“Que Dios maldiga a Rushdie”: en las calles de Teherán, solo se oye a los iraníes que aprueban el ataque al escritor

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Iraníes caminan junto a un cartel del ayatollah Ali Khamenei (izquierda) y el líder de la Revolución Islámica, Ruhollah Khomeini (derecha) (ATTA KENARE / AFP)
Iraníes caminan junto a un cartel del ayatollah Ali Khamenei (izquierda) y el líder de la Revolución Islámica, Ruhollah Khomeini (derecha) (ATTA KENARE / AFP) - Créditos: @ATTA KENARE

TEHERÁN.- En el mercado de libros de Teherán, todo el mundo estaba al tanto este sábado del intento de asesinato sufrido el viernes por el escritor británico Salman Rushdie, pero entre las opiniones sobre el ataque solo parecía haber dos posturas: el apoyo o el silencio.

Más de tres décadas después de la publicación de Los versos satánicos, el libro aún huele a azufre en la República Islámica iraní, cuyo fundador, el ayatollah Ruhollah Khomeini, emitió una fatwa en 1989 en la que llamó directamente al asesinato de su autor.

Khomeini, quien sufría problemas de salud en el último año de su vida después de que la guerra entre Irán e Irak de la década de 1980 diezmara la economía del país, emitió la fatwa cuatro meses antes de morir. El edicto islámico se produjo en medio de un violento alboroto en el mundo musulmán por la novela, que algunos vieron como una blasfemia al hacer sugerencias sobre la vida del profeta Mahoma.

En Teherán, nadie parecía dispuesto a condenar abiertamente el atentado, al menos, en voz alta, y quienes hablaban, lo celebraban sin ambages. ”Me alegró mucho escuchar la noticia. Sea quien sea el autor [del ataque], le beso la mano. Que Dios maldiga a Salman Rushdie”, dijo Mehrab Bigdeli, de 50 años. La fatwa de Khomeini obligó al autor británico a esconderse durante años y vivir bajo protección policial, aunque hacía tiempo que había recuperado una vida de normalidad.

Foto de archivo de 1989 en Teherán, en el que un grupo de mujeres llaman al asesinato de Salman Rushdie (Foto de NORBERT SCHILLER / AFP)
Foto de archivo de 1989 en Teherán, en el que un grupo de mujeres llaman al asesinato de Salman Rushdie (Foto de NORBERT SCHILLER / AFP) - Créditos: @NORBERT SCHILLER

El viernes, sin embargo, Rushdie fue apuñalado en cuello y abdomen durante un acto literario en el estado de Nueva York por un hombre que ya fue arrestado. Actualmente se encuentra hospitalizado con respiración asistida.

”Los gobiernos occidentales han gastado millones de dólares para protegerlo, pero los musulmanes decidieron enviarlo al infierno”, señaló sonriente Bigdeli, con barba canosa y gorra militar, que dijo ser clérigo.

Mientras, otras personas se negaron a comentar el ataque frente a la cámara y prefirieron continuar su camino sin decir palabra.

En Enghelab Street, el corazón de las librerías de la capital de Irán, Los Versos satánicos está prohibido, pero no otras obras de Rushdie como Vergüenza, cuya versión en idioma farsi había sido premiada por el Estado iraní en 1985.

En esta calle, frecuentada principalmente por estudiantes por su proximidad con la Universidad de Teherán, puede verse un enorme retrato de Khomeini, que calificó al escritor, nacido en la India en una familia de intelectuales musulmanes no practicantes, de “apóstata”.

”Salman Rushdie había escrito un libro y, según el imán Khomeini, su ejecución estaba autorizada porque había expresado ideas blasfemas en su novela. Me alegró escuchar la noticia del ataque”, aseguró Ahmad, estudiante de Administración.

Reza Amiri, un repartidor de 27 años expresó: “No conozco a Salman Rushdie, pero me complace saber que fue atacado porque insultó al islam. Este es el destino de cualquiera que insulte las santidades”.

Pero en un momento de esfuerzo internacional por relanzar el acuerdo nuclear iraní, cuyo éxito podría suponer el fin de las fuertes sanciones que pesan sobre la economía del país, el joven estudiante también dejó traslucir su preocupación. ”Este incidente puede tener un impacto negativo en las negociaciones porque los occidentales pueden considerar esta acción como terrorista”, concedió.

A Mehrab Bigdeli, en cambio, no le importaba demasiado. ”Claro que queremos un acuerdo, pero solo si se respetan nuestra religión y nuestra dignidad. Poco importa si el acuerdo iraní está en peligro, la muerte de Salman Rushdie es más importante”, afirmó.

Otros, sin embargo, aunque no defendieron a Rushdie, expresaron su preocupación en voz alta de que Irán podría aislarse aún más del mundo a medida que las tensiones siguen siendo altas por su desbaratado acuerdo nuclear con las potencias internacionales. ”Siento que quienes lo hicieron están tratando de aislar a Irán”, comentó Mahshid Barati, un profesor de Geografía de 39 años. “Esto afectará negativamente las relaciones con muchos, incluso con Rusia y China”, agregó.

El ayatollah Khomeini recibe el saludo de sus seguidores en Irán, cuando regresa luego de quince años de exilio, en febrero de 1979
El ayatollah Khomeini recibe el saludo de sus seguidores en Irán, cuando regresa luego de quince años de exilio, en febrero de 1979

Aunque las autoridades de Irán no hayan reaccionado oficialmente al ataque contra el escritor, el principal diario ultraconservador de Irán, Kayhan, felicitó este sábado al autor del apuñalamiento. ”Felicitaciones a este hombre valiente y consciente del deber que atacó al apóstata y depravado Salman Rushdie en Nueva York”, dijo el periódico, cuyo director es designado por el líder supremo de Irán, el ayatollah Ali Khamenei.

Consultado por la agencia de prensa ultraconservadora Fars, el ayatollah Hossein Radai, profesor de teología en la Universidad Shahed, también justificó el ataque. ”Una persona que se aparta de la religión del Islam (...) se llama apóstata. Es alguien como Salman Rushdie, que no solo ha rechazado el Islam, [sino que] ha tratado de insultarlo. Según la jurisprudencia, tal apóstata merece muerte”.

Pero la 15ta Fundación Khordad, que llegó a ofrecer una recompensa de más de 3 millones de dólares por Rushdie, permaneció en silencio. Sus empleados se negaron a hablar con la prensa y remitieron las preguntas a un funcionario que no estaba en la oficina.

Agencias AFP y AP