Las divergencias entre Bolsonaro y su Gobierno enredan la crisis del coronavirus

Agencia EFE

Sao Paulo, 29 mar (EFE).- El Gobierno de Brasil mantiene un doble discurso que amenaza con entorpecer la lucha contra el coronavirus en el país.

Por un lado, el presidente Jair Bolsonaro exige la vuelta a la normalidad y el fin de las cuarentenas. Por otro, algunos de sus ministros defienden el distanciamiento social y advierten de la gravedad de la crisis.

El líder ultraderechista ha minusvalorado con palabras y acciones la gravedad de la COVID-19, y contrariado las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) desde los primeros casos en el país, hace apenas un mes.

"¿Algunos van a morir?, Van a morir. Lamento, lamento, esa es la vida, es la realidad", dijo el viernes en una entrevista a TV Bandeirantes.

Bolsonaro, que piensa que el coronavirus es una "gripecita", considera un "crimen" adoptar medidas de confinamiento, como ya han hecho, con mayor o menor alcance, los 27 estados de Brasil, donde hasta el momento se han registrado 114 muertes y casi 4.000 casos confirmados.

Este domingo, redobló su desafío al dar un paseo por Brasilia -la primera ciudad del país que impuso medidas restrictivas-, y conversar con los vecinos, en contra de las recomendaciones sanitarias.

"Con esa política actual de cerrar todo, las consecuencias económicas serán desastrosas", dijo a los periodistas.

La postura de Bolsonaro contrasta con la de algunos de los miembros de su Gobierno, en especial con la del ministro de Salud, Luiz Henrique Mandetta.

EL MINISTERIO DE SALUD INSISTE EN EL AISLAMIENTO SOCIAL

Mandetta reforzó el sábado la necesidad de mantener el aislamiento social, incluso para los jóvenes, y subrayó que su equipo se guiará únicamente por la "ciencia".

"Si salimos andando, todo el mundo a la vez, faltará para el rico, para el pobre, para todo el mundo", aseveró.

Asimismo, criticó las caravanas organizadas por seguidores de Bolsonaro contra las cuarentenas y rebajó la euforia en torno a la la cloroquina como solución mágica contra el coronavirus.

"La cloroquina no es el medicamento que vino para salvar a la humanidad", apuntó Mandetta, en contraposición a Bolsonaro, quien aseguró que posee "informaciones precisas" de que la "cloroquina" presentaba "una gran tasa de éxitos" para enfermos de coronavirus.

También expresó que la pandemia actual es "totalmente diferente" a la de H1N1, surgida en 2009, y rechazó cualquier tipo comparación, como hizo recientemente el mandatario.

La comparecencia de Mandetta se produjo después de mantener una reunión con Bolsonaro y otros ministros, calificada de "tensa" por la prensa local y en la que, según el diario Estado de Sao Paulo, le pidió al presidente no menospreciar la crisis.

Otros miembros del Gobierno brasileño también han defendido el distanciamiento social, entre ellos el ministro de Economía, Paulo Guedes, quien ha puesto en marcha un plan de inyección de liquidez de unos 750.000 millones de reales (150.000 millones de dólares) para lidiar con los efectos de la pandemia.

El Ejecutivo cerró además sus fronteras terrestres y prohibió el ingreso al país de todo ciudadano extranjero por vía aérea, aunque con algunas excepciones.

ESTADOS, MUNICIPIOS Y CONGRESO CONTRA BOLSONARO

Los gobernadores de los 27 estados del país han ratificado que continuarán con las medidas de reducción de la movilidad, pese a las críticas del mandatario.

El gobernador de Sao Paulo, Joao Doria, al que Bolsonaro llamó "lunático" por decretar la cuarentena en el estado paulista, ha sido uno de los más críticos y en una entrevista con Efe aseguró que el presidente "no está con las facultades mentales en plenitud para poder liderar el país".

Por su parte, el Frente Nacional de Alcaldes, que reúne a los jefes de los 5.571 municipios del país, amenazó con ir a la Justicia para responsabilizar a Bolsonaro de las consecuencias de un eventual cambio en las políticas sanitarias.

Los presidentes de la Cámara de Diputados y el Senado, Rodrigo Maia y Davi Alcolumbre, respectivamente, condenaron la actitud del gobernante y afirmaron que el país necesita un "líder serio".

La Justicia también ha puesto freno a ese deseo de vuelta a la normalidad.

Tumbó un decreto que permitía a casas de lotería y templos religiosos seguir en funcionamiento, aunque Bolsonaro anunció que recurrirá, y ordenó al Gobierno "abstenerse" de lanzar campañas institucionales contrarias a criterios científicos.

LOS HIJOS DE BOLSONARO LIDERAN OFENSIVA EN LAS REDES

Los hijos mayores de Bolsonaro, el senador Flavio, el concejal de Río de Janeiro Carlos y el diputado federal Eduardo, han amplificado las opiniones de su padre en redes sociales.

Flavio compartió esta semana un video que supuestamente formaba parte de una campaña institucional que animaba a los brasileños a volver al trabajo bajo el lema "Brasil no puede parar".

La Secretaría de Comunicación de la Presidencia rápidamente salió al paso para informar que se trata de un vídeo "experimental" y que su divulgación no fue aprobada.

"El presidente tiene mucha confianza en la opinión" de sus hijos, resumía el vicepresidente de Brasil, Hamilton Mourao, al responder en el diario Folha de Sao Paulo sobre la posible influencia de los mismos en la toma de decisiones de su padre.

Carlos Meneses Sánchez

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