240.000 dólares al cambio actual).

En Bogotá, la evasión en el pago del viaje en Transmilenio, el sistema de transporte público de buses, deja al año pérdidas cercanas a los 65 millones de dólares. Un 15 % de los ingresos a sus estaciones no registra pago, escribió Ana María Rojas en el texto Cómo emplear las ciencias del comportamiento para combatir la evasión del pago de pasajes en el transporte público, publicado en febrero de 2021 por el Banco Interamericano de Desarrollo.

Passengers wait for a Transmilenio system bus during rush hour in Bogota, March 12, 2014. A Thomson Reuters Foundation survey of 15 of the world's largest capitals and New York found Bogota in Colombia ranked as having the most unsafe public transport, with women scared to travel after dark, followed by Mexico City, Lima, then Delhi. Picture taken March 12, 2014. To match Thomson Reuters Foundation story WOMEN/POLL       REUTERS/Jose Miguel Gomez   (COLOMBIA - Tags: SOCIETY TRANSPORT TPX IMAGES OF THE DAY)
Sistema de buses Transmilenio, en Bogotá, Colombia. Foto Reuters/Jose Miguel Gómez.

Los casos anteriores son solo un ejemplo del desfalco millonario que año tras año deben asumir los principales sistemas de transporte público de la región por cuenta de las altas tasas de evasión en el pago de los viajes por parte de usuarios que toman esta decisión por distintas razones, principalmente culturales y económicas.

En Río de Janeiro, el VLT Carioca, el tranvía de Río de Janeiro, movilizó a 22 millones de pasajeros en 2019, pero tuvo una tasa de evasión del 11 %.

En el otro extremo se ubicaron empresas como el metro de Santiago, cuya tasa de evasión no supera el 0,2%, o la del Sistema Eléctrico de Transporte Masivo de Lima y Callao, Línea 1, que en su Informe de Desempeño 2019 el nivel de fraude detectado "se mantuvo reducido ubicándose entre 0,05% y 0,12%, muy por debajo del Límite de 8% previsto en el Contrato de Concesión".

Por su parte, el Metro de Medellín registró ese mismo año tan solo cinco casos de evasión del pago por día, poco para una infraestructura que moviliza al día poco más de un millón de personas.

La realidad detrás de la evasión del pago en el transporte público

María Eugenia Rivas, Tomás Serebrisky y Ancor Suárez - Alemán, autores de ¿Qué tan asequible es el transporte en América Latina y el Caribe?, publicado en 2019 por el BID, afirmaron que "la evasión del pago de tarifas en la región implica que los gastos de transporte están subestimados, particularmente en los grupos de bajos ingresos".

En su informe, los autores describen que estas personas "a menudo" tienen dificultades para pagar viajes en medios de transporte motorizados y que, de acuerdo con un estudio hecho en la región, la carga financiera de su canasta de viajes –un promedio de 60 al mes– para el quintil de ingresos más bajo supera el 25 % en las ciudades analizadas.

Justamente el tema de las tarifas fue lo que motivó las protestas violentas que tuvieron lugar en octubre de 2019 en Chile, y que originaron el término "evasión masiva", cuando movimientos ciudadanos la emprendieron contra el Metro de esa ciudad al anunciarse un alza de 30 pesos chilenos (0.042 dólares al cambio actual), quedando en 830 pesos en horas más congestionadas (1,16 dólares) y 750 pesos en horas valle (1,05 dólares).

A subway train arrives at a station in Santiago, Chile, September 2, 2015. REUTERS/Ivan Alvarado
Estación de tren en Santiago de Chile. Foto Reuters/Iván Alvarado.

Eso ha llevado a que muchos gobiernos locales establezcan subsidios que incrementen la asequibilidad de estas poblaciones a los sistemas públicos de transporte y eviten la evasión del pago del viaje, pero su impacto ha sido medio ya que si se amplía la cobertura de dichos auxilios se pone en riesgo la sostenibilidad financiera de las empresas prestadoras del servicio.

“Es un problema que debemos reconocer porque no podemos resolverlo si no lo reconocemos. Estamos reconociendo que hay una evasión muy grande dentro del Metro y que tenemos que trabajar todos, y una pequeña acción es no recargando pirata, no saltarse el torniquete, pagando los cinco pesos. Yo creo que es un servicio muy bueno a precio accesible, va a seguir así, vamos a ser el segundo Metro más barato del mundo… y lo único que necesitamos es que todos cooperemos”, dijo Florencia Serranía, del Metro de Ciudad de México, en sus declaraciones a Publimetro.

Apelar a la honestidad y la confianza de los usuarios como un acto de corresponsabilidad con una empresa que le presta un servicio esencial ha sido una estrategia que ha funcionado en el Metro de Medellín. Allí Hugo Loaiza, profesional del área de Gestión Social de este sistema, señala que ese ejercicio de reforzar la confianza mutua ha sido acompañado de mejoras en la infraestructura, con el uso de herramientas tecnológicas y la revisión periódica de los torniquetes de acceso para cerrar las ventanas de la evasión.

El comportamiento de los usuarios es otro tema que ha ameritado la revisión y el análisis por parte de los entes correspondientes que se encargan de prevenir estos actos. Ana María Rojas, del BID, comentó: "los sesgos de comportamiento juegan un papel importante. En un fenómeno conocido como sesgo de optimismo, que implica subestimar la probabilidad de un mal resultado y sobreestimar la probabilidad de uno bueno, las personas minimizan la probabilidad de ser atrapadas por la policía y castigadas".

En su concepto, estos temas actitudinales deben ser tenidos en cuenta al diseñar políticas públicas de accesibilidad y asequibilidad a los sistemas de transporte de la región.

"Estos sesgos son sistemáticos, y podemos corregirlos con simples intervenciones que redireccionen la toma de decisiones en una dirección más positiva", escribió Rojas.

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