Llegó el momento: ¡vayamos todas y todos a votar!

Felipe De La Mata Pizaña*

EL UNIVERSAL

Hace más de tres décadas existía una gran incertidumbre respecto a si nuestros votos se contaban o no, incluso, si valía la pena participar en las elecciones a elegir a diversas personas candidatas a cargos de elección popular.

Era un México en que la figura más importante y de mayor responsabilidad para la organización y desarrollo de las elecciones federales estaba a cargo del Secretario de Gobernación y que, por ejemplo, la elección presidencial de 1988 es recordada por "la caída del sistema"; sí de ese sistema que difundía los resultados electorales.

Era un país en donde las elecciones eran calificadas por las propias Cámaras integradas por los "presuntos diputados y senadores" que, basados en criterios "políticos" y por mayoría determinaban si las elecciones eran válidas.

Era una época en que las inconformidades de los actores políticos eran atendidas por una dependencia de la propia Secretaría de Gobernación, es decir, no había un Tribunal Electoral como ahora lo conocemos.

En esos años la frase popular "más vale un por si acaso que quién lo hubiera dicho" era un referente válido para aquellas operaciones "secretas" pero que todos conocíamos como el mapachismo, el carrusel, el embarazo de urnas, del ratón loco, el voto tamal, el acarreo, entre otras.

Era la época en que prácticamente un sólo partido político ganaba todas las elecciones.

Ese fue el México de mi niñez en el que, al pasar de los años, vi cómo distintas reformas tanto constitucionales como legales fueron cambiando nuestro sistema político y el espectro electoral para lograr, entre otros aspectos, el respeto, cuidado y protección de los derechos humanos, instaurando para ello a instituciones como el INE o el Tribunal Electoral.

Hoy, para emitir nuestro voto, tenemos una identificación segura, que está acreditada como la principal identificación oficial, es prácticamente la que nos da acceso a los bancos para hacer cualquier tipo de operación o solicitar un crédito, para obtener nuestro pasaporte, para acceder a diversos servicios, etcétera.

Nuestro voto cuenta, es secreto, personal e intransferible. Nuestro voto permite ratificar una opción política o castigarla si no cumplió con sus promesas o nuestras expectativas; nos permite que sea la ciudadanía la que decida el rumbo de nación que queremos para los próximos años.

Hoy, las inconformidades de la ciudadanía y las controversias electorales de los actores políticos son dirimidas de manera institucional por el Tribunal Electoral que garantiza los derechos político-electorales de la ciudadanía e imparte justicia conforme a Derecho; sus sentencias así lo evidencian.

Por ello, invito a toda la ciudadanía a votar este domingo. Es nuestro momento, es nuestra oportunidad de expresar nuestra convicción democrática. Votando fortalecemos a nuestra nación, legitimamos el sistema que, si bien perfectible, nos garantiza que la renovación del poder público se dé como resultado de nuestro voto.

Votar nos permite hacer patria, es reconocer a todas y todos aquellos mexicanos que dieron incluso hasta su vida por lo que hoy tenemos; que sus luchas se reflejen en nuestra participación; que sus esfuerzos se materialicen en nuestra decisión libre de votar según nuestras convicciones.

En particular, invito a los jóvenes a que asistan a votar, ustedes son el futuro de esta gran nación, son la esperanza de que tendremos un mejor desarrollo y rumbo, su participación es importante, México los necesita.

Llegó el momento: ¡vayamos todas y todos a votar!

*Magistrado Electoral del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF)