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Vinicius y Rodrygo, espoleta y verdugo

Sevilla, 6 may (EFE).- Lo corrió todo Vinicius, dribló, provocó tarjetas, estuvo en todas y, de ellas, en las dos jugadas con las que su compatriota Rodrygo Goes logró los dos goles con los que el Real Madrid ganó su vigésimo título de la Copa del Rey ante Osasuna en el estadio de La Cartuja de Sevilla.

Tardó muy poco el punta de San Gonzalo en presentar su credenciales, apenas dos minutos para decir aquí estoy yo y erigirse en el nombre propio de la primera parte, una auténtica pesadilla para la zaga osasunista desde que se marcó el lujo que sirvió para el primer gol madridista que, parecía iba a ponerle en bandeja su vigésimo título copero y el primero desde el que logró en 2014.

'Vini, Vini, Vini' coreaba el Fondo Norte donde estaba ubicada la afición madridista frente al ánimo que nunca decayó de la osasunista, alimentado además por ocasiones como la del marroquí Adbe sacada sobre la raya por el lateral Carvajal y que anunciaba que los de Joseba Arrasate iban a dar guerra.

Y ya en el descanso, hubo una declaración de principios con el 'Osasuna no se rinde' que, afición y jugadores, se tomaron al pie de la letra y que se tradujo en el gol de Torró en el minuto 57 que iba a darle la vuelta a todos los planteamientos y pronósticos, una espoleta como la salida del ídolo Chimy Ávila.

Pero no había empezado a sudar el argentino cuando el que cogió galones otra vez fue el omnipresente Vinicius y su 'socio' Rodrygo, quien puso sordina a los ímpetus de los de Arrasate pese el 'a por ellos' con el que eran empujados por su afición, inasequible al desaliento pese a las arremetidas de los de Carlo Ancelotti.

Luka Modric recibió el premio de su técnico cuando lo sacó en el minuto 82 recién recuperado de una lesión muscular para recibir, además, el homenaje del madridismo, que ya a esas alturas alternaba el 'Vini, Vini' con el 'Rodry, Rodry' como perfecto socio de su espoleta en la final en la que volvió ser campeón de Copa desde 2014.

La otra cara fue la de la afición osasunista en su segunda decepción copera después de la sufrida en 2005 en el Vicente Calderón ante el Betis, que nunca se rindió y que acalló los olés con los que la afición del Real Madrid terminó un partido con el nombre propio de Vinicius, como espoleta, y Rodrygo, como verdugo.

Carlos del Barco

(c) Agencia EFE