El depravado y sádico aristócrata al que perdonaban sus crímenes por pertenecer a la nobleza francesa

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Durante gran parte del siglo XVIII Francia vivió una época convulsa, llena de desmanes y desafortunadas acciones llevadas a cabo por parte de algunos de los numerosísimos personajes que pertenecían (directa o indirectamente) a la Casa Real, debido a la gran proliferación de descendientes legítimos e ilegítimos (aunque muchos reconocidos oficialmente) que los borbones franceses fueron engendrando.

Carlos de Borbón-Condé, Conde de Charolais, fue un depravado y sádico aristócrata al que perdonaban sus crímenes por pertenecer a la nobleza francesa (imagen vía Wikimedia commons)
Carlos de Borbón-Condé, Conde de Charolais, fue un depravado y sádico aristócrata al que perdonaban sus crímenes por pertenecer a la nobleza francesa (imagen vía Wikimedia commons)

La corte francesa estaba llena de personajes que utilizaban el apellido Borbón el cual solía ir acompañado de algún título nobiliario que se les había concedido solo por el hecho de ser hijos bastardos de algún príncipe e incluso del propio rey (por ejemplo, Luis XIV ‘el Rey sol’, tuvo una veintena de hijos e hijas y tan solo media docena fue dentro del matrimonio).

Una de esas hijas de este monarca fue Luisa Francisca de Borbón, quien fue concebida con su amante Françoise-Athénaïs de Rochechouart (popularmente conocida como 'Madame de Montespan') y con quien tuvo siete hijos a lo largo de nueve años de relaciones, reconociéndolos a todos como legítimos y dándoles títulos nobiliarios.

Luisa Francisca contrajo matrimonio con otro insigne miembro de otra de las ramas de la Casa de Borbón (Luis III de Borbón-Condé), quien sí era considerado como ‘príncipe de sangre’, teniendo la pareja nueve hijos, entre los que se encontraba Carlos, el futuro Conde de Charolais, nacido en el año 1700 y protagonista del relato de hoy del ‘Cuaderno de Historias’.

Carlos de Borbón-Condé fue uno de aquellos niños malcriados y caprichosos que tanto abundó en la corte francesa. El hecho de estar emparentado con la familia real (por dos ramas diferentes ya que era nieto del rey Luis XIV por vía materna y de 'Le Grand Condé' por parte de padre), lo convirtió en un ser mezquino, arrogante y, sobre todo, libertino.

Recibió los mejores cuidados y estudios, pero desde bien joven mostró su lado más déspota, cruel y sádico, disfrutando al humillar públicamente a todos aquellos que eran de una condición social inferior.

Cocheros de carruajes, mesoneros, chicos de los recados o simples trabajadores eran continuo objetivo de sus burlas, insultos y violencia descontrolada, siendo numerosas las ocasiones en las que se entretenía disparando su arma a un objetivo al azar, con el fin de fanfarronear ante sus amistades de su pericia como tirador. Según algunas crónicas, en una ocasión en la que uno de esos disparos acabó con la vida de una víctima inocente, el Conde de Charolais llamado al orden por el regente Felipe de Orleans, quien lo dejó sin recibir castigo alguno debido a estar emparentado con la nobleza, pero advirtiéndole que si alguien decidía vengar esa muerte también la dejaría sin castigar, con el fin de ser ecuánime con ambos delitos.

Pero quienes más sufrieron su conducta violenta y sádica fueron las mujeres. Carlos de Borbón-Condé era un asiduo a asistir a burdeles o participar en orgias, siendo una de sus diversiones favoritas el maltratar a las muchachas con las que mantenía relaciones sexuales y sintiendo una gran excitación cuando las hacía sangrar.

No todas las mujeres con las que practicaba sus sádicas relaciones sexuales se dedicaban a la prostitución. El Conde de Charolais también saciaba sus perversiones con niñas y muchachas de corta edad, a las que secuestraba y obligaba a participar es sus depravadas orgias, con otros hombres tan degenerados y violentos como él, por lo que muchas fueron las ocasiones en las que las menores sufrían todo tipo de vejaciones, torturas y lesiones.

No consta que este perverso noble francés recibiera ni una sola denuncia ni castigo por sus sádicas conductas sexuales y aunque todo esto era un secreto a voces en la Francia de los años prerrevolucionarios, nadie hizo absolutamente nada para pararle los pies ni denunciarlo públicamente.

El perverso Carlos de Borbón-Condé falleció en 1760 (a los 60 años de edad) sin haber recibido ni un solo castigo por su descontrolada conducta (tan solo la amonestación verbal por parte del regente Felipe de Orleans que ya he comentado unos párrafos más arriba).

Según indican algunos historiadores, es muy posible que alguno de los personajes y situaciones que aparecieron en las primeras obras del Marqués de Sade estuvieran inspiradas en la figura de Carlos de Borbón-Condé, Conde de Charolais, y sus perversiones sexuales, ya que fueron escritos algunas décadas después del fallecimiento de éste, en plena fiebre revolucionaria y en el que escribir sobre los excesos de la aristocracia se puso muy de moda.

Fuente de la imagen: Wikimedia commons

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