Maduro aprovecha el coronavirus para aumentar el control sobre Venezuela, mientras Guaidó lucha por sacarlo del poder

El coronavirus paraliza al mundo, pero no detiene la batalla política en Venezuela. El régimen de Nicolás Maduro y la oposición liderada por Juan Guaidó no se dan tregua. Cada frente intenta usar la pandemia para sus fines: los unos para terminar de imponer su modelo de dominación. Los otros para conquistar la transición democrática. Ambos intentando propinar el zarpazo final para superar un conflicto que también se extiende sin remedio.

Maduro asegura que la justicia les "va a llegar a todos los terroristas"

Una sociedad atemorizada y escondida en sus hogares. El Ejército y los cuerpos de seguridad desplegados en las calles. Los medios de comunicación repitiendo el mensaje oficial. Restricciones. Toque de queda. Decretos inapelables. Lejos de ser una enfermedad, la Covid-19 ha significado toda una inyección de fuerza para la revolución chavista.

Mientras refuerza el control sobre una población cada vez más dependiente del Estado, Maduro busca sacar provecho de la situación politizando por completo la catástrofe sanitaria. “Organicemos una campaña nacional y mundial, para exigir al gobierno de Estados Unidos que levante las sanciones contra Venezuela durante todo este periodo de la crisis mundial del coronavirus”, ordenó el 23 de marzo.

Washington ha establecido desde 2015 una serie de medidas punitivas contra el régimen chavista no solo por su deriva autoritaria, sino por su presunta vinculación con el narcotráfico y organizaciones terroristas. Igualmente, la Unión Europea ha impuesto castigos a 26 dirigentes civiles y militares del oficialismo, entre quienes resalta Diosdado Cabello, primer vicepresidente del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV).

Cerca de 60 naciones, encabezadas por Estados Unidos, las potencias europeas y la mayoría de América Latina, consideran que Maduro “usurpa” el poder tras declararse ganador de unos comicios viciados en mayo de 2018, y reconocen al jefe del Parlamento, Juan Guaidó, como el legítimo Presidente encargado de la República.

El gobernante chavista difunde abiertamente las teorías de conspiración que atribuyen a la Casa Blanca la creación del coronavirus para atacar a China, al tiempo que acusa y tacha de irresponsables a sus archienemigos regionales, los mandatarios Iván Duque y Jair Bolsonaro, por no contener la pandemia en Colombia y Brasil. Siempre enfatiza que los primeros casos que se registraron en el país, fueron “importados” de Europa, Colombia y Estados Unidos.

Desde el poder ya diseñan la realidad que vendrá una vez se levante la cuarentena. La denominan “normalidad relativa y vigilada”, sin ofrecer mayores detalles. “Normalidad relativa y vigilada, con medidas especiales. La vida no será la misma hasta que aparezcan las vacunas a esta enfermedad”, ha reiterado Maduro, asomando que las limitaciones se prolongarán en el tiempo.

El oficialismo prescinde de voceros técnicos. Nadie sabe el nombre del Ministro de Salud. En su lugar, el portavoz es el titular de Comunicaciones, Jorge Rodríguez, habitualmente encargado de revelar supuestas conspiraciones y magnicidios. Por estos días, Rodríguez alterna sus denuncias de golpes de Estado con los informes sobre el avance de la Covid-19, siempre aderezados con loas al socialismo y la revolución bolivariana.

Maduro solicitó 5 mil millones de dólares al Fondo Monetario Internacional (FMI), que como era previsible desestimó en cuestión de horas la petición. El mandamás chavista incorporó esta negativa a su discurso contra el “bloqueo” de Estados Unidos, afirmando que la administración del presidente Donald Trump está “persiguiendo a todos los barcos y aviones que tratan de traer comida o medicinas a Venezuela”.

Cura total

Guaidó comenzó pegando en la debilidad de su rival. Recordó que él sí cuenta con la aceptación necesaria para conseguir la ayuda internacional. Así quedó demostrado en la reciente gira que le llevó a estrechar las manos de la canciller de Alemania, Angela Merkel, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, el primer ministro de Reino Unido, Boris Johnson, y el propio Trump, entre otros líderes occidentales.

Luego, nombró una comisión de expertos y la puso a disposición de la Fuerza Armada Nacional, aún leal al régimen, para atender la crisis. Y por último redobló la apuesta y llamó a la conformación de un “gobierno de emergencia nacional” sin Maduro en el palacio de Miraflores.

“Para evitar miles de muertes, necesitamos financiamiento internacional, el cual nadie dará a Nicolás Maduro, quien es desconocido por el mundo y acusado judicialmente por cargos de narcotráfico y terrorismo internacional”, espetó el mandatario interino.

Hasta el lunes 30 de marzo, Venezuela contabilizaba 135 casos y tres muertos por coronavirus. Sin embargo, la República Bolivariana está en una posición de extrema vulnerabilidad por la emergencia humanitaria compleja provocada por el régimen chavista, con una economía en recesión, empobrecimiento generalizado, hiperinflación y colapso de los servicios públicos. Este cuadro ha empeorado por el desplome de los precios del petróleo, casi única fuente de ingresos de Caracas.

El desafío de Guaidó estuvo precedido por el anuncio del Departamento de Justicia de Estados Unidos, que el jueves 26 de marzo presentó cargos criminales por narcotráfico y terrorismo contra Maduro, Cabello, el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, y buena parte de la cúpula oficialista. No contentas con esto, las autoridades norteamericanas le pusieron precio a la cabeza del gerifalte chavista: 15 millones de dólares.

Consultado sobre la pertinencia de esta acción en medio de la pandemia, el fiscal general de Estados Unidos, William Barr, expresó: “Este es un buen momento porque el pueblo de Venezuela está sufriendo. La mejor manera en que podemos ayudar a Venezuela en este momento es librar al país de esta camarilla corrupta”.

Sin cuartel

El oficialismo ha respondido cerrando filas, desatando la operación “Furia Bolivariana” para hostigar a diputados opositores en sus propias casas, y amenazando a Guaidó con cárcel. “La justicia les va a llegar a todos. Operación ‘Tun-Tun’ -allanamientos policiales- a todos los terroristas, a todos los violentos y conspiradores. A ti te va a llegar la justicia, no te pongas a llorar por las redes sociales”, exclamó Maduro evitando mencionar el nombre del líder del Parlamento.

Este martes 31 de marzo el fiscal general chavista, Tarek William Saab, citó a Guaidó para que comparezca el jueves en el marco de la investigación de un presunto complot urdido por el mayor general retirado Clíver Alcalá Cordones, quien el sábado se entregó a la justicia colombiana y posteriormente fue extraditado a Estados Unidos. Antigua figura del chavismo que después pasó a la disidencia y se marchó al exilio, Alcalá Cordones está involucrado en la misma causa que los tribunales norteamericanos abrieron contra Maduro por narcotráfico.

Minutos después de la intervención de Saab, el foco de atención se trasladó a Washington, donde el secretario de Estado, Mike Pompeo, ratificó su respaldo a Guaidó y su plan de instalar un “gobierno de emergencia nacional”. Pompeo aseveró que la presión económica continuará hasta que el régimen acepte una “verdadera transición democrática”, y sentenció: “Maduro nunca más gobernará Venezuela”.

“Que el usurpador asuma su responsabilidad y acepte la oferta que le ha hecho la comunidad internacional. Varios de los suyos han entendido que es la única opción para superar la crisis. Y nosotros vamos hacer todo para preservar la vida de nuestra gente”, disparó Guaidó en Twitter, sugiriendo que factores del chavismo estarían sopesando la idea de sacrificar a Maduro.

El canciller chavista, Jorge Arreaza, reaccionó de inmediato para despejar toda duda. “Ellos pueden decir lo que quieran, cuando quieran, como quieran pero las decisiones en Venezuela, se toman en Venezuela, con sus instituciones y su Constitución. Nosotros no estamos tutelados por Estados Unidos”, aseveró.

Dicen que la Covid-19 cambiará al mundo. Quizás también sacuda y transforme a la atribulada República Bolivariana. A un escenario explosivo, afectado por la emergencia humanitaria compleja, la caída de los precios del petróleo y las sanciones norteamericanas, ahora se suma un inesperado detonante: la pandemia. En la pelea por el poder en Venezuela, no hay distanciamiento social que valga. La lucha es cuerpo a cuerpo.

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