¿Es ofensivo el 'browning' o 'blackface' en América Latina? Sí, pero hay algunas excepciones

Dos hombres se pintaban la cara en el Carnaval de Negros y Blancos, en Pasto, sur de Colombia. El festival fue declarado Patrimonio Intangible de la Humanidad por la UNESCO (Vizzor Image/Getty Images)

"El blackface y el browning son extremadamente ofensivos para las comunidades latinas y afrolatinas", expresó la activista Stephanie Murillo Centeno, presidenta de la Red de Jóvenes Afropanameños sobre la costumbre de algunos blancos de pintarse la piel de negro o marrón para parecer una persona afro, árabe o latina.

"¿Pero en vez de preguntarnos si nos molesta que una persona se pinte la cara de negro, la pregunta es qué necesidad tiene de disfrazarse como alguien de otra etnia o cultura?", dijo Murillo, quien fue la productora del Afrolatinos" galardonado como el mejor reportaje histórico-cultural en la más reciente edición de los premios Emmy Internacional.

La comunicadora explicó que no se trata de que esté prohibido vestir atuendos de una cultura distinta a la nuestra sino el respeto y las motivaciones para hacerlo.

Por eso rechaza de plano a los que se pintan la cara de negro o se colocan rellenos en los senos y las nalgas para emular a personas negras sólo para ir a una fiesta por diversión. "Creo que esa actitud no sólo perpetúa el estereotipo sino también la violencia y el racismo hacia este grupo de personas que han sido históricamente discriminados".

El regreso de un viejo problema

La discusión sobre el Blackface y el browning emergió nuevamente con la reciente ola de críticas por la publicación en redes sociales de unas fotos viejas del primer ministro canadiense Justin Trudeau con la cara pintada de oscuro en una fiesta. Los adversarios lo acusan de racista por disfrazarse de Aladino o pintarse al menos tres veces entre 1990 y 2001.

El político se ha disculpado expresando que en ese momento no comprendía el carácter ofensivo de sus acciones pero que ahora comprende que lo era y lo lamenta.

Las representaciones negativas de las comunidades afrodescendientes en Estados Unidos comenzó a mediados del siglo XIX, cuando los espectáculos de juglares y bufones se pintaban la cara de negro con ceniza de corcho para parecer negros.

Las presentaciones, que estaban diseñados para divertir a las audiencias blancas, resultaban dolorosas y denigrantes para los afro-estadounidenses porque reforzaba la noción de superioridad de los blancos.

El Museo Nacional Smithsonian de Historia y Cultura Africana Estadounidense indicó que con la práctica de distorsionar los rasgos y la cultura de los Afro Americanos, incluyendo su aspecto, su lenguaje, sus danzas, su comportamiento y su personalidad, los estadounidenses blancos crearon divisiones geopolíticas y de clase entre blancos y negros.

La discriminación en América Latina

Las comunidades negras también fueron y siguen siendo discriminadas en América Latina, a pesar de su enorme presencia y del mestizaje existente en la población.

El historiador Henry Louis Gates Jr. escribió en su libro "Black in Latin America" que entre 1502 y 1866, unos 11,2 millones de africanos desembarcaron en barcos de esclavos enviados al llamado Nuevo Mundo. De ellos sólo 450.000 llegaron a Estados Unidos. El resto fueron vendidos a las plantaciones en las colonias del Caribe y lo que hoy se conoce como América Latina.

Pero esa contribución demográfica, étnica y cultural ha sido invisibilizada.

"Las comunidades afrodescendientes tenemos presencia en el continente americano de más de 400 años, somos los que levantamos el continente a punta de sangre y muerte y aun así viven en condiciones precarias, privándolos de trabajos dignos, educación, salud, agua"., expresó Murillo.

Uno de los disfraces más populares de los carnavales venezolanos de los años 60 era vestirse de “negrita”. Las chicas se ponían una media negra en la cara o se pintaban la cara para esconder su identidad y le preguntaban a los chicos: ¿A que no sabes quien soy yo?. Las que recuerdan haberse disfrazado de “negrita” aseguran, como Trudeau que nunca pensaron que el uso del disfraz tenía un mensaje racista y aseguran haberlo hecho solo por diversión.

Por en pleno siglo XXI no es gracioso disfrazarse caricaturizando a un negro, un indígena, un chino o cualquier persona de otra cultura, etnia o nacionalidad.

"Y no es que nos ofendemos por que sí. Las personas que se visten imitando a otras comunidades no se dan cuenta que ellos han tenido una lucha histórica para reivindicar sus raza y deshacerse de los estereotipos. El estándar de belleza es eurocentrista. La nariz ancha, los labios gruesos es vulgar, está mal visto. Los senos y las nalgas de grandes proporciones también está mal. ¿Por qué te vas a vestir de negra y pintarte los labios exagerados si a los negros los discriminan precisamente por su aspecto físico?"

Murillo señaló que el efecto psicológico que tienen en la comunidad negra es enorme: "Si yo me veo caricaturizada así me voy a sentir. Ridiculizada. Me están reduciendo a ser un chiste".

Exaltación cultural

Algo muy distinto es vestirse de negro en el marco de una festividad cultural creada o respaldada por la comunidad afrodescendiente.

En Panamá se exaltan las contribuciones culturales afro en el Mes de la Etnia Negra que se realiza en mayo, con festivales musicales, gastronómicos, deportivos, desfiles de moda. Las escuelas también invitan a los niños a usar indumentaria tradicional de las etnias negras que habitan el país.

"Por eso desde el movimiento social afro panameño se ha impulsado por ley el Día de la Etnia Negra. No es disfrazar a los niños y niñas de negros o africanos, es estimular su atención haciéndoles esta propuesta y a su vez obligatoriamente contar la historia, la cultura y robustecer el sentido de pertenencia. Se sabe que el mestizaje en América es tan fuerte que los negros abarcan un gran número porcentual en el ADN de las personas, al igual que los indígenas".

Dentro de esta tradición de respeto cultural se celebra el Carnaval de Negros y Blancos en Pasto, una población en el sureño departamento colombiano de Nariño. Durante la primera semana del año la ciudad se pone de fiesta en una celebración declarada Patrimonio Cultural e Inmaterial de la Humanidad en 2009.

Los historiadores creen que el origen de las festividades de Pasto datan de hace 400 años, cuando las comunidades indígenas agrícolas celebraban fiestas al dios de la luna para pedir la protección de las cosechas. Luego se integraron las tradiciones culturales de las comunidades de negros esclavos y de blancos que habitaron la zona.

Aunque los "pastusos" se pintan la cara de negro, ellos aseguran que no tiene connotaciones burlescas sino que forma parte de su patrimonio cultural.

"El 5 de Enero está dedicado al Día de los Negros. Durante esta jornada se conmemora el día libre que tenían los esclavos para compartir y dar rienda suelta a sus desahogos lúdicos", explica la página oficial de los organizadores. "El 6 de enero es el Día de los Blancos, en esta fecha los pastusos se pintan de blanco, generalmente con talco perfumado, harina y cosmético blanco"

Otra celebración en la que los colombianos se tiznan el cuerpo es durante el Son Negro, que es "una danza carácter guerrero-callejera que se compone de varias cuadrillas de ‘negros’ danzantes que ritualizan y recrean los espacios de convivencia de las antiguas tribus guerreras del Congo, originario de África", dijo el investigador y educador Manuel Antonio Pérez Herrera en la revista Credencial.

Pérez Herrera considera al Son Negro como un ritual mágico-festivo y simboliza la reafirmación de una práctica de arraigo ‘negro’ y se escenifican en las poblaciones panameñas de Portobello y Colón, y en Cartagena de Indias, Colombia.

Una fiesta protagonizada por un hombre que disfrazada como una mujer adro es la Mama Negra y se celebra en Latacunga, en la provincia de Cotopaxi, ubicada en el centro del país.

Esa manifestación cultural tampoco es considera racista por los ecuatorianos al punto que La Mama Negra fue declarada en octubre del 2005 como Patrimonio Cultural Intangible de la Nación y es considerada como símbolo de unidad y alegría nacional.

Para Murillo, lo ideal sería que los afrodescendientes se representen a sí mismos, sin necesidad de que blancos y mestizos se tengan que pintar la piel. "La representatividad también es muy importante".