Encuentra la carta que ocultó su abuelo hace 88 años en los antiguos tejados de una catedral

POR Leandro Estupiñán-. El mensaje escrito por el techador Willi Brandt y sus tres compañeros una oscura tarde de marzo de 1930 recuerda a los habitantes del poblado alemán de Goslar, en la Baja Sajonia, y especialmente a Peter Brandt, que el presente no siempre tiene que ser el lugar agónico que nos intentan vender y que la guerra es una recurrente posibilidad asoladora.

Goslar/Wikimedia Commons

Porque cuando Peter Brandt, un techador de 52 años, reparaba la cúpula de la catedral de la ciudad, construcción que data del siglo XII, una botella de vidrio trasparente asomó entre las rejas con una hoja de papel dentro como si el hecho fuera un simple descubrimiento.

Sorprendido corrió a abrirla, y viendo que entre los nombres de los firmantes destacaba el de su abuelo, aún más asombrado comprendió que se trataba de un mensaje escrito en medio de la desesperación, cuando su antepasado era un tímido aprendiz de 18 años en lucha contra la crisis en la que había quedado la ciudad luego de la I Guerra Mundial.

Entonces la ciudad se debatía entre la inflación y el desempleo, y los techadores de Goslar trabajaban duro toda la semana solo para conseguir una libra de mantequilla y apenas un pan con el que alimentar a la familia. Este panorama le hizo escribir al joven techador y sus compañeros: “Hemos dejado atrás duros tiempos de guerra (…) Esperamos que vengan tiempos mejores”.

Willi Brandt dijo hallarse “muy emocionado” al dar de manera fortuita con este correo de su abuelo, justamente cuando realizaba el oficio que había aprendido de él. Pero, junto al golpe emocional que de alguna manera significa escuchar la voz del ancestro 88 años después, la nota le ha hecho reflexionar sobre la circunstancia de los jóvenes de aquella generación, muy distinta a las que viven los habitantes de una ciudad hoy con estabilidad económica y que desde hace mucho transita tiempos de paz.

De hecho, luego de haber escrito esta carta escondida en los antiguos tejados de la catedral, Peter Brandt debió enlistarse como soldado en la Segunda Guerra Mundial, fue capturado y encarcelado por los rusos y, luego de regresar a Goslar, población que no padeció directamente los combates, reanudó su profesión como techador sin que entonces se animara a contar sobre las experiencias relacionadas con la guerra.

La ciudad minera de Goslar, deprimida económicamente en el periodo de entreguerras es ahora el hogar de varias compañías químicas y metálicas, con un centro de hermosa arquitectura transformado en destino turístico declarado Patrimonio de la UNESCO.

Cuenta también con las minas de Rammelsberg en sus cercanías, yacimientos considerados de los mayores depósitos mineros del mundo.

El centro de la ciudad de Goslar, Alemania/Foto de zug55/Flickr

Las precariedades causadas por la I y II Guerra Mundial, y los problemas de desempleo no existen hoy en Goslar con las proporciones descritas por Willi Brandt, según Oliver Junk, el alcalde de la ciudad que incluso hace tres años ofreció el sitio como destino a los migrantes que colmaban Alemania luego de abandonar sus países productos a las secuelas de las contiendas y las perpetuas crisis.

Cerca de 1.000 refugiados viven y trabajan hoy allí, sus hijos asisten a las escuelas y, según Junk, tienen trabajo en las industrias locales. Ahora, la historia del techador Willi Brant descubierta por su nieto ha servido para repensar también la localidad como un lugar amable para la vida.

De hecho, el techador Peter Brandt y las autoridades locales han devuelto una copia de la carta al mismo lugar donde sus redactores la dejaran en marzo de 1930. Pero a esta Peter le ha añadido un mensaje propio. No quiso dar detalles de lo que describió en lo que es también una cápsula del tiempo, solo advirtió que, si dentro de 100 años, cuando alguien encuentre su mensaje, todavía hay paz y las personas lo están haciendo tan bien como lo están haciendo quienes tienen responsabilidades hoy día, eso será suficiente para él.