Estados Unidos aceleró las expulsiones de migrantes haitianos en mayo

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Hombres haitianos en un refugio para migrantes en Reynosa, México, cerca de la frontera con Estados Unidos, el 4 de mayo de 2022. (Kirsten Luce/The New York Times)
Hombres haitianos en un refugio para migrantes en Reynosa, México, cerca de la frontera con Estados Unidos, el 4 de mayo de 2022. (Kirsten Luce/The New York Times)

WASHINGTON D. C. — En mayo, el gobierno de Biden expulsó a casi 4000 haitianos en 36 vuelos de deportación— un aumento significativo de los tres meses previos— luego de renegociar acuerdos con la nación insular, la cual se ha visto minada por la violencia de pandillas y una crisis humanitaria que no hace sino aumentar.

A lo largo del último año, un número creciente de haitianos han emprendido la odisea a través de las junglas de Sudamérica hacia las peligrosas llanuras del norte de México para finalmente cruzar a Estados Unidos. En últimas fechas, muchos también han intentado llegar a Florida por mar. Son parte de una ola de migración en la frontera con México que nunca se había visto.

Si bien el número de haitianos que cruzan hacia Estados Unidos aumentó recientemente, en absoluto es el reto migratorio más serio al que se enfrenta el país. Más bien es uno de los más fáciles de lidiar para el gobierno.

Durante la pandemia por el coronavirus, una norma de salud pública de emergencia ha permitido a las autoridades fronterizas expulsar sin demoras a los inmigrantes. Eduardo Maia Silva, un vocero del Departamento de Seguridad Nacional, dijo que la regla de salud pública aplica a los migrantes de todos los países “y no es específica de los ciudadanos haitianos”.

Empero, la administración de Biden se ve limitada en términos de adónde puede enviar los vuelos. En general, México acepta inmigrantes que Estados Unidos rechaza solo si estos proceden de El Salvador, Guatemala, Honduras, México y, en ciertos casos, Cuba y Nicaragua.

Otros inmigrantes deben ser enviados a sus países, pero las autoridades fronterizas de Estados Unidos deben permitir que la mayoría de los cubanos, nicaragüenses y venezolanos —quienes conforman una parte significativa de las personas que están atravesando la frontera últimamente— se queden y a la larga deban enfrentarse a un proceso de expulsión. Debido a la falta de relaciones diplomáticas con esos países, Estados Unidos no puede enviar vuelos a esos lugares.

Pero el gobierno de Estados Unidos tampoco puede enviar tantos vuelos de remoción como quisiera a países con los que tiene buenas relaciones diplomáticas.

“Toda la política de deportación tiene que ver con política exterior”, dijo Yael Schacher, subdirectora para las Américas y Europa de Refugees International, un grupo de defensoría.

Pero algunos dicen que la inestabilidad en Haití, sobre todo desde el asesinato en julio de su entonces presidente, Jovenel Moïse, ha hecho que sea relativamente fácil enviar vuelos ahí. En algún momento los haitianos representaron alrededor del 6 por ciento de los migrantes que cruzaban la frontera con México, pero ocupaban el 60 por ciento de los vuelos de remoción, según registros de vuelos y datos internos de la frontera.

“No hay un gobierno en Haití que pueda tomar esas decisiones”, Guerline M. Jozef, presidenta de la organización de defensa de los derechos humanos Haitian Bridge Alliance, afirmó sobre el número de vuelos de expulsión que el país podría aceptar. Muchos haitianos no reconocen como legítimo al actual gobierno de Puerto Príncipe.

La situación en Haití ha empeorado en el último año. La Organización Internacional para las Migraciones, el mayor grupo de ayuda no gubernamental en el país, afirmó que en mayo hubo más de 200 secuestros. La pobreza está en todas partes, y casi la mitad del país carece de acceso adecuado a alimentos baratos y saludables, según las Naciones Unidas.

En septiembre, la administración de Biden le dio a la organización 13,1 millones de dólares para que ayudara a los haitianos a salir de los vuelos de remoción, dándoles dinero y asistencia de otro tipo a fin de que se reintegraran a la sociedad. Muchos habían estado viviendo en otros países de Sudamérica por muchos años antes de que emprendieran el viaje hacia Estados Unidos.

Se espera que los problemas sistémicos que impulsan la emigración de Haití salgan a colación durante la Cumbre de las Américas que se celebra esta semana en Los Ángeles. El primer ministro interino de Haití, Ariel Henry, acudirá al evento.

El presidente Joe Biden se postuló al cargo bajo la promesa de que ejercería con compasión las políticas migratorias de su país, sobre todo si se trataba de asilo. Pero implementar políticas nuevas en medio de un aumento pronunciado de la migración y durante una pandemia ha resultado ser difícil. Algunas políticas de la era de Trump siguen en vigor.

En septiembre y a lo largo de varios días, unos 15.000 migrantes, muchos de ellos haitianos, cruzaron la frontera hacia Del Rio, Texas. Ese mes, Estados Unidos envió 58 vuelos de remoción (nunca había enviado tantos) hacia Haití, según datos recopilados por la Organización Internacional para las Migraciones, que lleva un registro de tales vuelos.

El número de vuelos por mes disminuyó después de eso, pero volvió a aumentar en enero, cuando fueron 36. Hubo un total de 39 vuelos de febrero a abril, y la cifra volvió a incrementar en mayo; en los 36 vuelos de ese mes había muchas familias y menores de 3 años.

Luego de que un niño pequeño muriera en un hospital haitiano al poco tiempo de desembarcar de un vuelo de remoción en enero, la Organización Internacional para las Migraciones le pidió al gobierno de Biden que cesara las expulsiones de niños pequeños.

Entre el 19 y el 26 de mayo, los agentes fronterizos estadounidenses contabilizaron 1868 haitianos que habían cruzado la frontera suroeste, según datos internos del gobierno. Durante ese periodo, hubo 21 vuelos de expulsión a Haití. En comparación, durante el mismo periodo, contaron a 5264 guatemaltecos y 4453 hondureños, y Estados Unidos envió siete vuelos de expulsión a cada país.

Los agentes del Departamento de Seguridad Nacional sostuvieron que la política en relación a las expulsiones de haitianos no había cambiado en absoluto. La Casa Blanca declinó hacer comentarios.

Un funcionario federal, que habló bajo condición de anonimato para discutir un asunto de política exterior, comentó que los vuelos de expulsión a Haití no eran desproporcionados con respecto a los enviados a otros países. El funcionario explicó que el gobierno había negociado acuerdos con otros países sobre el número de vuelos que podía enviar. Las negociaciones permitían una flexibilidad para que Estados Unidos pudiera aumentar rápidamente el número de vuelos a un determinado país si era necesario. Eso fue lo que ocurrió con Haití, indicó.

Desde septiembre, más de 25.000 haitianos han sido expulsados de Estados Unidos y devueltos a Haití. No parece haber un final a la vista. En fechas recientes, al anticipar un cambio en la política fronteriza que ahora ha quedado en suspensión, más haitianos han esperado en el norte de México con planes de cruzar la frontera y pedir asilo, un derecho legal que ha estado bloqueado desde el comienzo de la pandemia.

“No tengo otro plan más que ir a Estados Unidos, ir ahí y trabajar”, Carlos Montius, de 35 años, indicó el mes pasado. Montius, un haitiano de Puerto Príncipe, contaba que llevaba en Reynosa, México, casi un año entero.

© 2022 The New York Times Company

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