El duro mensaje de Marcos Galperin en las redes contra el “relato progre”

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Marcos Galperin, CEO de Mercado Libre
Marcos Galperin, CEO de Mercado Libre - Créditos: @Fabián Marelli

El fundador de Mercado Libre, Marcos Galperin, utilizó hoy las redes para enviar un duro mensaje a la clase política. “Hasta en San Francisco llega un momento en el cual los ciudadanos se cansan del relato progre y quieren ver resultados”, escribió en su perfil de Twitter.

En su publicación, el empresario difundió un artículo titulado “La historia de cómo mi ciudad se vino abajo (y cómo podría estar empezando a recuperarse)”.

En este sentido, Galperin contó: “En los últimos meses, [en San Francisco] votaron echar a los encargados de la educación que cerraron las escuelas públicas durante la pandemia y al procurador garantista”.

El mensaje del fundador de Mercado Libre acumuló decenas de interacciones en cuestión de minutos, incluso respuestas de usuarios que lo perfilan como candidato en las próximas elecciones presidenciales de 2023. “Yo lo voto”, escribieron varios, con fotos del empresario.

El artículo

El artículo al que aludió Galperin en las redes se trata de una publicación de las revista estadounidense The Atlantic. En el texto, el autor -Nellie Bowles- repasa su vida en San Francisco y la historia de la ciudad de la costa oeste de Estados Unidos.

En el extenso escrito, Bowles habla de la caída y recuperación de la ciudad. “Ayer, los votantes de San Francisco decidieron despedir a su fiscal de distrito, Chesa Boudin”, contó el autor, y siguió: “Lo hicieron porque a él no parecía importarle que estuviera haciendo miserables a los ciudadanos de nuestra ciudad al servicio de una ideología que tenía sentido en todas partes menos en la realidad. Sin embargo, no se trata solo de Boudin. Existe la sensación de que, en todo, desde la vivienda hasta las escuelas, San Francisco ha perdido el rumbo: que los líderes progresistas aquí han jugado a actuar con valores de izquierda en lugar de trabajar para crear una ciudad habitable. Y muchos habitantes de San Francisco han tenido suficiente”.

Así, el autor compara situaciones que la pandemia dejó en evidencia. En esquinas donde antes circulaban turistas y oficinistas-repasa Bowles- se montó lo que describe como “espacios seguros para drogarse”. “El gobierno de la ciudad dice que está tratando de ayudar. Pero desde el exterior, lo que parece son jóvenes que mueren en la calle”, observa.

La ciudad de la costa oeste perdió el 20 por ciento de su población durante la pandemia. A las cotidianas faltas que antes se romantizaban y dejaban pasar -explica Bowles- el coronavirus las dejó en evidencia. “Era más fácil ignorar este tipo de sufrimiento en medio de la multitud de trabajadores y turistas. Y siempre puedes desviar la mirada y mirar la hermosa ciudad que te rodea. Pero en el encierro, la belleza se volvió obscena”, observa.

Y sigue: “La ciudad no podía hacer que los niños volvieran a las aulas; tanta gente vivía en las calles; los delitos menores proliferaban. Solía decirme a mí mismo que la política de San Francisco era una locura, pero la ciudad estaba tratando, realmente tratando, de ser buena. Pero la realidad es que con las mentes más inteligentes, tanto dinero y las mejores intenciones, San Francisco se convirtió en una ciudad cruel. Se volvió tan dogmáticamente progresista que mantener la pureza de la política requería aceptar, o al menos ignorar, resultados devastadores”-.

No obstante, según Bowles, eso que considera dogmatismo “puede estar cediendo bajo la presión de la realidad”. De esta manera, en un extenso análisis sobre situaciones que atraviesan variables desde la educación hasta habitacionales, Bowles delinea los errores de las gestiones progresistas.

Y cierra: “Los habitantes de San Francisco se engañaron a sí mismos creyendo que la política progresista requería bloquear nuevas construcciones y evitar a los inmigrantes que llegaban a la ciudad. Nos engañamos a nosotros mismos al pensar que la psicosis y la adicción en la vereda eran solo parte de la diversidad de la ciudad, incluso cuando la falta de vivienda y los precios de la vivienda eliminaron la diversidad real de la ciudad. Ahora los residentes están recuperando el sentido. Hay un límite de hasta dónde dejaremos que llegue la decadencia de esta gran ciudad”.

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