Europa está minando un mercado de talento emergente: Estados Unidos

Rory Smith
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Durante los últimos meses, André Zanotta ha recibido llamadas de equipos de Francia, Bélgica y Alemania. En el mercado de transferencias, hay poco que esquive al ojo de barrena del Sevilla, así que la parte española también estuvo en contacto. Además, estuvieron los italianos. A Zannota le dio la impresión de haber hablado con todos los clubes importantes de la Serie A.

Zanotta está acostumbrado a este tipo de frenesí. Hace una década, era vicepresidente en el Santos, en su natal Brasil, cuando un adolescente Neymar se estaba haciendo paso. Unos años después, estuvo en Gremio cuando Arthur Melo surgió como una de las promesas más brillantes de Sudamérica (a la postre, ambos jugadores fueron vendidos al Barcelona).

Claro está, Brasil, el gran invernadero de talento en el fútbol, ha funcionado así desde hace mucho tiempo: los principales clubes de Europa todo el tiempo están a la espera, listos para precipitarse cuando un visor o un representante los alerte ante el menor parpadeo de promesa. Esta vez, la diferencia fue que Zanotta no recibió esas llamadas en São Paulo ni Porto Alegre, sino en Dallas.

Todos los clubes que se pusieron en contacto con Zanotta —el director deportivo del FC Dallas— querían preguntarle sobre el lateral derecho adolescente Bryan Reynolds. En ese momento, Reynolds había jugado tan solo un par de decenas de partidos en la Major League Soccer, pero había bastado para despertar su curiosidad.

“Les encantó su habilidad técnica, su físico”, mencionó Zanotta para referirse a los postores europeos que le llamaron para preguntar por Reynolds. “Pudieron ver en su perfil que se podía adaptar a cualquiera de las principales ligas de Europa”. Con el tiempo, dos hicieron una propuesta: la Juventus y la Roma. Reynolds eligió mudarse a la capital italiana después de que el entrenador de la Roma, Paulo Fonseca, lo persuadió de que le podía ofrecer una ruta más veloz al primer equipo. Con el tiempo, la Roma podría pagar hasta 11 millones de dólares por el privilegio de firmarlo.

Reynolds no es el único joven futbolista de Estados Unidos en haber pasado por esa travesía durante el mercado invernal de transferencias en Europa. El mes pasado, el Philadelphia Union vendió al defensa Mark McKenzie al KRC Genk, de Bélgica, y al mediocampista Brenden Aaronson al Red Bull Salzburgo de Austria. Joe Scally del New York City FC completó su tan anticipado traspaso al Borussia Mönchengladbach. Asimismo, otros dos jugadores un poco mayores —Jordan Morris y Paul Arriola— se unieron al Swansea City de la segunda división de Inglaterra. Algún día, podrían chocar allá con el delantero del Orlando City, Daryl Dike: el lunes, el jugador de 20 años accedió a irse a préstamo al Barnsley.

El camino que recorren cada vez está más allanado: todos se suman a un contingente estadounidense en Europa que ya incluye a Tyler Adams, Weston McKennie, Christian Pulisic, Josh Sargent y Giovanni Reyna.

“La Major League Soccer solía vender jugadores a Europa por episodios”, comentó Dimitrios Efstathiou, vicepresidente sénior de la MLS encargado de las relaciones con los jugadores. “Se daba como resultado de una relación existente entre dos entrenadores o tras un buen desempeño en una Copa del Mundo”.

Ahora, eso ha cambiado. “Son cuatro, cinco o seis cada periodo del mercado de transferencia”, mencionó Fred Lipka, director técnico del programa de desarrollo de juveniles MLS Next. “Y esto valida el proceso”.

La transformación relativamente repentina —de Estados Unidos en general y de la MLS en particular— de ser una última opción para los equipos europeos a un excelente territorio de caza tiene explicaciones paralelas, una de cada lado del Atlántico.

Desde una perspectiva de la MLS, es resultado de lo que Lipka llama “el proceso, un giro completo en la manera de desarrollar jugadores” en la liga durante los últimos catorce años. En 2007, la MLS tomó la decisión de invertir más en sus academias: no solo en las instalaciones que podían ofrecer los clubes para el desarrollo de jugadores, sino en el tipo de entrenamiento que recibían ahí.

“Invertimos en educación para los entrenadores, en directores para las academias, en hacer el intento por garantizar que hubiera más intercambio con Europa y Sudamérica, y por importar las mejores prácticas”, comentó Lipka. “Hay más énfasis en el entrenamiento técnico y táctico, no solo en el desarrollo atlético. Para fabricar un avión, necesitas ingenieros que sepan cómo construir uno”.

Reynolds, Aaronson y muchos —pero no todos— de los demás son el fruto de ese trabajo: su florecimiento ayudó, no solo por el compromiso de los clubes para permitir que crecieran los jugadores locales —“Nuestro ADN permite que los futbolistas jóvenes lleguen al máximo nivel”, comentó Zanotta del FC Dallas, donde McKennie perfeccionó su juego como futbolista de la academia—, sino por la elevación de los estándares de la liga en conjunto.

“Los dueños han invertido más dinero en mejores contrataciones”, comentó Zanotta. “Por eso está creciendo la calidad de los jugadores en la liga y eso ayuda al desarrollo de los futbolistas estadounidenses”. Su homólogo en Filadelfia, Ernst Tanner, señaló que el nivel de juego en la liga tan solo era una parte; la prevalencia en la MLS de un estilo de juego “más dinámico de presión alta y alto riesgo” también ayuda, porque los equipos en Europa necesitan futbolistas que se sientan cómodos jugando de esa precisa manera.

Al buscar más de cerca, los equipos europeos también se han percatado más de que la MLS es un lugar sencillo donde hacer negocios. En vez de resistir frente a los depredadores que rondan a sus mejores promesas —o dejar que sus clubes recorran solos los turbios rincones del mercado de transferencias—, la liga tiene todo un departamento dedicado a facilitar los acuerdos, con Efstathiou a la cabeza.

Sus 12 representantes de enlace están en contacto diario con los 27 clubes de la MLS, “para estar al pendiente de las transacciones potenciales, tanto de ingreso como de egreso”. La liga monitorea los acuerdos y ayuda en cada uno de los pasos, tanto en su capacidad legal, al ser el máximo empleador de cada uno de los jugadores, como en su papel de asesor, al ofrecer una guía sobre las realidades del “mercado desde una visión más amplia”.

Aunque parezca contradictorio —que una liga facilite el traspaso de algunos de sus mejores talentos a su competencia teórica—, Tanner, por su parte, considera que es la conclusión natural del proceso. “Por ahora, si desarrollamos a un futbolista de alto nivel, lo único que podemos hacer es venderlo y permitir que alcance su máximo potencial”, comentó.

Para Efstathiou, no solo es inevitable, sino benéfico. “Para mejorar la calidad en el campo, debemos participar de lleno en el mercado”, mencionó. “Eso quiere decir comprar al igual que vender”.

Es poco probable que su equipo de trabajo tenga un momento de quietud en el horizonte. En Filadelfia, Tanner recibe llamadas “diarias” de representantes de equipos europeos, ansiosos por no dejar pasar a los sucesores de McKenzie y Aaronson. Zanotta ya ha respondido a las preguntas sobre los futbolistas del Dallas FC que podrían remplazar a Reynolds —o a su predecesor, Reggie Cannon, actual militante del club portugués Boavista— en Texas.

No es el único. Los clubes europeos están monitoreando a gente como Julian Araujo, un lateral de 19 años que juega en el Galaxy de Los Ángeles, y al joven arquero del Real Salt Lake, David Ochoa. Lo más probable es que haya interés por ambos cuando el mercado de transferencias reabra este verano.

Lipka lo toma como un gran cumplido y un testimonio del trabajo que ha hecho la MLS durante poco más de diez años. Lipka recuerda un punto —hace no mucho tiempo— cuando se trataba con sospecha a los pocos futbolistas estadounidenses que llegaban a Europa, pues se pensaba que corrían rápido y trabajaban duro, pero eran limitados en su técnica, y cuando los clubes más grandes del Viejo Continente ni siquiera consideraban a Estados Unidos como un mercado que valiera la pena usar.

“Solía ser una carga para un joven jugador estadounidense”, comentó Lipka. “Ahora, creo que es una época bastante buena”.

This article originally appeared in The New York Times.

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