El gran desafío del rey Carlos III: ¿podrá conquistar a los británicos y mantener en alto la monarquía?

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El rey Carlos III saluda a miembros del público que esperan para ingresar a Westminster Hall
El rey Carlos III saluda a miembros del público que esperan para ingresar a Westminster Hall - Créditos: @AARON CHOWN

LONDRES.- Sigue la conmoción colectiva, hierven los preparativos para el funeral de Estado de la reina Isabel II, este lunes, evento por el que comienzan a llegar muchos de los invitados -500 mandatarios y líderes políticos de todo el mundo-, y más allá del mayor desafío logístico desde la Segunda Guerra Mundial, una gran incógnita sobrevuela este ambiente histórico en Gran Bretaña.

En medio del fin de una era de 70 años aquí llamada “Elizabethian” y el inicio de otra -bautizada “post-Elizabethian”, la gran pregunta es: el rey Carlos III, de 73 años, poco carisma y un pasado marcado por su fracaso con Diana, la “princesa de los corazones”, ¿podrá mantener en alto la monarquía, la marca más exitosa y amada del Reino Unido?

La imagen de Isabel II ondea en Piccadilly, en el centro de Londres
La imagen de Isabel II ondea en Piccadilly, en el centro de Londres - Créditos: @LOUISA GOULIAMAKI

Justamente consciente de que es urgente conquistar el corazón de esos súbditos que están rindiéndole un tributo apabullante a su madre, Carlos apareció este sábado sorpresivamente en un punto de la extensa fila, de más de ocho kilómetros, para la capilla ardiente de la fallecida monarca.

Acompañado por su hijo, Guillermo, príncipe de Gales y heredero al trono, estrechó manos y se dio un pequeño baño de multitud, esencial en este momento de desorientación y pérdida de un símbolo como lo fue durante siete décadas la reina.

Negocios de familia

Aunque es sabido que existe una minoría republicana que en estos días de luto prefirió mantener un bajo perfil, la monarquía, que subsiste gracias a los impuestos de sus súbditos, es un enorme negocio. No por nada el apodo de “La Firma”, digno del villano de una película, que fue puesto hace 86 años en uno de los momentos más convulsos de la monarquía inglesa: la abdicación de Eduardo VIII en 1936. Atribuido alternativamente al padre de la reina Isabel II, el rey Jorge VI, que sucedió a su hermano mayor, y a su marido, el príncipe Felipe, el mote se mantuvo hasta convertirse casi en una marca registrada, según escribió hace unos años la revista Forbes.

Todo esto ha quedado claro en estos días de duelo, que han significado gran oxígeno para varios sectores de una economía en crisis, al borde de la recesión.

La imagen de la reina, omnipresente en Londres
La imagen de la reina, omnipresente en Londres - Créditos: @LOUISA GOULIAMAKI

Al margen de conmoción, shock y luto, de hecho, la muerte de la reina ha dado lugar a una venta extraordinaria de diarios y revistas -los ejemplares, que traen suplementos especiales y posters con fotos de la reina, se agotan de inmediato-, de ramos de flores de todo tipo y de un repunte impresionante para todo aquello relacionado con el turismo, que aprovecha para recuperarse del período negro de la pandemia.

La capacidad de los hoteles en Londres se encuentra en más del 90%, según fuentes de prensa. Es muy difícil encontrar lugar para dormir y algunas cadenas cinco estrellas han cuadruplicado sus precios. No solo han llegado periodistas de todo el mundo para una cobertura épica, sino que también están llegando los líderes extranjeros con sus respectivas comitivas y miles de turistas.

“Viajamos especialmente”

“Cuando me enteré de que había muerto la reina, decidimos venir a darle el último adiós y viajamos especialmente a Londres”, contó a LA NACION Ernesto Carrillo, un mexicano que viajó junto a su mujer y su hija de nueve años y que se quedará diez días en Londres. “La reina Isabel es un gran legado para el mundo, era muy querida en México”, agregó Carillo, mientras, envuelto en una bandera mexicana, dejaba una ofrenda floral en Green Park.

También el merchandising real -que ya había tenido su agosto por el Jubileo de Platino-, espera resucitar. “Al momento no estamos vendiendo como hace unos meses para el Jubileo, pero la esperanza es que todo esto haga repuntar el negocio”, dijo a LA NACION Yamal, un paquistaní dueño de una tienda de Oxford Street.

Un hombre con la bandera de la Union Jack mientras avanza en la fila para despedirse de la reina
Un hombre con la bandera de la Union Jack mientras avanza en la fila para despedirse de la reina - Créditos: @CARL DE SOUZA

Ahí ya se venden remeras y tazas -recicladas del Jubileo- con el rostro de la reina, la inscripción “RIP” y los años de su nacimiento y muerte, 1926-2022, a 14 libras y 99 centavos. Pero, como en la mayoría de las tiendas de merchandising real, aún no hay casi nada con Carlos III. Aún no hubo tiempo de reaccionar al nuevo rey. Pero ¿venderá? Amén de los negocios de souvenirs, de hecho, todos los castillos y palacios reales, visitados todos los años por miles de personas, tienen su shop de mechandising oficial real.

“Carlos se convirtió en rey en el momento en que su madre murió, pero los lazos de afecto y respeto del público británico no pasan automáticamente de la madre al hijo”, apuntó Jess Cartner-Morley en un artículo en The Guardian. “La familia real espera que todo este dolor colectivo masivo por la reina de estos días pueda canalizarse en respaldo y afecto hacia la nueva, reconfigurada, familia real”, agregó este observador, sin ocultar la preocupación de todos por las divisiones internas de los Windsor, empezando por la ruptura fratricida entre Guillermo y Harry debido al “Megxit”.

Imagen en ascenso

Muchos recuerdan que hace 25 años, tras los conmovedores funerales por la muerte de lady Diana a los 36 años en un accidente de auto en París, el entonces primer ministro, Tony Blair, debió advertirle a la reina Isabel II -que se mostró fría e indiferente ante el luto popular-, que la supervivencia de la monarquía estaba en peligro. Fue así que, siempre pragmática, la reina luego reaccionó y reconquistó a la plebe.

Encuestas de YouGov indican que el rey Carlos, antes impopular, en estos días de dolor recuperó puntos: el 63% de los encuestados lo respaldó y manifestó que esperan que haga “un buen trabajo”. ¿Pero hasta cuándo durará el apoyo y cómo podrá repercutir en la marca, en The Firm, el acceso al trono de un rey que, al menos en el resto del mundo -aquí hubo autocensura-, se mostró impaciente y fastidiado con pequeñeces como una lapicera que chorreaba?

Carlos III recibe a la primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern
Carlos III recibe a la primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern - Créditos: @Stefan Rousseau

“Los británicos no están dispuestos a renunciar a su ‘Disney’ porque los hace soñar y porque ganan mucho dinero con la monarquía, La Firma”, dijo a LA NACION Kitty Mera, analista política argentina, que vive desde hace 15 años en Londres.

“Disney, una de las empresas más exitosas y emblemáticas de Estados Unidos y del mundo, nos ‘vendió’ desde siempre un mundo de reyes, princesas y príncipes azules. Castillos y vestidos glamorosos. Madrastas malditas, como podría ser Camilla (reina consorte), historias de amor y desamor, intrigas y venganzas. Y son historias que nos fascinaron y siguen fascinando a los niños de todo el mundo. Esta fascinación del mundo Disney sirve para entender lo que generan las reinas y princesas de la vida real. La marca Disney sería similar a la ‘marca’ de la realeza británica”, opinó.

Casada con un inglés que trabaja en marketing, Mera dijo que él le fue explicando cómo funcionaba el tema de la realeza. “A mí al principio me chocaba el tema de la ‘sangre azul’, que haya personas superiores a otras. No lo podía entender. Me parecía anacrónico y absurdo. Pero después de más de 15 años viviendo en este país, es como que me reconcilié con esta institución milenaria”, reconoce, sentada en un café del coqueto barrio de Parsons Green.

Aunque reconoce que estas extraordinarias exequias pueden ser vistas por el mundo como “un gran show”, para ella “el sentimiento de tristeza, respeto, admiración del pueblo británico por esta reina es absolutamente sincero”. “Y Carlos -concluye-, deberá esforzarse para merecer ese mismo sentimiento”.