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“Tienen un enorme impacto sobre la economía”: exfuncionarios pidieron a Javier Milei que continúen políticas de Estado clave

La carta sostiene que “los diversos gobiernos han ido incrementando la gravitación e institucionalidad de la agenda (climática). En los traspasos de mando de 2015 y de 2019 se marcó una continuidad en ese rumbo y se acentuó el compromiso del país en materia climática”
La carta sostiene que “los diversos gobiernos han ido incrementando la gravitación e institucionalidad de la agenda (climática). En los traspasos de mando de 2015 y de 2019 se marcó una continuidad en ese rumbo y se acentuó el compromiso del país en materia climática” - Créditos: @DANIEL DABOVE - TÉLAM

Funcionarios de las administraciones de Mauricio Macri y Alberto Fernández pidieron en una carta pública la continuidad de las políticas de Estado referidas al cambio climático, en medio de la incertidumbre por su supervivencia y respecto de qué será del Ministerio de Ambiente, su funcionalidad y alcances bajo el gobierno de Javier Milei.

La carta sostiene que “los diversos gobiernos han ido incrementando la gravitación e institucionalidad de la agenda (climática). En los traspasos de mando de 2015 y de 2019 se marcó una continuidad en ese rumbo y se acentuó el compromiso del país en materia climática”, y remarca que se trata de “un poco frecuente ejemplo de política pública sostenida en el tiempo”. También señala que “esta política de Estado se ha mantenido con plena conciencia del enorme impacto que tiene el cambio climático sobre nuestra economía (a modo de ejemplo, por la última sequía perdimos más de US$21.000 millones en exportaciones) y, fundamentalmente, sobre las poblaciones más vulnerables, ya que los eventos climáticos extremos agudizan todas las desigualdades preexistentes”.

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La misiva está firmada por Diego Moreno, Carlos Gentile, Pilar Bueno Rubial, Rodrigo Rodríguez Tornquist y Cecilia Nicolini, que fueron secretarios de Cambio Climático de la Nación entre 2015 y 2023, y se da en medio de la Cumbre de Cambio Climático COP28, que se lleva a cabo en Dubai y que no tendrá representantes del flamante gobierno (Nicolini fue la jefa de la delegación y tuvo agenda hasta este miércoles antes de regresar para renunciar a su cargo).

Si bien el presidente electo Javier Milei ha manifestado su posición respecto del cambio climático como algo inexistente y parte del “marxismo cultural”, lo cierto es que aún no está claro qué sucederá tanto con el ministerio (podría transformarse en subsecretaría) como con las acciones a las que obliga el cambio climático: la Argentina es uno de los firmantes del Acuerdo de París de 2015, que la compromete a reducir los gases de efecto invernadero.

La intención de los exsecretarios es que el país continúe en el sendero de reconocimiento de la existencia del cambio climático y que se trata de un problema que se debe encarar en el marco multilateral de la ONU (la Argentina fue parte central por ejemplo del anterior acuerdo contra el cambio climático, el Protocolo de Kyoto de 1997).

“Está claro que tenemos diferencias entre los gobiernos, pero somos conscientes de que hicimos políticas que fueron en el sentido correcto, políticas consensuadas”, dijo a LA NACIÓN Gentile, que trabajó los cuatro años del gobierno de Macri, bajo el ministerio de Sergio Bergman. El temor ante el cambio de gobierno era que la gestión de Milei enviara a los Emiratos Árabes a alguien que, sin experiencia en las negociaciones internacionales, cometiera un error del que sería difícil volver. Y se podría así perder el financiamiento internacional que existe para diversas iniciativas, en miles de millones de dólares. “Si pateamos el tablero perdemos una oportunidad para la Argentina. Como Brasil, podemos vender un sello verde, ellos con Amazonas y nosotros con Gran Chaco, el otro gran ecosistema de América del Sur, sea en el formato de canje de deuda por clima o con un formato de mercado”, completó Gentile.

Para Bueno Rubial, que fue funcionaria del gobierno saliente, “la política climática tuvo una continuidad institucional con el gabinete nacional y los planes de adaptación y mitigación, además de la transparencia en los reportes, como piden los organismos internacionales, y su estrategia de largo plazo”. Eso, dice, no debería perderse, porque nos permite la presencia en las negociaciones ante la ONU, que los intereses argentinos se vean reflejados y cumplir con la generación de respuesta frente a los efectos del cambio climático en la ciudadanía.

Para Nicolini, finalmente, “tener una política climática no solo es una gran oportunidad, sino una condición sine qua non para acceder a financiamiento internacional barato para proyectos y créditos de bancos multilaterales de desarrollo”. Entonces, “más allá de creer o no en el cambio climático, la realidad es que el mundo va a atar el comercio a las condiciones ambientales de los países”, expresó a este medio a la hora de justificar el por qué de su adhesión a la carta.

La carta completa

El cambio climático como política de Estado

Diego Moreno, Carlos Gentile, Pilar Bueno Rubial, Rodrigo Rodriguez Tornquist, Cecilia Nicolini (Secretarios de Cambio Climático de la Nación entre 2015 y 2023)

Al igual que en 2015 y 2019, el cambio de mandato presidencial en el país se dará durante el transcurso de una cumbre climática. En este caso, la que se llevará a cabo en Dubai a partir del 30 de noviembre.

La evidencia científica acerca de la crisis climática es inequívoca. Nuestros tiempos están signados por alarmantes fenómenos cada vez más frecuentes e intensos en todo el planeta. En un contexto tal, profundizar las medidas para adaptarnos ante los riesgos climáticos y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero es una urgencia en torno a la cual hay consenso a nivel internacional.

La vulnerabilidad al clima es sistémica y no reconoce diferencias políticas ni ideológicas. Las tres grandes agendas globales que determinan las relaciones internacionales están intrínsecamente relacionadas: seguridad alimentaria, seguridad energética y cambio ambiental global. En las tres, la Argentina tiene enormes oportunidades. Abordarlas adecuadamente es determinante para que nuestro país pueda acceder a mercados y a créditos internacionales y prepararse para la necesaria reconfiguración de la arquitectura financiera internacional, actualmente en discusión.

Desde hace décadas, la posición argentina se ha basado en el reconocimiento del cambio climático como un fenómeno causado por la actividad humana. En línea con esta posición, nuestro país ha encarado la acción climática desde la proactividad y el compromiso con lo acordado internacionalmente. Ejemplo de ello es nuestra firma del Acuerdo de París, en 2015, sobre la base del principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas, entendiendo que todos los países somos responsables, pero no en igual medida, por lo que los países desarrollados deben hacer el mayor esfuerzo y asegurar los adecuados medios de implementación. Asimismo, la acción climática argentina adopta el enfoque de transición justa, para garantizar que el cumplimiento de los objetivos climáticos no resulte en la profundización de inequidades.

En los últimos años, los diversos gobiernos han ido incrementando la gravitación e institucionalidad de la agenda. En los traspasos de mando de 2015 y de 2019 se marcó una continuidad en ese rumbo y se acentuó el compromiso del país en materia climática. Así, nos encontramos frente a un poco frecuente ejemplo de política pública sostenida en el tiempo.

Las diversas fuerzas políticas han trabajado en el marco de un esquema de gobernanza que ha sido señalado como una buena práctica a nivel internacional: el Gabinete Nacional de Cambio Climático, creado por decreto presidencial en 2016, fue promulgado por unanimidad de todas las fuerzas políticas mediante la ley N°27.520 de Presupuestos Mínimos de Adaptación y Mitigación al Cambio Climático Global, en 2019. Durante los años posteriores, con otra gestión, se continuó recorriendo la senda del cumplimiento de los compromisos contraídos y la preparación responsable para enfrentar la agenda: se presentaron dos actualizaciones de nuestra Contribución Determinada a Nivel Nacional (NDC, por sus siglas en inglés), más ambiciosas que la anterior, una Estrategia de desarrollo resiliente con bajas emisiones a Largo Plazo a 2050 y el segundo Plan Nacional de Adaptación y Mitigación al Cambio Climático, a 2030. Todos estos instrumentos fueron construidos de manera transparente y colaborativa, en articulación con los Gobiernos provinciales, el sector productivo, el sistema científico-tecnológico y la sociedad civil.

Esta política de Estado se ha mantenido en el tiempo, independientemente del color partidario, con plena conciencia del enorme impacto que tiene el cambio climático sobre nuestra economía (a modo de ejemplo, por la última sequía perdimos más de US$21.000 millones en exportaciones) y, fundamentalmente, sobre las poblaciones más vulnerables, ya que los eventos climáticos extremos agudizan todas las desigualdades preexistentes.

La continuidad y coherencia en estas políticas es un activo nacional. Incumplirlas nos posicionaría dentro de un minoritario grupo de erráticos países negacionistas, con relevantes consecuencias para el desarrollo nacional.

La implementación de la agenda climática demanda un abordaje sistémico, con acciones encaradas desde todos los niveles de gobierno y sectores de la sociedad. Necesitamos seguir fortaleciendo el apoyo del Estado a nuestros campos, industrias y otros sistemas productivos, para que sean más resilientes y puedan transicionar hacia modelos productivos más sostenibles. Del mismo modo, tenemos la responsabilidad de apoyar a las comunidades a lo largo y ancho del país, para que puedan adaptarse frente a futuros eventos extremos tales como sequías, inundaciones, olas de calor o heladas. De ahí, la importancia de dar una discusión responsable sobre la institucionalidad adecuada para enfrentar estos desafíos.

En este contexto de cambio de gestión y ante una nueva cumbre climática, es necesario dar continuidad a una política pública que ha trascendido distintas gestiones de gobierno, honrar los compromisos asumidos en la materia y fortalecer la institucionalidad para la implementación de las medidas diseñadas para lograr las metas de adaptación y mitigación climáticas de la Argentina, en beneficio de sus habitantes.