El hallazgo del diente de una niña resuelve un antiguo misterio científico

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Una fotografía sin fecha proporcionada por F. Demeter muestra un diente antiguo de una niña en las vistas (a) oclusal, (b) inferior, (c) mesial, (d) distal, (e) bucal y (f) lingual. (F. Demeter vía The New York Times)
Una fotografía sin fecha proporcionada por F. Demeter muestra un diente antiguo de una niña en las vistas (a) oclusal, (b) inferior, (c) mesial, (d) distal, (e) bucal y (f) lingual. (F. Demeter vía The New York Times)

Un diente encontrado en el interior de una cueva en Laos ha resuelto uno de los mayores misterios científicos sobre los homínidos de Denísova o denisovanos, una rama de los antiguos humanos que desapareció hace aproximadamente 50.000 años.

Desde 2010, cuando se descubrieron por primera vez dientes y huesos de dedos denisovanos, las pruebas de ADN han revelado que los enigmáticos homininos se encontraban entre los ancestros de las personas que viven hoy en Australia y el Pacífico.

No obstante, los científicos no entendían cómo los denisovanos, cuyos escasos restos solo se habían encontrado en Siberia y el Tíbet, habrían podido cruzarse con el grupo de humanos que se extendió hacia el este, desde África a través del sureste asiático antes de llegar a Australia, Nueva Guinea y otras islas del Pacífico.

Ahora, el descubrimiento del molar de una niña en Laos, publicado el martes en la revista Nature Communications, sitúa a los denisovanos justo en el camino de los humanos modernos que llegaron al sureste asiático decenas de miles de años después.

“Sabíamos que los denisovanos debían estar aquí”, aseveró Laura Shackelford, paleoantropóloga de la Universidad de Illinois y coautora del estudio nuevo. “Es bueno tener una prueba tangible de su existencia en esta zona”.

Shackelford se unió a un equipo de colegas franceses y laosianos en una expedición a la cordillera Annamita, en el norte de Laos, en 2008, y desde entonces han estado desenterrando fósiles. En una de las muchas cuevas que abundan en la cordillera, desenterraron fragmentos de cráneos humanos que datan de hace unos 75.000 años, lo que los convierte en la evidencia más antigua de la presencia de humanos modernos en el sureste asiático.

Al final de la temporada de trabajo de campo de los investigadores en 2018, los niños de una aldea cercana les hablaron a Shackelford y a sus colegas de otra cueva en la que había huesos. Sus colegas laosianos le advirtieron que la cueva era un lugar favorito de las cobras, pero ella decidió que valía la pena aventurarse al interior de esta.

Shackelford y sus colegas empezaron a trabajar a tiempo completo en la nueva cueva, a la que bautizaron como Cueva de la cobra (a pesar de que no encontraron nunca una serpiente). Cincelaron rocas del tamaño de un balón de fútbol en las paredes y las sumergieron en un ácido suave. La roca se fue desintegrando poco a poco, dejando a un lado los fósiles más duros.

Sorpresa

Al examinarlos de cerca, la mayoría de los fósiles resultaron ser huesos de mamíferos extintos, como cerdos, ciervos y elefantes pigmeos. Las marcas de mordiscos en los huesos revelaron cómo acabaron todos en un revoltijo en la Cueva de la cobra: es posible que los puercoespines los hayan llevado hasta el lugar para roer los huesos y afilar sus dientes.

Al clasificar los huesos roídos, los científicos encontraron una sorpresa: un molar que se parecía a un diente de niño humano, pero algunas características del molar sugerían que no era del todo humano. “Estábamos muy sorprendidos y emocionados”, afirmó Shackelford.

Se alegraron aún más cuando los geólogos analizaron la pared de la cueva para determinar la edad del diente. El diente en sí era demasiado pequeño para analizarlo, pero los investigadores encontraron cerca fósiles y minerales que contenían elementos radiactivos que se descomponían a un ritmo regular. Al medir esos elementos, los investigadores calcularon que el diente tenía entre 164.000 y 131.000 años de antigüedad.

Una fotografía sin fecha proporcionada por A. Zachwieja muestra a Laura Shackelford, a la derecha, paleoantropóloga de la Universidad de Illinois, y a Fabrice Demeter, de la Universidad de Copenhague, con el diente antiguo que encontraron en una cueva de Laos. (A. Zachwieja vía The New York Times)
Una fotografía sin fecha proporcionada por A. Zachwieja muestra a Laura Shackelford, a la derecha, paleoantropóloga de la Universidad de Illinois, y a Fabrice Demeter, de la Universidad de Copenhague, con el diente antiguo que encontraron en una cueva de Laos. (A. Zachwieja vía The New York Times)

En otras palabras, el diente de la Cueva de la cobra es casi dos veces más antiguo que los humanos modernos más viejos que Shackelford y sus colegas han encontrado en la región. La gran antigüedad del diente hacía pensar que pertenecía a un pariente extinto de los humanos modernos.

¿Pero a cuál?

El linaje de la humanidad se separó de los ancestros de los chimpancés hace unos 6 millones de años en África. Durante los siguientes cuatro millones de años, evolucionaron hasta convertirse en carnívoros erguidos y de cerebro grande. En ese momento, algunos parientes comenzaron a trasladarse a Europa y Asia desde África. Una especie, llamada Homo erectus, se extendió hacia el este hasta Indonesia.

Las pruebas de los fósiles y el ADN antiguo indican que otra oleada de primeros humanos salió de África incluso más tarde. Cuando la población se extendió por Europa y Asia, se dividió hace aproximadamente medio millón de años. La población occidental se convirtió en neandertales y la oriental en denisovanos.

Poco después que los ancestros humanos modernos salieron de África, se encontraron con neandertales en el Medio Oriente y se cruzaron con ellos, probablemente en varias ocasiones.

A los científicos les ha resultado mucho más difícil reconstruir la antigua migración de los denisovanos. Durante años, el único lugar donde encontraron a estos antiguos humanos fue la cueva de Denisova, en Siberia. Era difícil entender cómo unas personas (a varios miles de kilómetros de distancia, en Australia, Nueva Guinea e islas cercanas) podían haber acabado teniendo el ADN denisovano.

Las muestras denisovanas de Siberia se limitaban a unos pocos dientes y huesos de los dedos. Por suerte, los científicos encontraron ADN abundante en estos especímenes, e incluso extrajeron ADN denisovano de la tierra del suelo de la cueva.

Las pruebas reunidas hasta ahora indican que los denisovanos ocuparon la cueva hace 300.000 años y habitaron los alrededores de manera intermitente hasta hace unos 50.000 años. Al parecer también dejaron herramientas de piedra en la cueva.

Dado que los denisovanos perduraron durante cientos de miles de años, los científicos confiaban en encontrar fósiles denisovanos en otros lugares. En 2019 los encontraron. Investigadores chinos anunciaron el descubrimiento de una mandíbula de 160.000 años de antigüedad en una cueva tibetana con dientes que coinciden con los encontrados en el yacimiento siberiano. Ese hallazgo en el Tíbet, a más de 2000 kilómetros al sur de Siberia, amplió drásticamente el rango conocido de los denisovanos.

Al examinar el diente de la Cueva de la cobra, en Laos, Shackelford y sus colegas no sabían si procedía de denisovanos, neandertales, Homo erectus o alguna otra especie humana desconocida. Durante los últimos cuatro años, han estado analizando el diente en busca de pistas.

Al principio, esperaban que tuviera ADN antiguo, pero antes de destruir parte del diente para averiguarlo, les solicitaron a sus colegas de la Universidad de Copenhague que analizaran otros fósiles de mamíferos encontrados en la misma muestra de la pared de la Cueva de la cobra. Esos especímenes no arrojaron ADN, por lo que decidieron no buscar rastros en el diente.

En cambio, tuvieron mejor suerte cuando buscaron fragmentos de proteínas en el esmalte del molar. La composición química de los fragmentos solo se ha encontrado en los dientes de los humanos modernos, los neandertales y los denisovanos, pero no en los de otros mamíferos.

Por desgracia, la composición proteínica es la misma en los tres grupos de homininos, por lo que los investigadores no pudieron determinar a cuál de ellos le pertenece la muela.

Una niña

No obstante, el esmalte del diente juvenil tenía un dato más que ofrecer: le pertenecía a una niña. Carecía de una proteína específica del esmalte codificada por un gen del cromosoma Y, que solo tienen los varones.

Los científicos hicieron una tomografía de alta resolución de la superficie y el interior del molar, lo que les permitió comparar su delicada estructura anatómica con la de más de 400 molares de humanos vivos y extintos. De esos dientes, el espécimen de la Cueva de la cobra era el que más se parecía a un molar alojado en la mandíbula del denisovano del Tíbet.

Shara Bailey, paleoantropóloga de la Universidad de Nueva York que ha estudiado la mandíbula tibetana pero no participó en el estudio nuevo, señaló que esta conclusión era sólida. “Estoy completamente de acuerdo con el análisis”, dijo.

El descubrimiento de los denisovanos en Laos demuestra que estaban exactamente donde tenían que estar para cruzarse con los humanos modernos que llegaron al sureste asiático miles de años después.

© 2022 The New York Times Company

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