Estas fotos de la caravana migrante en México evocan un pasado atroz, pero sus razones son muy diferentes

Imágenes de números escritos con tinta negra sobre los brazos de personas han sido difundidas en el contexto de la cobertura de la caravana migrante centroamericana que ha avanzado por todo México y ha comenzado a llegar parcialmente a la frontera de ese país con Estados Unidos con el objetivo de solicitar asilo.

La razón de tales números es en realidad sencilla y, podría decirse, auspiciosa, pero su visión puede, sin el contexto adecuado, suscitar interpretaciones erróneas y desatar miedos injustificados o críticas equívocas o injustas.

Alberto Benitez, un migrante de Honduras y su hija de cinco años, muestran en Ciudad Juárez, México, los números en sus brazos que indican el turno en el que serán conducidos por oficiales del Grupo Beta de proteccción al migrante del albergue católico Casa del Migrante al cruce fronterizo con Estados Unidos, donde tendrán la posibilidad de solicitar asilo. (Reuters / José Luis González)

¿Cómo organizar un enorme flujo de personas que, con recursos ínfimos y considerable desesperación se aglomeran en un solo sitio y requieren coordinación y apoyo para tratar de lograr su meta? Un elemento de la respuesta a ese planteamiento explica estos números escritos en los brazos de muchos de los migrantes de la caravana centroamericana que han llegado ya a Ciudad Juárez.

Los números indican el orden en que serán conducidos al cruce fronterizo por el personal del Grupo Beta, integrado por oficiales mexicanos de protección a migrantes, de la Casa del Migrante, un albergue humanitario operado por la Iglesia católica, para que puedan presentar su solicitud de asilo.

Las imágenes fueron tomadas y difundidas por José Luis González, fotógrafo de la agencia Reuters, que realiza cobertura informativa de la caravana.

Con esa marca en el brazo de cada migrante se pretende coordinar su movimiento para evitar caos y tensiones, gestionar los recursos y espacios limitados que hay en los cruces fronterizos y, sobre todo, propiciar que la presentación ante las autoridades estadounidenses sea lo más ordenada posible y que cada uno de ellos tenga claro el momento en el que le tocará su turno. Se trata en realidad de números de denotan una posibilidad, una esperanza.

Otros migrantes centroamericanos muestran el número que indica el orden en que serán llevados al cruce fronterizo entre Ciudad Juárez, México, y El Paso, Estados Unidos, (Reuters / José Luis González)

Pero ciertamente, por confusión o encono, esas marcas en la piel podrían hacer pensar que se está sometiendo a esos migrantes a una suerte de reclusión forzada, ya que evocan los que portaban las personas sometidas y esclavizadas en campos de concentración nazis durante la Segunda Guerra Mundial y tienen una trágica y dolorosa relación con el Holocausto judío.

Se trata de números muy diferentes. Los del Holocausto fueron tatuados con violencia y fueron parte de uno de los crímenes más atroces de la historia de la humanidad y muestra de un odio desmedido, de un genocidio atroz y repudiable que no debe repetirse jamás. Los que están pintados con tinta en los brazos de los migrantes son una forma simple de organizarlos para, en principio, facilitar su estancia en la frontera y su presentación en el cruce con Estados Unidos.

Las condiciones de los integrantes de la caravana migrante han sido desde su inicio mismo muy difíciles. Por sus razones mismas (escapar de la violencia y la miseria en sus países de origen), por la vastedad y dificultad en la que han realizado su viaje, literalmente de miles de kilómetros, y por las precarias condiciones en las que deberán permanecer, quizá por muchos días y semanas, una vez llegados a la frontera.

En realidad, las ciudades fronterizas mexicanas están ya saturadas con la presencia de miles de migrantes (mexicanos y de otros países) que esperan la posibilidad de cruzar a EEUU, y por ello los recursos disponibles para ayudar a los recién llegados son escasos. La coordinación y organización es por ello especialmente acuciante y necesaria en esas circunstancias.

Integrantes de la caravana migrante centroamericana frente a Casa del Migrante, albergue humanitario operado por la Iglesia católica en Ciudad Juárez, urbe mexicana fronteriza con Estados Unidos, (Reuters / José Luis González)

Habrá quien dirá que se podría haber asignado a cada migrante un papel o un brazalete con el número respectivo y ciertamente se puede comentar al respecto. Pero, por otro lado, salvo el riesgo de que esos números se borren (sobre todo si la espera del migrante es larga), de que alguien los duplique o altere y a reserva de considerar todo el proceso de atención a estos migrantes, otros dirán que el tenerlos escritos en el brazo simplifica y agiliza la coordinación de los migrantes, algo que es especialmente crucial cuando se ha de atender a multitud de personas con mínimos recursos y tiempo muy limitado.

Todo ello podría desde luego hacerse de otra manera pero esos números en los brazos sugieren para los migrantes la posibilidad de lograr una meta y no tienen nada que ver con los campos de concentración nazis y sus prácticas criminales.

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