"Humanos de Nueva York": la desenfrenada historia de una veterana bailarina exótica

Su nombre artístico en el universo de las bailarinas exóticas era Tanqueray y llegó a resonar impetuosamente en la escena de los clubs de striptease y drag queens en la Nueva York de la década de 1970. Hoy, décadas después de sus tiempos de esplendor, Tanqueray aún atrae miradas y su historia cautiva.

El fotógrafo Brandon Stanton, conocido por su serie de retratos ‘Humanos de Nueva York’, ha “descubierto” personas e historias que, tras captarlas con su lente y relatar sus testimonios en las redes sociales, han resultado singularmente interesantes.

Tanquerey es, en ese sentido, un caso especialmente notorio.

La foto de Tanqueray, captada en Nueva York y difundida por el singular espacio fotográfico 'Humans of New York'. (Instagram / 'Humans of New York')

Su figura, vestida con un abrigo y un gorro ciertamente coloridos y estrafalarios, llama la atención en las calles de Nueva York, aunque presumiblemente poco es lo que de ella se sabe, al menos en este milenio, de su vida y andanzas. Stanton y sus ‘Humanos de Nueva York’, en ese sentido, rescatan y le dan una nueva luz a Tanqueray y su curiosa y desenfrenada historia, que ella misma relata con florido lenguaje acompañando las fotos que Stanton tomó hoy de ella y publicó en Instagram.

“Mi mamá me echó de la casa a los 17 años por estar embarazada, entonces me hizo arrestar cuando traté de recuperar mi ropa. Luego tuvo sexo con el encargado de las libertades condicionales para tratar de mantenerme en la cárcel… Pero el custodio me hizo resolver unos exámenes y halló que yo era inteligente, y entonces yo obtuve una beca para cualquier lugar de Nueva York. Elegí el Instituto Tecnológico de la Moda, que odié. Pero para entonces yo ya estaba haciendo vestuario para las desnudistas y estrellas del porno de Time Square”, contó Tanqueray.

Luego, ella relata que en esa época todas sus amistades eran gais precisamente porque no la juzgaban. Y se dedicó de lleno al ambiente de los bares y clubes, tanto los de strippers como los de drag queens, muchos de ellos controlados por la mafia: “Mi amigo Paris acostumbraba sentarse en el bar y vendía ropa robada de [las tiendas de lujo] Bergdorf y Lord and Taylors, cuando aún no había sensores detectores. Así que tenía el mejor guardarropa: abrigos de mink, tacones de 12 centímetros, medias con costura por detrás. Lucía como una drag queen….”.

Algunos, un rabino, incluso, llegaron a confundirla con una transgénero, pero en esa ocasión ella le respondió con filo: “Bebé, esto es de verdad”.

Para Tanqueray han pasado los años, pero su colorido y desenfado perduran. (Instagram / 'Humans of New York')

Tanqueray cuenta que en los años 70 ella era la única chica afroamericana que ganaba como las anglosajonas en el mundo de los clubes de adultos y centros nocturnos, y en muchos de esos sitios las afroamericanas simplemente no eran admitidas. Allí, espectáculos de striptease, consumo de drogas y el dominio de la mafia eran, al parecer, la cotidianidad. “Me llamaban Miss Universo Negra, o una porquería así… Tenía un truco de magia en el que me ponía tapas de biberones de bebé en los pezones y chorreaba leche de verdad, entonces ponía una cereza en el hilo de mi tanga y se la daba de comer al tipo de la primera fila”.

Sus espectáculos, cuenta Tanqueray, eran osados y candentes, pero ella añade que “nunca tuve sexo con los agentes que agendaban eventos ni con los clientes. De hecho, una vez sorprendí a otra bailarina escapándose al Hotel Tate con quien nos daba mayores propinas. Prohibido. Entonces la noche siguiente le puse un poco de polvo pica-pica en la tanga. Qué show dio ella esa noche….”, describe Tanqueray.

Aunque han pasado muchos años desde que ella reinó en la escena nocturna, según ella misma cuenta, su relato permite dar un vistazo en lo que entonces sucedía, al menos en su versión, en bares y cabarets de Nueva York.

“La escena era diferente entonces. Todos los clubs para adultos estaban controlados por la mafia, a través de un tipo llamado Matty El Caballo. Honestamente, la mafia nunca me molestó. Ellos eran agradables y les gustaba como vestía. Llevaban trajes hechos a la medida e iban con estilistas de cabello, no con barberos. Ni siquiera dejaban que les tocaras el pelo cuando tenías sexo con ellos. No que yo lo hubiera tenido… Bueno, salvo una vez. Tomé un trabajo con una mujer llamada Madame Blanche. Ella controlaba a las prostitutas más caras, era como internet, te podía dar lo que quisieras. Y todos los hombres poderosos iban con ella porque nunca decía nada. Me ubicó con un magnate de tiendas departamentales que quería una chica negra vestida como mucama. Pensé que podía hacerlo, pero cuando llegué al cuarto de hotel él quiso pegarme con un cinturón real. Eso fue demasiado para mí. Hasta allí llegué”, revela la mujer.

No se conoce lo que fue de su vida luego de esos años de escándalo, pero en su historia aún permanecen algunos secretos: “Madame Blanche llevaba a mi amiga Vicki con el presidente cada vez que él venía a Nueva York. Y no se atreva a escribir su nombre porque no puedo pagar los abogados. Pero él siempre pasaba una hora con ella, mandaba un auto para recogerla, la llevaba a su cuarto de hotel, ponía un agente del Servicio Secreto frente a la puerta”.

Y, como curiosa conclusión de esa truculenta historia, Tanqueray cuenta que lo único que hacía el entonces presidente era practicarle sexo oral a esa chica.

Tanqueray hoy y cuando era una estrella de los clubes nocturnos neoyorquinos, en la década de 1970. (Instagram / 'Humans of New York')

¿Se trata de fantasías de una mujer de edad que sobrevive, ataviada con ropas vistosas y coloridas que se proyectan a un pasado que se difumina, en una Nueva York distinta a la de hace 40 años? ¿O es la historia de Tanqueray un testimonio y una ventana al oscuro mundo de los antros y los deseos, del sexo y el poder, del espectáculo y el delito, de toda una época?

No hay modo de saberlo, pero las fotos y relatos de Tanqueray en “Humanos de Nueva York’ dibujan, ciertamente, un escenario añejo pero electrizante.