Estado concluye alegato contra el asesino de Parkland. Jurados recorrieron el lugar de los hechos

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Un oso de peluche blanco, sucio y desechado en el suelo de la escalera. Afuera del aula 1215, la sangre seca manchaba el suelo donde tres alumnos recibieron disparos mortales.

En el aula 1214, donde los alumnos aprendían sobre la historia del Holocausto, agujeros de bala marcaban los escritorios. Las computadoras portátiles, los auriculares y las botellas de agua permanecían congelados en el tiempo.

Estas son algunas de las inquietantes imágenes que vieron los jurados que visitaron la secundaria Marjory Stoneman Douglas para presenciar el lugar del tiroteo escolar más letal de la Florida. Tras la visita del jurado y el testimonio de las familias de las últimas tres de las 17 víctimas de homicidio, los fiscales del Condado Broward concluyeron oficialmente su alegato el jueves —día 12 del juicio— contra el agresor confeso Nikolas Cruz.

Cruz ya se ha declarado culpable, pero el jurado decidirá si condena al joven de 23 años a muerte, o a cadena perpetua. El 22 de agosto, la defensa comenzará a llamar a testigos con el objetivo de persuadir a los jurados de que los problemas de salud mental de Cruz, sus trastornos cerebrales y su tumultuosa vida familiar deberían evitarle la pena de muerte.

El estado ha presentado un caso muy detallado. Los jurados escucharon a decenas de sobrevivientes conmocionados, algunos de quienes sufrieron heridas de bala catastróficas, a investigadores de la Policía, a peritos de criminalística y a examinadores médicos que catalogaron las devastadoras heridas de bala de los asesinados.

Y, quizá lo más visceral, los jurados escucharon directamente a varios familiares afligidos. Durante tres días de esta semana, hablaron de futuros perdidos y de familias destrozadas por las muertes violentas y prematuras. El testimonio fue tan conmovedor que varios de los abogados defensores de Cruz lloraron en el tribunal.

Los familiares de las tres últimas víctimas de homicidio —Helena Ramsay, Peter Wang y Christopher Hixon— subieron al estrado el jueves por la tarde para hacer sus declaraciones.

La madre de Helena recordó a una “joven hermosa, alta y elegante” que era atlética y le encantaba aprender. La joven de 17 años fue asesinada a tiros el día de San Valentín, también el cumpleaños de su padre.

“Ese día nunca será una celebración y nunca podrá ser el mismo para él y ahora está lleno de dolor, como todos los días”, dijo Ann Ramsay a los jurados.

La madre y dos primos de Peter Wang describieron a un joven dinámico de 15 años que formaba parte de una familia de inmigrantes chinos muy unida. En una declaración leída en voz alta, la madre Hui Wang dijo que se hace un tatuaje en honor a su hijo cada año en la fecha de su muerte.

La esposa de Christopher Hixon, director deportivo de la escuela y monitor del campus, dijo que la muerte de su marido puso fin a “una hermosa vida juntos”. Debbie Hixon dijo a los jurados: “Estoy desconsolada porque nuestro viaje terminó demasiado pronto”.

Christopher Hixon era también el “mejor amigo” de su hijo con necesidades especiales, Corey. En un momento conmovedor, Corey —quien llevaba un saco azul y una corbata de moño— contó al tribunal que todos los sábados iba por donas con su padre.

“Lo extraño”, dijo Corey, mientras muchos en el público en el tribunal sollozaban.

Pero fue la visita del jurado a la escuela la que sirvió de escalofriante colofón al alegato del estado, una exploración del edificio de tres pisos para estudiantes de primer año, todavía sembrado de tarjetas de San Valentín, botellas de agua desechadas y manchas de sangre.

Al grupo de 12 jurados y 10 suplentes se les permitió visitar cada uno de los pisos y las aulas donde los estudiantes huyeron para ponerse a cubierto cuando Cruz disparó ráfagas de balas de alta velocidad a través de las ventanas de las puertas que dan a los pasillos. No se les permitió hacer preguntas a los agentes que los escoltaban, tocar nada ni tomar fotos.

No se permitió a los medios de comunicación acompañar a los jurados. No se permitieron fotos, pero se permitió a un grupo de reporteros caminar por el edificio después, y la nota describió una escena inquietante: la primera mirada al interior por parte de los medios de comunicación o del público al lugar del peor tiroteo escolar de la Florida.

Un reporte conjunto, compilado por reporteros de The Associated Press, el South Florida Sun Sentinel, Court TV y las filiales de ABC y CBS de Miami, detalló una escena inquietante que coincidía con el testimonio gráfico en el tribunal.

En el primer piso, los cristales crujían bajo los pies de los visitantes cuando entraban en las aulas donde Cruz abrió fuego a través de las ventanas.

Afuera de una sala de estudio en el 1215 es donde Luke Hoyer, Martin Duque y Gina Montalto fueron ultimados, la sangre seca manchaba el pasillo, los auriculares desechados estaban detrás de la puerta.

Cerca de allí, en una clase de Psicología, un gran charco de sangre marcaba el lugar donde Carmen Schentrup, de 16 años, fue fatalmente alcanzada en la cabeza por uno de los disparos del fusil de Cruz. Las fotos familiares de la maestra cubrían las paredes,y el teléfono del personal estaba tirado en el suelo. Una única zapatilla deportiva blanca permanecía en el suelo.

Aunque los cuerpos habían sido retirados hacía tiempo, la carnicería seguía visible.

El lugar donde el director de atletismo Christopher Hixon —baleado al salir corriendo por la puerta oeste— se desplomó y se retorció de dolor, estaba bañada en sangre, en el suelo y en la pared.

En el aula 1216 —donde estaba la mayor cantidad de alumnos ultimados y heridos— unas manchas marrón marcaban el lugar en el que Alyssa Alhadeff y Alaina Petty murieron tumbadas una al lado de la otra. Una carpeta azul con el nombre de Alaina sigue en un escritorio. Hay agujeros de bala en las paredes.

Los ensayos escritos por los alumnos permanecen en sus pupitres, para nunca ser recuperados. “Vamos a la escuela todos los días de la semana y lo damos todo por sentado”, escribió un estudiante. “Lloramos y nos quejamos sin saber la suerte que tenemos de poder aprender”.

“Estas personas estaban teniendo un hermoso día y todo está como congelado en el lugar donde ocurrió”, dijo Ralph Olmeda, del Sun Sentinel. “Las computadoras portátiles quedaron abiertas. Las tareas están ahí”.

Las escenas de escritorios y libros polvorientos se hicieron más espeluznantes por los indicios de San Valentín esparcidos entre los escombros.

“En todo el pasillo había pétalos de rosa en el suelo. Había tarjetas en los escritorios. Había algunos globos que se desinflaron”, dijo Terry Spencer, de AP. “Había una bolsa, una bolsa rosada de San Valentín una rosa marchita encima. En el suelo, donde yacía uno de los cuerpos, había una tarjeta de San Valentín hecha a mano con cartulina. Parte de la tarjeta se había desecho por la sangre que había en el suelo”.

En el tercer piso, donde murieron seis personas, la gran cantidad de sangre seca era sorprendente.

“La sangre en el pasillo es algo que nunca desearía que la gente tuviera que ver”, dijo Olmeda. “Han pasado cuatro años. La sangre ha perdido casi toda su tonalidad roja. Es marrón. Es oscura. Está seca, pero no cabe duda que es sangre”.

Bajo lo bebederos, tres grandes charcos de sangre seca marcan los puntos hasta donde las autoridades arrastraron los cuerpos de Cara Loughran, Meadow Pollack y Joaquin Oliver. Un tenue rastro de sangre trazó el camino de los cuerpos de las chicas desde el lugar de donde salieron hasta donde cayeron sus cuerpos tras ser baleadas.

La sangre también manchó el lugar donde Meadow y Cara yacían, heridas, mientras un maestro reunía a otros estudiantes en el pasillo. Cruz volvió y les disparó de nuevo.

Gotas de sangre también marcaron el lugar donde Joaquín, herido en una primera descarga, intentó escapar pero fue asesinado por Cruz, quien lo alcanzó. El testimonio demostró que levantó las manos para protegerse. Dos balas en la pared muestran lo inútil de su intento.

Jurors walk around the “1200 building,” the crime scene where the 2018 shootings took place, at Marjory Stoneman Douglas High School in Parkland on Thursday, August 4, 2022. This during the penalty phase in the trial of confessed shooter Nikolas Cruz who previously plead guilty to all 17 counts of premeditated murder and 17 counts of attempted murder. Cruz waived his right to be present at the viewing. (Amy Beth Bennett/South Florida Sun Sentinel via AP, Pool)
Jurors walk around the “1200 building,” the crime scene where the 2018 shootings took place, at Marjory Stoneman Douglas High School in Parkland on Thursday, August 4, 2022. This during the penalty phase in the trial of confessed shooter Nikolas Cruz who previously plead guilty to all 17 counts of premeditated murder and 17 counts of attempted murder. Cruz waived his right to be present at the viewing. (Amy Beth Bennett/South Florida Sun Sentinel via AP, Pool)

También había una partida de ajedrez inacabada en una de las aulas; un estudiante contó a los jurados sobre la partida que había jugado con su amigo Peter Wang.

Al final del pasillo, donde Wang fue finalmente abatido, el suelo estaba manchado con manchas oscuras de sangre y material amarillo-verdoso que fue descrito en el testimonio como materia cerebral. Hay seis agujeros de bala en la ventana situada encima de donde murió Wang.

Cruz, según el testimonio, trató de volar las ventanas para disparar a los estudiantes que huían. El propio Cruz se negó a visitar la escuela el jueves.

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